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lunes, 25 de julio de 2022

Educación elitista


Por Víctor M. Juan Borroy

Director Museo Pedagógico de Aragón




A los niños mimados por la fortuna sus padres los despiertan con besos o les susurran canciones al oído hasta que abren los ojos para inaugurar cada mañana el mundo. Luego, desayunan con tiempo suficiente para cogerle el aire al día, sin que haya ninguna pantalla encendida; conversan con sus padres de las aventuras que les deparará la jornada; recuerdan cuentos, adivinanzas o trabalenguas y casi siempre ríen por las cosquillas que las palabras les hacen en el alma. 

Esos niños afortunados escuchan varias veces al día "creo en ti, te estaré esperando, ya verás como lo haces muy bien…". Esta educación elitista incluye varios ‘te quiero’ que se les administran preferentemente al despedirlos en la puerta de la escuela, al recogerlos a la salida y antes de que cierren los ojos al acostarse. Ese último ‘te quiero’ es imprescindible porque los protege del miedo que a veces acecha en la oscuridad, escondido debajo de la cama o dentro del armario. 

La educación elitista que reciben algunos niños va acompañada de paseos con sus abuelos que son los encargados de proteger sus sueños, envolviéndolos en un papel burbuja fabricado con ternura y con palabras que nunca se lleva el viento. Los niños privilegiados saben que los adultos que los rodean valoran cada uno de sus pequeños logros. Además, reciben una esmerada educación en valores. Sus padres les trasmiten la pasión por equipos humildes porque se aprende más en la derrota o cuando se presentan las dificultades, que ganando todo el rato. 

martes, 31 de agosto de 2021

Sobran libros de autoayuda y faltan huevos (o cojones).

Artículo de Carlos Ortiz Sinchidrian.


En diciembre de 2013 detectaron leucemia a mi madre y después de 4 meses de lucha día a día, con una sonrisa y sentido común aplastante como siempre había tenido, y de la mano de un sacerdote santo, una infección le ganó la batalla y se fue al cielo el 11 de marzo de 2014. Después de ese día -viviendo el duelo que lógicamente tuve que pasar- me di cuenta de que realmente estamos de paso. No me había pasado con otras personas, amigos o familia que se habían ido ya. Sin embargo, con la muerte de mi madre, asumí que hemos de querer con pasión a las personas que Dios nos va poniendo en nuestro camino y aprovechar al máximo el tiempo que tenemos con ellos. Que la alegría es una virtud que se logra mirando al cielo y sabiéndose pequeñito en manos de alguien muy grande que nos quiere al cabo de un “tiempo de paseo” por la tierra, mirando a los ojos a las personas que queremos.

Cisco García:
Tenista. Abogado. Rider. Viajero. Conferenciante.
(Ni minusválido, ni limitado físico).


Hace no mucho, me encontré virtualmente con Cisco García (@ciscogarve); un tenista cordobés que acabó en silla de ruedas tras una caída haciendo snowboard. Desde hace poco más de dos meses, le sigo en su cuenta de Instagram y día a día hace que vea la vida de otra manera, que valore cada paso que doy adelante, y también, cada paso que doy hacia atrás; pues de cada error que cometo aprendo y saco algo positivo. Creo que no he visto ninguna de sus insta-histories o fotos en las que no salga con una sonrisa de oreja a oreja. Y una de ellas…me ha hecho pensar mucho.

Cuenta en una de las historias de Instagram, que por la calle le regalaron un libro de motivación. Se subió al coche con su mujer y delante de la cámara de su móvil dijo una frase que, a pesar de que quizá no es para escribir aquí, me ha hecho pensar “…faltan huevos y sobran libros de motivación”. ¡OLÉ! 

¿Cuántas veces hemos oído los términos motivación intrínseca y extrínseca? Y los que nos dedicamos a la educación, mi hijo no está motivado por culpa de… Y así, un largo etcétera que cada vez se va metiendo más y más en las cabezas de los niños, adolescentes, padres, madres, profesores.

Echad la vista atrás, y mirad cómo han sacado adelante a nuestra familia nuestros padres, abuelos y bisabuelos. ¿Motivados? No sé.

Ahora bien, lo que sí tenían es coraje y fuerza para día a día sacar fuerzas de flaquezas, y seguir adelante. A pesar de no estar del todo a gusto en su puesto de trabajo, o de haber discutido con su cónyuge, o de tener mil y una cosas en la cabeza, seguían adelante. 

El Real Madrid campeón de Europa por decimotercera vez; y lo celebré y lo sigo celebrando. Pero ¿y estos grandes deportistas discretos y alegres? ¿De verdad necesitan libros de autoayuda o de motivación? Permitidme que diga que no. Ellos sacan la alegría y las fuerzas de valorar la vida como viene y con más alegría si cabe que muchos que no han tenido ninguna "desgracia" en su historia. De darse cuenta de que es cuestión de echarle hu****, y no de creerse mejor o peor que nadie.

Los que nos dedicamos a la educación, observamos día a día como nuestros alumnos vienen desde los 6 años, “dopados al colegio”, habiendo visitado muchos gabinetes psicológicos, psiquiátricos y de muchos tipos mas. Cientos de pastillas, ansiolíticos, píldoras manipuladoras de los neurotransmisores, circulan por su sangre y van como zombies por la vida escolar…

Fortaleza, así se llama la virtud/competencia/habilidad o como queramos llamarlo que hay que formar desde muy pequeños. Negarse a uno mismo no es masoquismo, es garantía de éxito en el camino de la vida. Recomiendo vivamente la lectura de un libro de Antonio Fuentes Mendiola que leí hace muchos años y vuelvo a leer de vez en cuanto, La fortaleza de los débiles. Ejemplifica su exposición entre los primeros cristianos; el Espíritu transformó sus flaquezas en fortalezas. ¿No es esta, también, la misión de la educación?

No está motivado, tiene estrés, baja tolerancia a la frustración, y un sin fin de apodos que vamos poniendo a una enfermedad muy de moda que si se llamase por su nombre, otro gallo cantaría: “faltan huevos y sobran libros de motivación”. 


domingo, 5 de julio de 2020

¡No me gusta...!




No me gusta esta pandemia, llena de miedos, de ansiedad, de desinformación, de fakes, de falsos profetas de las soluciones y de los oscuros augurios. 

No me gustan los impasibles olvidadizos, que creen que "eso es para los demás, a mi no me va a pasar".  

No me gustan los políticos que sólo quieren mantener sus sueldos, sus dietas, sus privilegios; aquellos para los que el sentido de servicio a su país es letra muerta.

No me gustan las faltas de educación. No me gusta usted que no contesta cuando se le dan los buenos días. No me gusta que no ceda el asiento a una persona que lo necesita más que usted. 

No me gustan los que siguen creyendo que deben estar de primeros en todas las filas, en ser atendidos, en subirse al bus...

No me gustan sus pies sobre el asiento.

No me gustan sus basuras en el suelo (llámese mascarilla, cáscara, servilleta, colilla o popó de su perro). No me gustan los que creen que su falta de solidaridad y de civismo se cubre pagando una multa. 

No me gusta el inspector de tranvía que va señalando a quien lleva mal puesta la mascarilla pero él va a cara descubierta. No me gusta el aviso de obligatoriedad de su uso en el autobús, pero el conductor no lleva. 

No me gustan las farolas y las marquesinas llenas de anuncios de compradores de casas (que no tienen para pagar anuncios en condiciones pero sí para explotar a quienes empapelan la ciudad con cuartillas amarillas y cinta de carrocero).

No me gustan los racistas, los LGTBImófobos, pero tampoco los heterófobos ni feminófobos. Ni mucho menos los que se creen de mejor raza (cuando son el maravilloso producto de las mezclas de múltiples culturas y procedencias).

No me gusta la falta de empatía, de generosidad. 

No me gustan los egoístas. 

A veces, no me gustan ciertos humanos.

¡A veces no me gusto ni yo!

miércoles, 16 de enero de 2019

Una tarea: ¡Volver a mirarnos!



Todos hemos sido víctimas de miradas que lastiman, y también protagonistas de otras que acarician. ¿Somos realmente conscientes de cómo miramos? ​En un mundo en el que la vida gira alrededor de mirar y ser mirado, la tecnología parece ser una barrera que nos desconecta. ¿Cuántas veces al día miras a alguien a los ojos, y cuántas veces miras a una pantalla?​ Las pantallas hackean ​la posibilidad​ ​del ​encuentro con el otro​.​ Liliana González nos invita a descubrir el poder de nuestras miradas​ para volver a encontrarnos​. Liliana es profesora y licenciada en Psicopedagogía. Su especialidad es la clínica de niños y adolescentes y la orientación familiar. Además, tiene 30 años de docencia en el nivel superior formando psicopedagogos y educadores especiales.


Hace 13 años sostiene una columna sobre educación en el noticiero del mediodía de Canal 8 de Córdoba (Argentina), y desde septiembre de 2017 se transformó en columnista educativa en el noticiero de Telefe (Buenos Aires). Sus columnas en medios de comunicación y sus libros son seguidos por miles de padres y educadores que buscan respuestas a cómo vincularnos con las nuevas generaciones.