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miércoles, 29 de julio de 2026

Compañías invisibles

Hoy amaneció lloviendo. La casa todavía estaba envuelta en ese silencio suave, que sólo conocen las mañanas de lluvia. La cafetera comenzó a cantar en la cocina. Las plantas del jardín brillaban cubiertas de pequeñas gotas como si alguien hubiera pasado la noche colgándoles diminutos espejos.

Y yo, con la taza tibia entre las manos, sentí que estaba entrando en uno de esos días que no tienen prisa por llegar a ninguna parte…

Fue entonces cuando aparecieron. No los vi. Pero allí estaban. Los reconocí por la forma en que el alma se acomoda cuando ciertas compañías llegan.

García Márquez se sentó junto a las bugambilias y convirtió la niebla de la mañana, en algo parecido a un hechizo. Benedetti caminó despacio por la cocina, dejando palabras sencillas sobre la mesa, como quien deja pan recién horneado. Cortázar abrió una ventana invisible y permitió que entraran todos los mundos posibles. Y Sabines… Sabines se quedó observando la lluvia. Sin decir nada. Porque hay silencios que también escriben poesía.

Más tarde llegaron los pintores. Monet se entretuvo contemplando el jardín mojado. Parecía feliz viendo cómo la luz cambiaba de color sobre los pétalos empapados. Van Gogh se robó un pedazo de cielo gris y lo llenó de movimiento. Hasta las nubes parecían respirar. Frida apareció entre las macetas. Firme. Hermosa. Indomable. Como esas flores que siguen creciendo, aunque el viento intente doblarlas.

Y mientras el día avanzaba, la música comenzó a recorrer los pasillos. Serrat acomodó recuerdos sobre las repisas. Silvio llenó los rincones de preguntas. Y Sabina… Sabina convirtió la lluvia en una vieja historia, que daba gusto escuchar otra vez.

Entonces comprendí algo, que tal vez la riqueza de una vida no se mide por lo que poseemos. Tal vez se mide por todas las bellezas que hemos permitido entrar. Los libros que nos cambiaron. Las canciones que nos rescataron. Los cuadros que nos enseñaron a mirar. Las palabras que llegaron justo cuando más las necesitábamos. Porque después de tantos años, todos ellos viven aquí. En mis gestos. En mi forma de contemplar una flor. En la manera en que observo el cielo. En la costumbre de emocionarme todavía, cuando la lluvia toca las ventanas.

Y mientras terminaba mi café, entendí que nunca he estado solo. Llevo una pequeña biblioteca en el alma. Un museo entero en la memoria. Y una colección de canciones, haciendo guardia junto al corazón.

¡Qué maravilla, llegar a cierta edad y descubrir que la vida, además de años, también nos regala compañías invisibles! Esa que aparece en las mañanas lluviosas, se sienta a nuestro lado, y nos recuerda, sin decir una sola palabra, todo lo hermoso que hemos vivido…


Milka Magtorre

jueves, 21 de julio de 2022

La cura para los gays


Yo sí creo en la cura de las personas gais.

¿Sabes cuándo esa cura ocurre?

Cuando el padre pide que el hijo le dé un beso a su novio para sacarles una foto.

Cuando el nieto le pregunta a la abuela: “¿Que harías si trajese a mi novio a tu casa?”. Y ella responde: “Café”.

O cuando alguien pregunta: “¿Qué piensas de que un hombre se casa con otro hombre o si una mujer se casa con otra mujer?”. Y le responden: “Que va a estar buena la pachanga”.

La cura ocurrirá por completo cuando la culpa inculcada desaparezca y el amor incondicional sea infinito.

Cuando el Ser prevalezca sobre la sexualidad. Cuando la felicidad sea alcanzada sin miedo. Cuando sea posible ser feliz sin pensar en el pecado. Cuando prevalezca la tolerancia.

La cura vendrá cuando el peso de las críticas pueda ser finalmente retirado, cuando se acabe el sentimiento de ser un extraño en tu familia y en la sociedad, cuando todos amemos a todos y a todo por igual sin importar lo que son o prefieren ser, cuando no temas por ser asesinado por alguien que no entiende que tú también puedes ser libre, cuando el mundo aplique el sentido real de la palabra Respeto.

De esa cura es de la que necesitamos todos.

Porque cuando aceptamos que el otro sea… simplemente sea, y lo dejamos ser de la manera que quiere ser, es el momento en el que el mundo se vuelve más fácil y más amoroso.