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miércoles, 4 de agosto de 2021

Del Instagram de Alejandra Azcárate

 


La religión es para todos aquellos que no quieren ir al infierno (…) pero la espiritualidad es para quienes ya hemos estado allí.

*** *** *** 

En la vida uno se muere muchas veces, pero lo entierran sólo una.

Alejandra Azcárate,
Esta soy yo.
@laazcarateoficial

jueves, 5 de septiembre de 2019

Amar la inutilidad



La utilidad es una cosa muy agotadora; ser útil para alguien es algo muy agotador (...) pero yo creo que la utilidad es un territorio muy peligroso, porque muchas veces, creemos que le gustamos a los demás, pero no es así, el otro está interesado en aquello que uno hace por él.

Es por eso que la vejez es ese tiempo en que pasa la utilidad y sólo queda su significado como persona, creo que es el momento en que purificamos, el momento en que tendremos la oportunidad de saber quién nos ama de verdad; porque sólo nos ama, sólo se va quedar hasta el final, aquel que después de nuestra utilidad, descubrió nuestro significado.

Por eso yo siempre rezo a Dios, siempre hago la oración de poder envejecer al lado de las personas que me amen, aquellas personas que me puedan proporcionar la tranquilidad de ser inútil, pero al mismo tiempo sin perder mi valor.

Cuando viva aquella fase de la vida:  "Coloca al padre Fábio en el sol, quita al padre Fábio del sol", entonces ahí yo pido a Dios siempre la gracia de tener a alguien que me coloque al sol, pero sobretodo de que haya alguien que venga a quitarme después. Alguien que sepa acoger mi inutilidad, alguien que me mire así, que pueda saber que yo ya no sirvo para mucha cosa, mas que continuo teniendo mi valor.

Porque la vida es así, … si quieres saber si el otro te ama de verdad, es sólo identificar si él sería capaz de tolerar tu inutilidad.

¿Quieres saber si amas a alguien? Pregúntate a ti mismo: ¿Quién en esta vida pueda ya volverse inútil, sin que sientas ganas de tirarlo a la basura?

Es así que nosotros descubrimos el significado del Amor, sólo el Amor nos da condiciones de cuidar del otro hasta el final. Por eso yo digo, feliz aquel que tiene, al final de la vida,  la gracia de ser mirado a los ojos y escuchar una voz que le diga: Usted no sirve para nada, pero yo no sé vivir sin usted.

Padre Fábio de Melo


(Nació en Formiga, Minas Gerais (Brasil), en 1971. Es sacerdote, escritor, profesor universitario y presentador, además evangeliza por medio de la música. Desde 2008,  ha vendido más de dos millones de CD y quinientos mil libros).

lunes, 28 de enero de 2019

Muérete de Amor

Un texto de la escritora amateur argentina Maru Leone,  que invita a vivir la vida y a ser felices, se hace viral en internet  por expresar, de una manera cercana y efectiva, la necesidad de disfrutar de cada instante.. «Rodéate de amigos, escucha, no tengas vergüenzas... muérete de amor», aconseja.


Antes de decir que no, piensa que algún día te vas a morir. Sí, te vas a morir.

Métete al mar, despéinate... que la sal te endurezca el pelo y la piel, que te despinte. Métete de día, de noche... que una ola gigante te lleve a pasear y la arena se te meta en los calzones. Que el "topless" sea por la fuerza del agua, menos sexy y más divertido. Cágate mucho de risa, entiérrate en la arena, haz un castillito... sí, estás peludo, pero las ganas de hacer un castillito no se van jamás.

Tírate en paracaídas que tienes más probabilidades de morirte entrando el auto a la cochera de tu casa, cruzando la avenida apurado para ir a trabajar, o de un ataque al corazón post- estrés, post- chatarra, post- depresión. Acuéstate con tu perro y llénate la ropa de pelos, escucha su corazón... ese sí que late por vos.

Júntate con tus amigos aunque no tengas un puto peso. Siempre hay un paquete de arroz por ahí, o unas criollitas. Júntate con ellos y méate de risa y si los ves con el celular, tíraselo por la cabeza. Putéalos, que están ahí con vos... el resto puede esperar. Coman el asado, vayan a la montaña, pónganse en bolas en el medio de la calle. Sólo para reír. La amistad sana y no hay antidepresivo que le toque los talones.

Viaja. Ahorra y viaja. Quizás cuando termines de pagar la ropa que te estás comprando ya la hayas dejado de usar. Quizás cuando termines de pagarte tu casa se haya llevado la deuda... toda tu energía. Quizás cuando termines de pagarte el auto te hayas acostumbrado a caminar. Quizás cuando termines de pagar el microondas te des cuenta de que no hay nada como calentar en el horno. El somier extra súper archi blah blah "King" puede esperar, mejor una garrafita para la montaña. Escúchame pendejo, viaja.

Viaja, viaja para enriquecer el alma. Conoce gente, culturas, idiomas. Viaja para ver y escuchar que el amor en todos lados tiene la misma lengua. Viaja, tírate al pasto. Vacía cuarenta y cinco termos de "meta mate y charla" y que te quede la lengua verde de chupar la bombilla mientras guardas las fotos de ese paisaje en tu cabeza. Y si no hay plata, ándate igual. Ándate abajo de una planta. Tres frazadas, fideos blancos y nada más.

Escucha, escucha a tus viejos. Pregúntales todo lo que no sabes, todo lo que pasó. Cuántas veces amaron y cuántas perdieron un amor. Pregúntales que querían ser de grandes cuando eran chicos. Pregúntales porqué carajos no lo hacen si están vivos. Habla, habla con ellos que te escuchan hasta en silencio. Diles que los quieres y métete el orgullo post-moderno liberal de "todo me chupa un huevo" en el culo. Porque ellos también se van a morir. Abrázalos como si fuera la última vez... que ni las velas de cumpleaños, ni las estrellas fugaces, ni las vaquitas de San Antonio tienen el poder de conceder la inmortalidad.

Dilo todo. Dilo, escríbelo, transmite. Sácate la vergüenza de las venas. Dile que la quieres, dile que lo amas. Métele un beso para que no se olvide más. Dile que te duermes y te levantas pensándolo/a. Dile, dile todo lo que se te cruce por la cabeza. Sé asquerosamente romántico/a. Empáchate. Deja de hacerte el/la duro que todos bien sabemos lo que siente el otro. Así que... dilo. ¿Qué puedes perder? Dile lo que te gusta, lo que te enloquece, lo que te excita.

Deja de sobarle la espalda a la tristeza y abrázala, abrázala fuerte y que se vaya un tiempo para volver fresquita como una lechuga y así... la vuelves a abrazar.

Antes de tener hijos... sé un niño, sé un niño todo el tiempo que más puedas. Duerme, sal, ríete, come chocolates y gomitas y ríete. Fulmina tu juventud... antes de envejecer. Y cuando te pongas viejo, cuéntale a la generación entrante... qué significa cada una de tus arrugas. No les dejes tu cuerpo gris, déjales tus ganas de vivir. Dale viejo, déjalos que jueguen a la pelota en la siesta ¿Te acordás cuando jugabas a la pelota en la siesta? Dale, no llames a la policía. Cómprate un paquete de  globos y cuando te toquen el timbre mójalos también. Dale viejo, ¿viejo? ¡Las pelotas! Sí, viejas las pelotas pero sangre en el pecho. No fue hace tanto viejo, acuérdate y ríete con ellos... antes de decir que no.

miércoles, 16 de enero de 2019

Una tarea: ¡Volver a mirarnos!



Todos hemos sido víctimas de miradas que lastiman, y también protagonistas de otras que acarician. ¿Somos realmente conscientes de cómo miramos? ​En un mundo en el que la vida gira alrededor de mirar y ser mirado, la tecnología parece ser una barrera que nos desconecta. ¿Cuántas veces al día miras a alguien a los ojos, y cuántas veces miras a una pantalla?​ Las pantallas hackean ​la posibilidad​ ​del ​encuentro con el otro​.​ Liliana González nos invita a descubrir el poder de nuestras miradas​ para volver a encontrarnos​. Liliana es profesora y licenciada en Psicopedagogía. Su especialidad es la clínica de niños y adolescentes y la orientación familiar. Además, tiene 30 años de docencia en el nivel superior formando psicopedagogos y educadores especiales.


Hace 13 años sostiene una columna sobre educación en el noticiero del mediodía de Canal 8 de Córdoba (Argentina), y desde septiembre de 2017 se transformó en columnista educativa en el noticiero de Telefe (Buenos Aires). Sus columnas en medios de comunicación y sus libros son seguidos por miles de padres y educadores que buscan respuestas a cómo vincularnos con las nuevas generaciones.

lunes, 15 de octubre de 2018

El móvil de Hansel y Gretel

Sirve para pedir la comida, comprar la ropa o conseguir un rato de (¿mal?) sexo. El mundo moderno no sabe vivir sin el móvil, suena en el cine o en misa. No lo apartamos de la cara ni cuando estamos en el concierto ¡en vivo! del cantante favorito. Nos ha convertido en "héroes perezosos", como dice Casciari, que no nos preocupamos de la conquista, de la seducción, porque hay cientos de aplicaciones del mercado de la carne que a golpe de clic enseñan genitales más que rostros y nunca personalidades porque para eso no hay photoshop (ni traductores). 



Ya no hay ligues de parque, miradas interminables en el metro, encuentros de biblioteca, salidas a la playa, ni coincidencias en el gimnasio. No importa si cantas bien, si lees mucho, si eres buen deportista. Tu personalidad no importa, porque es mejor la inmediatez; si no cumples sus escasos requisitos (como el rol en la cama o el tamaño de algún trozo del cuerpo), se pasa a otro perfil (este no, este no, este tal vez, este sí)  y "ciao que no te vi". 

Ahora es anticuado pensar en qué te vas a poner, porque ya no hay que salir. Como todo es a la carta y a domicilio, basta el clic. Para qué leer un periódico, ni qué decir un libro entero, o enterarse de lo que pasa en el mundo, si para intercambiar fluidos corporales eso no es necesario. En el universo de los zombies de las pantallas de doble cámara no hay más comunicación que los mensajes de texto, sin romance, sin aventura, sin misterio, sin esfuerzo. 


¿Qué tal acercarte y hablarle a quien te guste, rozarle la mano, mirarle a los ojos, invitarle a un café o a una copa... a ver qué pasa?. Dejar algo para la sorpresa. Como cuando se flirteaba con personas. Sí, entonces también se ligaba, también había sexo exprés, pero no se preguntaban tus medidas sino una buena charla iniciada con "¿estudias o trabajas?".

(Gracias Javee, por Lo Imprescindible, por inspirar este post)