Los científicos fueron noticia ayer en todo el mundo. Por un experimento que pretende recrear el estallido inicial que dio origen al Universo (o algo parecido). Y en alguna emisora de radio se hablaba, ya sin los miedos de La Guerra de los Mundos de Orson Wells, de que el mundo podría acabarse a las 9:30 de la mañana. Y la gente llamaba, sin terrores absurdos, para decir lo que se le ocurriría hacer antes de la apertura de un supuesto agujero negro. O lo que haría si quedara solo en el planeta, como en la película Soy Leyenda, de Will Smith.

Me gusta decirlo con frecuencia. Pero sin exageraciones. No se trata de ir por ahí regalando mentiras. Si te quiero, pues ¡Te quiero! Si te aprecio, pues ¡Te aprecio! Si te tengo cariño, pues ¡Te tengo cariño! Y si te amo, no dudo en gritarlo: ¡Te amo! Por eso, no tendré que hacer cola ante una cabina telefónica, ni mataré por un móvil o celular si hay una catástrofe y la muerte acecha nuestro huerto. Ya lo habré demostrado (y no solamente con palabras).
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