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martes, 1 de diciembre de 2020

A propósito de Covid y VIH

ABRALAZO, de Samuel Abedola Akinfenwa Onwusa.
Cartel ganador del XIV certamen En el Sida pintamos todos.
 

Se me ocurre una pregunta, a raíz del revuelo con las vacunas contra el Covid 19, pandemia que nos ha tenido anormalizados durante todo lo que llevamos del 2020 (¡y lo que nos queda!). Si en menos de 11 meses  han resultado positivos los resultados para una vacuna contra este virus, ¿por qué en más de 40 años no ha habido quién desarrolle una vacuna (real, no un tratamiento) contra el VIH? 

¿No interesa? ¿Hay intereses en contra? ¿Demasiados celos entre los científicos? ¿Este virus no afecta la economía como lo hace el Covid19 y por eso no corre prisa? Como se detectó primero en el colectivo homosexual, ¿hay razones ideológicas absurdas y arcaicas? ¿Todavía pesa el tabú del sexo?

Ahí lo dejo. 


viernes, 20 de marzo de 2020

Recordando otros virus...

Resultado de imagen de lazo vih

Hace casi 20 años recibí de la propia boca de un amigo la noticia de su diagnóstico positivo para el virus del VIH. Eran tiempos de miedos, de desinformación, de escasas medidas para controlarlo; se decía que para el 2000 en cada familia habría una persona conviviendo con el VIH/Sida. Acompañamos a muchos en su diagnóstico, aprendimos del virus, de la enfermedad y de la pandemia, aprendimos a ser "positivos por la vida". Y aunque a algunos los despedimos en su viaje a la eternidad, otros muchos siguen aquí, vivos, amando, riendo, llorando, sintiendo, estudiando, luchando como los mejores guerreros.

Ese amigo con el que lloré hace 20 años, sigue tan bello, vital y fuerte como cuando lo conocí. Y en estos tiempos de otra pandemia, causada por el democrático Covid 19, que no distingue a políticos, artistas, famosillos, youtubers e influencers, predicadores, color de piel, origen u oficio, le vino a la mente escribir sobre lo que vivió en aquellos tiempos estigmatizadores: 

"¡Me da una nostalgia! La humanidad entera viviendo el pánico que sentíamos nosotros con el sida, esa sentencia moral y de muerte con estigma de "maricón". Muchos no están para contar la historia de ver morir a un amigo o a un familiar desprovisto de defensas. Algunos sentimos correr el terror viral en angustias noctámbulas, de sudor frío y dolor en los huesos; todo era un motivo para verte en camino a la muerte, sentías una tristeza que no se describe, sentías pavor de tocar o ser tocado, temías la mirada inquisitiva de algún dueño de la moral, aún entre los mismos estigmatizados. 

Cada día morías un poco. Se derrumbaron sueños, temías cada paso transcurrido. Muchas lágrimas en la almohada, muchos silencios guardaban la tormenta del dolor. De a poco retornaba el amor de los tuyos, el encuentro amoroso con muchos médicos y personal de apoyo. La sentencia no estaba dada completa: aparecieron los primeros remedios que te corrían como veneno en la sangre y, luego, la depresión más profunda, con náuseas, mareos, olvidos y ganas de mejor dejarte morir. Esa parecía la esperanza y ella se tornaba más amenazante que el mismo virus. Entonces desistir era también un derecho negado, ante lo que otros acusaban un suicidio.  

Entretanto,  algo de esperanza debatía sin defensas:  algún sueño terco apareció, resurgía un brotecito de deseo, algún amor sin flechazo apareció, un perdón se atravesó en el camino, reconciliando un tanto.  Ya la medicina era más vital y lo que auguraba milagroso brotó en la vida:  aún tengo angustias y vivir no hizo que se ahuyentaran temores, decepciones, sueños, incomprensiones; han caído mis ídolos, mis temores están, pero han retornado las defensas, con ello la palabra, la escucha y otros que amo me han permitido vivir -sin negar la posibilidad latente de morir vital-. 

Te quiero y deseo mucha vida para ti que eres importante para mi. Te escribo de manera personal, no es un poema, no es un decálogo y no es mi epitafio..."

jueves, 27 de marzo de 2014

Fallo negativo



Un número. Anonimato para una prueba de sangre. Ese número, como una lotería, que puede resultar positivo o negativo. Te puede confirmar una sospecha, una duda, una esperanza o una certeza. 

Mañana de marzo. Voluntarios en una céntrica plaza, informando, invitando a hacerse la prueba del VIH ahí mismo, rápidamente, con un solo pinchazo en un dedo y respuesta en 15 minutos. Mayores. Padres con su bebé en el cochecito. Mujeres. Hombres. Curiosos. Coleccionistas de condones y merchandising. Y decididos a comprobar su estado de salud. 

Una encuesta. Firmar una autorización y a la camioneta a hacerse la prueba. Jóvenes voluntarios del área de la salud y de ONG´s decididos a seguir en la lucha contra la pandemia heredada del siglo XX, a hacer consciente a la gente de a pie de que el VIH y el Sida no han desaparecido, de que aumenta la incidencia entre la población que anda por los 20-30 años, de que la Seguridad Social debe comprometerse más en la prevención.

Vuelta a la calle. El pin del lazo rojo en la solapa (símbolo de apoyo a la prevención y a las personas seropositivas). Un número y un fallo negativo. Como un regalo. Para ser positivo por la vida.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Día Mundial del Sida

Este viernes 29 se adelantaron en Zaragoza a la conmemoración o celebración del Día Mundial del Sida. En un principio de noche fría, propia de esta época del año, algunos pocos -muy pocos, lástima-, se juntaron para demostrar que no es sólo el recordatorio de una enfermedad crónica, sino también la opción de ver la vida con ojos nuevos. En la Plaza España había sonrisas, caras alegres, músicos y danzantes. Y también gente comprometida, gente que exige al Estado que no se minen sus derechos en materia de salud pública y universal (en tiempos de recortes y de abandono de obligaciones).

Y este lazo rojo lo llevé en mi cazadora, por ellos, por las mujeres que azotadas por el cierzo invernal, regalaban una sonrisa y aceptaban cualquier céntimo para su ONG; por los jóvenes que tocaban música clásica para los viandantes despreocupados; por los que posan y por los comprometidos; por los que llevan en silencio su diagnóstico; por los tamborileros y su energía; por los grupos de apoyo; por los amigos que estaban y por los que no pudieron estar... Y por ese magnífico abrazo colectivo que llenó de la noche de calor humano y de fe en muchos hombres y mujeres que saben dar(se).




Información de interés sobre la pandemia en la actualidad,  aquí.