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lunes, 29 de septiembre de 2025

¿25 años no son nada?

Hace 25 años... el emigrante...un par de maletas llenas y el corazón lleno y acompañado. Muchas ilusiones por un nuevo país, un nuevo horizonte, quizás no se veía muy complicado porque había caras conocidas, mismo idioma, costumbres diferentes, pero no todo sale como se desea, pero de todo se aprende.

Años 2000. Buscar trabajo o aceptar lo que van ofreciendo para coger el ritmo. Ensobrar volantes publicitarios (Amena, tu libertad) por un pago (que no salario) ínfimo, sin contrato, sin prestaciones, sin seguridad social. Recoger basuras en un hospital pionero en prevención de epidemias (sin las debidas medidas de protección). Fregar platos en un centro público de la tercera edad (sin contrato, sin prestaciones, sin seguridad social (más de lo mismo). Y sin embargo, con ilusión, con alegría en la cara y en el corazón, bien acompañado.

La hospitalidad pasó a ser una invitación sutil a abandonar la casa. -Buenas tardes, llamaba a preguntar por el apartamento que alquila. -¿Usted de qué color es? Pero siempre alguien más te recibe, temporalmente eso sí.  Y otra vez a mudar las maletas en el metro a compartir vivienda, a sentirse esta vez como arrinconado, y otra vez invitado a irse. Porque sí, porque el también extranjero titular del alquiler no pagaba. Menos mal estaba muy bien acompañado, con alguien vital, tenaz, trabajador y lleno de buenas energías. Menos mal siempre hay alguna voz que te invita a cambiar de ciudad, de panorama. Una ciudad que en menos de una semana te permite tener una vivienda en alquiler y un puesto de trabajo (este sí con contrato, con  prestaciones, con seguridad social).

Viene la temporada de la hostelería, trabajando más horas que un reloj, la clientela para la que no tienes nombre y basta llamarte con un fastidioso psst y también la gente amable, que saluda y se despide y que agradece el servicio. Los jefes que dicen pagar las horas extras a lo que les da la gana, el jefe que no paga la nómina durante cuatro meses, el compañero que descarga su trabajo en el nuevo, el encargado que se satisface poniéndote a fregar casi de rodillas la barra del bar. 

Aparece el "empresario" que ofrece un trabajo en tu profesión. Una supuesta agencia de publicidad que resultó ser un engaño para él mismo y para los empleados que se encontraron un día la puerta cerrada y la empresa clausurada. Otro zasca más.

Y años y años de trabajo en locutorios. Estos más legales, cumplidos con la norma. Atender  gente de muchos países africanos y americanos. Aprender costumbres, conocer caracteres, acercarse a otras realidades, penas y sacrificios, que, comparados con los propios, son mucho más graves y dolorosos. Recibir la sonrisa agradecida de quien se consoló con una sola frase, la satisfacción de saber que alguien prefiere que lo atienda uno y no otro compañero. 

Y aprender de los maestros negativos (del que desprecia, del xenófobo, del homófobo) ¡a no ser como ellos! 

Y los duelos, qué decir de las pérdidas humanas. La ruptura con el compañero de viaje y asumir la depresión. Apartar su presencia, pero no su memoria positiva y llorarlo, una vez más cuando me informaron de su fallecimiento en esta misma ciudad. El corazón roto por la abuela/mamá grande que no volví a ver. Despedirse por última vez de la la madre por teléfono. Perder familia y ganar familia...

En el corazón, el amor, no ha estado ausente. Eso ha merecido todo. Hay compañeros de viajes cortos y largos. El primero, el co-emigrante, un apoyo incondicional, una alegría constante... falló, como fallamos todos. Dolió, como nunca nadie me ha dolido, pero me hizo inmensamente feliz mientras duró su compañía. Y con eso me quedo. Hubo otros compañeros, que cambiamos la relación  y adquirieron otra sensibilidad (fallé, como fallamos todos) y se convirtió en amistad luego de cicatrizar los errores. Hubo intentos, pruebas, ensayo y error, amores desequilibrados en la balanza, preocupaciones y angustias, cierres indeseados y finales fatales que siguen doliendo. Y hay amores imprevistos, inesperados, que llegan despacio, como de puntillas, sin asustar y se quedan y permanecen y respetan y acompañan en total tranquilidad. 

¡25 años no son nada! En un cuarto de siglo y en la vida entera se ama, se cree, se espera y se aprende. A disfrutar las primaveras reventando las flores de los almendros, los veranos de calurosos días largos, los otoños rojizos, marrones, los inviernos silenciosos, fríos y sosegados. A disfrutar los viajes, las carreteras, los trenes, los paisajes. A sentirse honrado y orgulloso de recibir nueva nacionalidad y de homologar el título profesional  A conocer gente buena y generosa. A reencontrarse con amigos que estaban guardados en otro cuarto de siglo anterior. A saber que todo nos hace sentir vivos, los bueno y que parecía malo que nos ha pasado. A reiterarnos que aquel vuelo, tomado hoy hace 25 años, valió la pena la dicha.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Acercando orillas: De emigrantes y de Arcángeles


San Miguel Arcángel: 


Líbranos de aquellos
que vagan por la tierra
buscando la ruina
de nuestras almas.


(Oración medieval)
Santoral del día 29 de septiembre: Arcángeles Miguel (el defensor y protector), Gabriel (el anunciador) y Rafael (el acompañante). La tradición católica habla de ángeles y arcángeles (sí, parece que en el cielo también hay categorías y estratos), como unos seres mediadores entre la Divinidad y la Humanidad. Mensajeros y protectores de los mortales. Y muchas veces decimos que hay personas que son como ángeles, porque se aparecen de repente en nuestro camino, y nos libran de peligros, nos acompañan en el camino y nos anuncian buenas nuevas.

Tal día como hoy, hace exactamente 16 años, aterricé en Madrid-Barajas, desde la puta mierda la otra orilla del Atlántico, cargado de ilusiones, sueños, propósitos y metas. Mucho ha llovido desde entonces y mucho se me ha mojado el rostro y el alma. Muchas cargas se quedaron por el camino y distintos rumbos ha tomado el camino. Y siempre, siempre, he tenido al lado a esos ángeles de carne y hueso que con sus palabras, con su aliento, con su crítica, con su cariño, me han ayudado a sortear tantos precipicios y han compartido tantas alegrías. 

A veces hay que creer en las coincidencias, o en el karma, o en el destino. Uno emigra un día, aparentemente como otro cualquiera, porque había cupo en un avión o porque era viernes, y resulta que ese viaje no es como uno quiere, sino como debía ser. Y coincide con seres vivos y reales, con nombre de Arcángel y ojos azules; y también con un angelito de ojos verdes; con Amigos, humanos, simplemente humanos, leales, generosos; con angustias, tropiezos, desfallecimientos... que esos mismos humanos/divinos se encargan de ayudar a desaparecer e indicarte el camino. 

Y por eso no me arrepiento de haber emigrado, porque estoy seguro de que era (y es) el camino de mi aprendizaje vital, al menos hasta ahora. Porque había que acercar esas dos orillas para conocerlos, para sentir, amar y aprender. Y porque sé que a ambos lados del océano y arriba en la esfera celestial, cuento con los suficientes seres alados y humanos para andar seguro por el mundo.

miércoles, 15 de junio de 2016

¿De dónde eres?

¿Te atreverías a preguntarte quién eres en realidad, 
de qué raza, 
de qué país?


Un mundo abierto comienza por una mente abierta. 

Un vídeo de momondo.es

domingo, 24 de mayo de 2015

Si vas a Calatayud...




"Si vas a Calatayud 
pregunta por la Dolores, 
que es una chica muy guapa
y amiga de hacer favores".



La de "la Dolores", la que ostenta el título de «muy noble, leal, siempre augusta y fidelísima ciudad de Calatayud», la de los balcones inclinados, la del casco antiguo con más de diez siglos de historia, que se cae a pedazos, la descendiente de celtíberos,  romanos y árabes, la de los cinco castillos, la de colegiatas, iglesias, santuarios y abadías... la de las puertas cerradas, la de las restauraciones inacabadas, la que su urbanismo moderno da la espalda a su historia...




 



Si vas a Calatayud, pregunta quién le hará el favor de ocuparse de ella.






domingo, 29 de agosto de 2010

Esculturas Pudorosas

Decía la pintora y crítica de arte Libe de Zulategui en su cátedra de Apreciación Artística, que cada uno puede tener su propio museo personal. Aquellas obras que no podemos comprar ni tener en casa para nuestro disfrute personal, las tenemos en nuestra mente, son las que siempre queremos ver personalmente en Florencia, Roma, París, Madrid, Bogotá, New York...

Mi escultura favorita es el David (de Miguel Ángel), que aún no he visto personalmente. La siguen el Hermafrodita (Museo del Prado), Antínoo (conozco varias versiones del joven amante de Adriano, el emperador romano), La Pietá, el Moisés... En pintura, me encantan las obras de Magrite, Picaso, Botero, Luis Caballero, Goya... Ninguna las puedo tener conmigo, pero muchas las he disfrutado en los museos o en las calles de grandes ciudades. A veces, aun pudiendo fotografiarlas, prefiero dejarlas sólo en mis retinas y mi memoria. Otras veces me encuentro otras no muy famosas, pero que están allí, por las calles, plazas y puentes, "esperando la poca limosna de mirarlas".

Y como decía mi profe Libe, envidia me producen los bebés de aquellas ciudades que desde sus cochecitos van mirando gárgolas, columnas y esculturas cuando sus padres y abuelos los sacan a pasear. Y una inmensa alegría me da sentirme con ojos de niño cuando tengo la oportunidad de encontrarme sorprendido con estas esculturas pudorosas de la Ciudad Eterna.

domingo, 15 de agosto de 2010

El turista

Los turistas somos una especie bastante particular. Vamos por las ciudades nuevas (me refiero a las que son nuevas para nuestros ojos), las caminamos de arriba a abajo, fotografiamos todo lo que se nos atraviesa (muévase o no), ataviados con la gorra, las gafas de sol, la "monísima" sombrillita japonesa (por sólo un euro), un plano de la ciudad, el libro de traducción fácil del idioma local, mochila y una o varias cámaras. Nos dejamos sorprender por muchos detalles: una planta, un gato, una escultura, una fachada, unas ruinas milenarias. Caemos exhaustos en las aceras y parques. Nos fotografiamos unos a otros...

Los sentimientos que nos producen las ciudades que visitamos por primera vez pueden ser encontrados. Hay quienes solo dicen que vieron muchas piedras, esculturas y cosas viejas. Otros nos emocionamos, imbuidos por las presencias de antiguos dioses y esclavos; nos dejamos poseer por historias de amor y de guerra, con visiones panorámicas desde las alturas. Soñamos gracias a la memoria atávica. Somos otros. Para luego volver a nuestro mundo habitual (no sé si el real), a repasar de vez en cuando las imágenes de aquellos viajes.


sábado, 14 de agosto de 2010

Amor en Roma

No en vano con las letras de Roma se escribe Amor. Basta pasear por sus calles para verlo. La pareja de turistas que se besan frente a la Fontana de Trevi en lugar (o antes, o después) de lanzar las monedas para volver a la capital de Italia. O los novios-amantes-esposos mayores nativos de allí, que se sientan al atardecer a contarse sus cuitas. Y los grafitis que "cometen" poemas, que gritan "te adoro" o exigen besos hasta en los contenedores de basura.



Roma: ¡me enamoré de ti! Existes para enamorarse y para Amar.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Roma, Ciudad Eterna

Roma, la de los puentes,la de las fontanas,
la de iglesias, catedrales y capillas,
la de las cúpulas prodigiosas, la de esculturas pudorosas,
la de los gatos, la grafitera,
la de bodas llamativas,
la de hordas de turistas exhaustos,
la de columnas sobre cielos inmensamente azules,
la de fuentes de agua fresca,
la de castillos, palacios y palacetes,
la de jardines colgantes,
la de vírgenes en las fachadas, la Vaticana,
Roma, Ciudad Eterna.

Roma, la ciudad donde se quiere volver.

Una ciudad para perderse.