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lunes, 1 de mayo de 2023

¿Me estoy volviendo viejo?

-Te estás volviendo viejo -me dijeron-, has dejado de ser tú, te estás volviendo amargado y solitario.

-No, respondí; no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo sabio.

He dejado de ser lo que a otros agrada para convertirme en lo que a mí me agrada ser, he dejado de buscar la aceptación de los demás para aceptarme a mí mismo, he dejado tras de mí los espejos mentirosos que engañan sin piedad.

No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo asertivo, selectivo de lugares, personas, costumbres e ideologías.

He dejado ir apegos, dolores innecesarios, personas, almas, y corazones, no es por amargura es simplemente por salud.

Dejé las noches de fiesta por insomnios de aprendizaje, dejé de vivir historias y comencé a escribirlas, hice a un lado los estereotipos impuestos, dejé de usar maquillaje para ocultar mis heridas, ahora llevo un libro que embellece mi mente.

Cambié las copas de vino por tazas de café, me olvidé de idealizar la vida y comencé a vivirla.

No, no me estoy poniendo viejo.

Llevo en el alma lozanía y en el corazón la inocencia de quien a diario se descubre.

Llevo en las manos la ternura de un capullo que al abrirse expandirá sus alas a otros sitios inalcanzables para aquellos que sólo buscan la frivolidad de lo material.

Llevo en mi rostro la sonrisa que se escapa traviesa al observar la simplicidad de la naturaleza, llevo en mis oídos el trinar de las aves alegrando mi andar.

No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo selectivo, apostando mi tiempo a lo intangible, reescribiendo el cuento que alguna vez me contaron, redescubriendo mundos, rescatando aquellos viejos libros que a medias páginas había olvidado.

Me estoy volviendo más prudente, he dejado los arrebatos que nada enseñan, estoy aprendiendo a hablar de cosas trascendentes, estoy aprendiendo a cultivar conocimientos, estoy sembrando ideales y forjando mi destino.

No, no es que me esté volviendo viejo por dormir temprano los sábados, es que también los domingos hay que despertar temprano, disfrutar el café sin prisa y leer con calma un poemario.

No es por vejez por lo que se camina lento, es para observar la torpeza de los que a prisa andan y tropiezan con el descontento.

No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.

No, no me estoy poniendo viejo, estoy comenzando a vivir lo que realmente me interesa.

martes, 31 de agosto de 2021

Sobran libros de autoayuda y faltan huevos (o cojones).

Artículo de Carlos Ortiz Sinchidrian.


En diciembre de 2013 detectaron leucemia a mi madre y después de 4 meses de lucha día a día, con una sonrisa y sentido común aplastante como siempre había tenido, y de la mano de un sacerdote santo, una infección le ganó la batalla y se fue al cielo el 11 de marzo de 2014. Después de ese día -viviendo el duelo que lógicamente tuve que pasar- me di cuenta de que realmente estamos de paso. No me había pasado con otras personas, amigos o familia que se habían ido ya. Sin embargo, con la muerte de mi madre, asumí que hemos de querer con pasión a las personas que Dios nos va poniendo en nuestro camino y aprovechar al máximo el tiempo que tenemos con ellos. Que la alegría es una virtud que se logra mirando al cielo y sabiéndose pequeñito en manos de alguien muy grande que nos quiere al cabo de un “tiempo de paseo” por la tierra, mirando a los ojos a las personas que queremos.

Cisco García:
Tenista. Abogado. Rider. Viajero. Conferenciante.
(Ni minusválido, ni limitado físico).


Hace no mucho, me encontré virtualmente con Cisco García (@ciscogarve); un tenista cordobés que acabó en silla de ruedas tras una caída haciendo snowboard. Desde hace poco más de dos meses, le sigo en su cuenta de Instagram y día a día hace que vea la vida de otra manera, que valore cada paso que doy adelante, y también, cada paso que doy hacia atrás; pues de cada error que cometo aprendo y saco algo positivo. Creo que no he visto ninguna de sus insta-histories o fotos en las que no salga con una sonrisa de oreja a oreja. Y una de ellas…me ha hecho pensar mucho.

Cuenta en una de las historias de Instagram, que por la calle le regalaron un libro de motivación. Se subió al coche con su mujer y delante de la cámara de su móvil dijo una frase que, a pesar de que quizá no es para escribir aquí, me ha hecho pensar “…faltan huevos y sobran libros de motivación”. ¡OLÉ! 

¿Cuántas veces hemos oído los términos motivación intrínseca y extrínseca? Y los que nos dedicamos a la educación, mi hijo no está motivado por culpa de… Y así, un largo etcétera que cada vez se va metiendo más y más en las cabezas de los niños, adolescentes, padres, madres, profesores.

Echad la vista atrás, y mirad cómo han sacado adelante a nuestra familia nuestros padres, abuelos y bisabuelos. ¿Motivados? No sé.

Ahora bien, lo que sí tenían es coraje y fuerza para día a día sacar fuerzas de flaquezas, y seguir adelante. A pesar de no estar del todo a gusto en su puesto de trabajo, o de haber discutido con su cónyuge, o de tener mil y una cosas en la cabeza, seguían adelante. 

El Real Madrid campeón de Europa por decimotercera vez; y lo celebré y lo sigo celebrando. Pero ¿y estos grandes deportistas discretos y alegres? ¿De verdad necesitan libros de autoayuda o de motivación? Permitidme que diga que no. Ellos sacan la alegría y las fuerzas de valorar la vida como viene y con más alegría si cabe que muchos que no han tenido ninguna "desgracia" en su historia. De darse cuenta de que es cuestión de echarle hu****, y no de creerse mejor o peor que nadie.

Los que nos dedicamos a la educación, observamos día a día como nuestros alumnos vienen desde los 6 años, “dopados al colegio”, habiendo visitado muchos gabinetes psicológicos, psiquiátricos y de muchos tipos mas. Cientos de pastillas, ansiolíticos, píldoras manipuladoras de los neurotransmisores, circulan por su sangre y van como zombies por la vida escolar…

Fortaleza, así se llama la virtud/competencia/habilidad o como queramos llamarlo que hay que formar desde muy pequeños. Negarse a uno mismo no es masoquismo, es garantía de éxito en el camino de la vida. Recomiendo vivamente la lectura de un libro de Antonio Fuentes Mendiola que leí hace muchos años y vuelvo a leer de vez en cuanto, La fortaleza de los débiles. Ejemplifica su exposición entre los primeros cristianos; el Espíritu transformó sus flaquezas en fortalezas. ¿No es esta, también, la misión de la educación?

No está motivado, tiene estrés, baja tolerancia a la frustración, y un sin fin de apodos que vamos poniendo a una enfermedad muy de moda que si se llamase por su nombre, otro gallo cantaría: “faltan huevos y sobran libros de motivación”.