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jueves, 4 de diciembre de 2025

La columna de David Uclés antes de su intervención de corazón: ‘Entiérrenme en una cuneta’

Publico este artículo (El País, 26 de noviembre de 2025) a las puertas del quirófano y, aunque no espero morirme, aprovecho la tensión para elaborar unos últimos deseos




Ahora mismo me están rajando el corazón. He publicado este artículo hace un par de minutos, a las puertas del quirófano. Después de varios años despertándome de madrugada con el corazón fibrilando, mis cardiólogos decidieron por mí y me están quemando las venas pulmonares. Al parecer, en tres horas me habrán dejado el corazón bien niquelado, humeante y firme. ¡Qué cosas!

Aprovecharé ese estadio entre la vida y la muerte para reunirme con algunos de los personajes literarios que maté inmisericordiosamente: Emilio, Octubre, Odisto… Y abrazaré el aire buscando a Martina mientras el narrador nos pone de fondo Iris, de Wim Mertens. No tendré tiempo de ver a nadie más, salvo a alguno de mis abuelos y a Saramago. Le comunicaré que quiero ir a Lisboa a tatuarme su perfil en el costado derecho, y que espero que Pilar me acompañe y me dé la mano, pues no me gustan mucho las agujas —y eso que ahora mismo, según intuyo, una muy larga está atravesándome el septo: la pared central y poética del corazón—.

A decir verdad, no tengo previsto morirme, y es casi imposible que esto suceda hoy. Soy muy dramático. Pero como espero no tener que verme en otro quirófano a corto plazo, tengo que aprovechar esta tensión y elaborar unos últimos deseos, no vaya a ser que, de tanto horadarme las paredes del corazón, los alambres me liberen la vida. Os desgajo el testamento:

  • Deseo que envuelvan mi ataúd con la bandera de España que Sonia Monroy utilizó de vestido para ir a la gala de los Oscar hace 10 años.  
  • Deseo que Juan Cruz escriba mi obituario. Me cae demasiado bien.
  • Deseo que mis libros sean distribuidos en pueblos de la España vaciada. Mis camisas, que se las den a Jordi Évole. Y el espejo que uso para quitarme el entrecejo, que lo envuelvan en un paño de terciopelo y se lo entreguen a Santiago Abascal; a ver si, con suerte, logra verse en el reflejo y reconoce, de forma nítida y contundente, como siempre señala Ian Gibson, que sus rasgos son árabes.
  • Deseo que el funeral se celebre en la catedral de la Almudena y que acudan más invitados que a la boda de la hija de Aznar. Pero que no venga la hija de Aznar. Ni Aznar, porfi.
  • Deseo que con mis ahorros construyan una maqueta de la ciudad de Madrid con fruta y se la entreguen a Ayuso veinte días después, cuando la putrefacción sea tal que no quede ni una sola pieza habitable por ningún insecto. Deduzco cuál será la solución de la presidenta: contratará unos buitres hambrientos, sin fondo, para que la devoren.
  • Deseo que le entreguéis mi acordeón a Silvia Abril.
  • Por último, la única voluntad firme y seria de todas: si muero, no quiero que me entierren en un cementerio. Quiero que lo hagan en cualquier cuneta del país, y a medianoche, para que nadie sepa en cuál “descanso”.

Ya que, como pueblo, no hemos conseguido que los cuerpos de nuestros familiares acaben con dignidad en un cementerio, lo mismo es más fácil sacralizar todas las cunetas del país. Despojarlas de deshonra y vergüenza. Y llenarlas de flores, tal como hace la propia tierra desde el siglo pasado. ¿Acaso nunca os preguntasteis por qué nacen jaramagos y retamas en el cemento duro e inorgánico de los bordes de las carreteras? La propia naturaleza hace el trabajo que nosotros no queremos hacer. Y honra, y se muestra así más humana que nosotros.

Que conste en acta.

¡Ah! Y no hace falta que recéis por mí. Ya lo hace Rosalía por todos.

Os quiero.

D.


David U

martes, 31 de agosto de 2021

Sobran libros de autoayuda y faltan huevos (o cojones).

Artículo de Carlos Ortiz Sinchidrian.


En diciembre de 2013 detectaron leucemia a mi madre y después de 4 meses de lucha día a día, con una sonrisa y sentido común aplastante como siempre había tenido, y de la mano de un sacerdote santo, una infección le ganó la batalla y se fue al cielo el 11 de marzo de 2014. Después de ese día -viviendo el duelo que lógicamente tuve que pasar- me di cuenta de que realmente estamos de paso. No me había pasado con otras personas, amigos o familia que se habían ido ya. Sin embargo, con la muerte de mi madre, asumí que hemos de querer con pasión a las personas que Dios nos va poniendo en nuestro camino y aprovechar al máximo el tiempo que tenemos con ellos. Que la alegría es una virtud que se logra mirando al cielo y sabiéndose pequeñito en manos de alguien muy grande que nos quiere al cabo de un “tiempo de paseo” por la tierra, mirando a los ojos a las personas que queremos.

Cisco García:
Tenista. Abogado. Rider. Viajero. Conferenciante.
(Ni minusválido, ni limitado físico).


Hace no mucho, me encontré virtualmente con Cisco García (@ciscogarve); un tenista cordobés que acabó en silla de ruedas tras una caída haciendo snowboard. Desde hace poco más de dos meses, le sigo en su cuenta de Instagram y día a día hace que vea la vida de otra manera, que valore cada paso que doy adelante, y también, cada paso que doy hacia atrás; pues de cada error que cometo aprendo y saco algo positivo. Creo que no he visto ninguna de sus insta-histories o fotos en las que no salga con una sonrisa de oreja a oreja. Y una de ellas…me ha hecho pensar mucho.

Cuenta en una de las historias de Instagram, que por la calle le regalaron un libro de motivación. Se subió al coche con su mujer y delante de la cámara de su móvil dijo una frase que, a pesar de que quizá no es para escribir aquí, me ha hecho pensar “…faltan huevos y sobran libros de motivación”. ¡OLÉ! 

¿Cuántas veces hemos oído los términos motivación intrínseca y extrínseca? Y los que nos dedicamos a la educación, mi hijo no está motivado por culpa de… Y así, un largo etcétera que cada vez se va metiendo más y más en las cabezas de los niños, adolescentes, padres, madres, profesores.

Echad la vista atrás, y mirad cómo han sacado adelante a nuestra familia nuestros padres, abuelos y bisabuelos. ¿Motivados? No sé.

Ahora bien, lo que sí tenían es coraje y fuerza para día a día sacar fuerzas de flaquezas, y seguir adelante. A pesar de no estar del todo a gusto en su puesto de trabajo, o de haber discutido con su cónyuge, o de tener mil y una cosas en la cabeza, seguían adelante. 

El Real Madrid campeón de Europa por decimotercera vez; y lo celebré y lo sigo celebrando. Pero ¿y estos grandes deportistas discretos y alegres? ¿De verdad necesitan libros de autoayuda o de motivación? Permitidme que diga que no. Ellos sacan la alegría y las fuerzas de valorar la vida como viene y con más alegría si cabe que muchos que no han tenido ninguna "desgracia" en su historia. De darse cuenta de que es cuestión de echarle hu****, y no de creerse mejor o peor que nadie.

Los que nos dedicamos a la educación, observamos día a día como nuestros alumnos vienen desde los 6 años, “dopados al colegio”, habiendo visitado muchos gabinetes psicológicos, psiquiátricos y de muchos tipos mas. Cientos de pastillas, ansiolíticos, píldoras manipuladoras de los neurotransmisores, circulan por su sangre y van como zombies por la vida escolar…

Fortaleza, así se llama la virtud/competencia/habilidad o como queramos llamarlo que hay que formar desde muy pequeños. Negarse a uno mismo no es masoquismo, es garantía de éxito en el camino de la vida. Recomiendo vivamente la lectura de un libro de Antonio Fuentes Mendiola que leí hace muchos años y vuelvo a leer de vez en cuanto, La fortaleza de los débiles. Ejemplifica su exposición entre los primeros cristianos; el Espíritu transformó sus flaquezas en fortalezas. ¿No es esta, también, la misión de la educación?

No está motivado, tiene estrés, baja tolerancia a la frustración, y un sin fin de apodos que vamos poniendo a una enfermedad muy de moda que si se llamase por su nombre, otro gallo cantaría: “faltan huevos y sobran libros de motivación”. 


viernes, 23 de abril de 2021

Discurso sobre lectura y literatura.

Discurso sobre la lectura y la literatura del Ministro de Finanzas francés Bruno Le Marie dirigido a los estudiantes


Leed. No os imagináis el placer que vais a sentir.

Lo digo con mucha convicción porque tengo hijos, uno de ellos va al instituto, y lo de la lectura se ha convertido en un combate. Y este combate lo llevamos a cabo [los padres] con todos los periodistas que están presentes aquí y escriben [literatura].

No es para molestaros, no es para daros lecciones de moral, no es para obligaros a hacer actividades duras.

La lectura es un placer inmenso que va a desarrollar vuestra imaginación, que os va a permitir abriros a mundos radicalmente nuevos en los que no habríais entrado si no fuera por las palabras, que os va a permitir entender quienes sois, que va a poner palabras a aquello que sentís y que ni siquiera sabéis sobre vosotros. Y que una persona totalmente desconocida a la cual nunca habéis visto y a la que probablemente nunca veáis os susurrará al oído, en el silencio de la lectura, cosas que nunca habríais comprendido sobre vosotros si no las hubierais leído.

Aprendemos más sobre el deseo de aventura leyendo Robinson Crusoe que yéndonos de viaje. Aprendemos más sobre el deseo y los celos, a veces en la base del deseo, leyendo Albertine desaparecida o La prisionera que por la experiencia propia.

Y cuando uno mismo tenga celos porque quiere a alguien que no le quiere a él, basta con leer a Proust para entender ese sentimiento, para ponerle palabras.

Y esas palabras os van a calmar porque os harán comprender que formáis parte de una comunidad que siente las mismas cosas, no estáis solos. Esa es la singularidad de la lectura: es una actividad solitaria que os abre al resto del mundo.

Estáis solos, pero nunca estáis tan cerca de los demás como cuando leéis un libro.

A todos los jóvenes que nos escuchan: leed.

Apartaos de las pantallas. Salid de las pantallas. Las pantallas os devoran, la lectura os alimenta. Esa es la diferencia.

Está claro que es un combate. Porque las pantallas son lo fácil, captan tu atención, te atrapan, y además están muy bien organizadas. Saben daros, como a las ratas [de laboratorio], pequeños estímulos nerviosos cada cinco segundos, cada diez segundos, que os obligan a seguir pegados a la pantalla. Pero, por desgracia, eso no os permitirá desarrollar vuestra libertad.

La literatura es un arma de libertad.

Y las pantallas… no todas, aquí no hablo de las pantallas de cine, hablo de las pantallas de los gigantes digitales, pueden convertirse muchas veces en instrumentos de sometimiento. Las pantallas os pueden someter en vuestro consumo, en vuestro comportamiento, en vuestras prácticas o en vuestros gestos para orientar vuestros pensamientos.

La literatura os da libertad. Las palabras os dan libertad para construiros y ser quienes sois.

Se lo digo a todos los estudiantes que nos escuchan: cada uno de vosotros es único.

La literatura y los libros os permitirán descubrir hasta qué punto sois únicos.

Cada persona es única, y es la literatura la que nos lo enseña.