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miércoles, 29 de julio de 2026

Compañías invisibles

Hoy amaneció lloviendo. La casa todavía estaba envuelta en ese silencio suave, que sólo conocen las mañanas de lluvia. La cafetera comenzó a cantar en la cocina. Las plantas del jardín brillaban cubiertas de pequeñas gotas como si alguien hubiera pasado la noche colgándoles diminutos espejos.

Y yo, con la taza tibia entre las manos, sentí que estaba entrando en uno de esos días que no tienen prisa por llegar a ninguna parte…

Fue entonces cuando aparecieron. No los vi. Pero allí estaban. Los reconocí por la forma en que el alma se acomoda cuando ciertas compañías llegan.

García Márquez se sentó junto a las bugambilias y convirtió la niebla de la mañana, en algo parecido a un hechizo. Benedetti caminó despacio por la cocina, dejando palabras sencillas sobre la mesa, como quien deja pan recién horneado. Cortázar abrió una ventana invisible y permitió que entraran todos los mundos posibles. Y Sabines… Sabines se quedó observando la lluvia. Sin decir nada. Porque hay silencios que también escriben poesía.

Más tarde llegaron los pintores. Monet se entretuvo contemplando el jardín mojado. Parecía feliz viendo cómo la luz cambiaba de color sobre los pétalos empapados. Van Gogh se robó un pedazo de cielo gris y lo llenó de movimiento. Hasta las nubes parecían respirar. Frida apareció entre las macetas. Firme. Hermosa. Indomable. Como esas flores que siguen creciendo, aunque el viento intente doblarlas.

Y mientras el día avanzaba, la música comenzó a recorrer los pasillos. Serrat acomodó recuerdos sobre las repisas. Silvio llenó los rincones de preguntas. Y Sabina… Sabina convirtió la lluvia en una vieja historia, que daba gusto escuchar otra vez.

Entonces comprendí algo, que tal vez la riqueza de una vida no se mide por lo que poseemos. Tal vez se mide por todas las bellezas que hemos permitido entrar. Los libros que nos cambiaron. Las canciones que nos rescataron. Los cuadros que nos enseñaron a mirar. Las palabras que llegaron justo cuando más las necesitábamos. Porque después de tantos años, todos ellos viven aquí. En mis gestos. En mi forma de contemplar una flor. En la manera en que observo el cielo. En la costumbre de emocionarme todavía, cuando la lluvia toca las ventanas.

Y mientras terminaba mi café, entendí que nunca he estado solo. Llevo una pequeña biblioteca en el alma. Un museo entero en la memoria. Y una colección de canciones, haciendo guardia junto al corazón.

¡Qué maravilla, llegar a cierta edad y descubrir que la vida, además de años, también nos regala compañías invisibles! Esa que aparece en las mañanas lluviosas, se sienta a nuestro lado, y nos recuerda, sin decir una sola palabra, todo lo hermoso que hemos vivido…


Milka Magtorre

lunes, 27 de julio de 2026

Los caminos del tiempo

Por: José Luis Ricchetti. Escritor brasileño. 


Hay un silencio que llega con los años, y no es sólo la ausencia de ruido, sino la suave transición entre lo que éramos y lo que nos hemos convertido. A los 65 años, empiezas a sentir la sutileza del desapego. La sala que alguna vez palpitó con tus ideas ahora parece llena de voces que ya no piden tu opinión. No es un rechazo, es el ritmo de vida. Es entonces cuando aprendemos que nuestra contribución no está en el presente inmediato, sino en las huellas que dejamos en los corazones y las mentes a lo largo del camino, te das cuenta de que el mundo empresarial, que alguna vez fue tan vital, está en constante cambio. Él te sigue, indiferente a lo que hiciste o no hiciste. No es una derrota, es una liberación. Este es el momento de mirarte a ti mismo, despojarte de tu ego y revestirte de serenidad. Ya no se trata de demostrar, sino de enseñar, compartir, vivir. El verdadero logro no es lo que presumes, sino lo que inspiras.

A los 70 la sociedad parece olvidarte, pero lo que ocurre es que llegaste a otro estado del ser. Quizás sea sólo una invitación a reevaluar lo que realmente importa. Los jóvenes no te reconocerán por lo que eras, y eso es una bendición disfrazada: ahora puedes ser quien eres. Sin máscaras, sin títulos, sólo la esencia. Los viejos amigos, aquellos que no preguntan “quién eras” sino “cómo estás”, se convierten en joyas preciosas, diamantes que brillan en el ocaso de la vida.

Y luego, a los 80 ó 90 años, es la familia la que, en las prisas, se aleja un poco más. Pero ahí es donde la sabiduría nos abraza con fuerza. Entendemos que el amor no es posesión: es libertad. Tus hijos, tus nietos, siguen sus vidas, como tú seguiste la tuya. La distancia física no disminuye el afecto, pero enseña que el verdadero amor es generoso, no exigente.

Cuando la Tierra finalmente nos llame, no hay motivo para temer. Es el último baile de un ciclo natural, el cierre de un capítulo escrito con sudor, lágrimas, risas y recuerdos. Pero lo que queda, lo que nunca será realmente eliminado, son las marcas que dejamos en las almas que tocamos.

Por eso, mientras haya aliento, energía, mientras el corazón lata constantemente, vivamos intensamente. Abraza los encuentros, ríe a carcajadas, disfruta de los placeres simples y complejos de la vida; simplemente, ama. Cultiva tus amistades como quien cuida un jardín. Porque, al final, lo que queda no son los logros, ni los títulos, ni los aplausos. Lo que queda son los vínculos, los momentos compartidos, la luz que difundimos.

Sé luz, sé presencia y tendrás eternidad.

lunes, 18 de mayo de 2026

¿Cremación o entierro?

El Confidencial, 14 de mayo, 2026


El debate entre inhumación y cremación en España está más dividido que nunca. Según la Asociación Nacional de Servicios Funerarios (Panasef), el 2024 fue el primer año en el que las cremaciones superaron a los entierros, con un 50,11% del total. Una tendencia que también se manifiesta en Estados Unidos y que ha llevado a Neil deGrasse Tyson a dar su opinión y su preferencia personal. Como siempre, desde un punto de vista científico, curioso y divulgativo. El astrofísico estadounidense, conocido por su capacidad para convertir conceptos complejos en ideas accesibles, abordó esta cuestión en su programa StarTalk. Su planteamiento no parte de una creencia espiritual, sino de una lectura física del cuerpo humano tras la muerte y del destino de la energía contenida en sus moléculas.

Neil deGrasse Tyson explicó que, una vez fallecida una persona, la sociedad moderna suele ofrecer dos opciones principales: ser enterrado o ser incinerado. A partir de ahí, defendió su preferencia personal por la inhumación, al considerar que permite devolver al entorno parte de lo que el cuerpo acumuló durante la vida.

La energía del cuerpo

“Al morir tienes básicamente dos opciones en la sociedad moderna”, señaló Neil deGrasse Tyson. “Puedes ser enterrado. Esa es mi elección para que el contenido energético de mi cuerpo, es decir, las moléculas que se construyeron durante toda mi vida comiendo, haciendo ejercicio y formando órganos, músculos y otros tejidos, vuelva a la Tierra.
Al morir, esas moléculas todavía contienen energía”.

Desde esa perspectiva, el entierro no se presenta solo como un rito funerario, sino como un proceso biológico. "Si me entierran y me descompongo, toda esa energía es absorbida por microbios. Por la flora y la fauna que se alimentan de mi cuerpo, igual que yo me he alimentado de flora y fauna durante toda mi vida. De esa manera, devuelvo algo a la Tierra", añadió.

La idea conecta con una visión muy material de la muerte: el organismo deja de funcionar, pero sus componentes no desaparecen. La descomposición permite que bacterias, hongos y otros seres vivos intervengan en la transformación del cuerpo, aunque el ritmo puede variar mucho si antes se han aplicado técnicas funerarias como el embalsamamiento.

Viajar a Alfa Centauri

La cremación, en cambio, ofrece para deGrasse Tyson una imagen cósmica. "Si te incineran, el contenido energético de esas moléculas no desaparece, sino que se transfiere al calor", afirmó. Esa energía, explicó, se emite después como radiación infrarroja y avanza por el espacio a la velocidad de la luz.

De ahí surge su reflexión más llamativa: “Después de que alguien haya sido incinerado, es posible hacer una cronología. ¿Hasta dónde ha llegado ya su energía radiante? Si fue incinerado hace cuatro años, habría llegado al sistema estelar más cercano, Alfa Centauri. Así que, de alguna manera, sigues formando parte del universo, solo que de otra forma”.

martes, 21 de abril de 2026

La cultura del odio

Este texto del colombiano Mario Mendoza es todo un señalamiento a nuestra sociedad actual. Cabría decir: "El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra".  Merece tomarse un respiro para escuchar este post y reflexionar... ¡Y actuar!

lunes, 30 de marzo de 2026

El Gran Dictador en 2026

El discurso pronunciado por Charlie Chaplin en la película «El Gran Dictador» es uno de los discursos más emblemáticos de la historia del cine. A través de sus palabras, que bien podrían aplicarse en este 2026, Chaplin transmitió un mensaje de esperanza, amor y solidaridad en un momento de gran conflicto y división en el mundo.

La película fue estrenada en 1940, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando Adolf Hitler y el régimen nazi estaban en su máximo apogeo. Chaplin, a través de su personaje en la película, el barbero judío, logró transmitir un mensaje de resistencia y lucha contra la opresión y el odio y aboga por la unidad y la humanidad, rechazando el odio y la codicia que dividen a las personas. Llama a los soldados a no rendirse ante los dictadores y a luchar por la libertad y la democracia, recordando que el poder reside en el pueblo. Chaplin enfatiza la necesidad de bondad y hermandad para construir un mundo mejor y más justo para todos.



"Lo siento.  Pero... yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.  

Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.  

Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.  Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.  

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oírme, les digo: no desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.  

El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.  

Soldados:  

No os entreguéis a ésos que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.  Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo los que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos.  

Soldados: 

No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: "El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres..." Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravillosa aventura.  

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.  

Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.  

Soldados: 

En nombre de la democracia, debemos unirnos todos."

miércoles, 25 de marzo de 2026

Refugio Antiaéreo


Manuel Vicent. 

El País, 22 de marzo, 20026


El primer recuerdo que guardo de mi llegada a este mundo es el del sonido denso y profundo de un bombardeo, unido al de una plegaria que salía de la oscuridad de aquel refugio antiaéreo implorando piedad al Dios de los Ejércitos. Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, líbranos, Señor, de todo mal, rezaba una voz dolorida de mujer. Era hacia el final de la Guerra Civil. Tenía yo poco más de dos años e imagino que en algún bulbo del cerebro esos sonidos de las bombas y las plegarias quedaron para siempre unidos con el rumor del oleaje del mar y del sol radiante de una incipiente primavera, sensaciones que llevo siempre aparejadas. Puede que este hecho haya dañado mi subconsciente, de forma que ahora cuando contemplo las imágenes de tanta crueldad y miseria en los telediarios me parece todo tan natural como inexorable. 

Desde entonces pienso que van siempre unidos la muerte y la vida, el bien y el mal, la naturaleza y la historia, el heroísmo y la villanía, los hombres matándose y los pájaros cantando, los niños muriendo y las flores perfumando el aire, las ratas felices saliendo de las alcantarillas a tomar el sol entre los escombros y la brisa moviendo los álamos, el mundo a punto de partirse en cuatro pedazos y los amantes besándose, la gente llenando los bares y los profetas son saber nada del mañana. 

Pero en medio de tanta confusión nadie ha podido impedir que llegara la primavera a este hemisferio donde un ser diabólico de orejas puntiagudas ha enamorado al errático amo del imperio que se divierte soltando hierros por todas partes. Se equivoca quien piense que hasta aquí nunca llegarán los misiles; de hecho, aunque caigan muy lejos, los misiles estallan en el cerebro de cada ciudadano con esa carga de odio y miedo que destruye los pilares en que se sustentaban los viejos ideales y certezas, de modo que si alguien quiere estar a salvo deberá buscarse su propio refugio antiaéreo. Por mi parte me voy a refugiar bajo la primavera recién llegada. 

martes, 24 de marzo de 2026

No se te rompió el WhatsApp

Descubrí a este filósofo-poeta por casualidad. Y es para no parar de ver sus cortas reflexiones sobre la vida, pero lo mejor es verlas racionadas, para meditar, pensar y actuar. Para la muestra este excelente comentario sobre el moderno y esclavizante WhatsApp. Puedes encontrarlo en Instagram (no tengo) y en Youtube. ¡Recomendado!

martes, 17 de marzo de 2026

Cartas sobre la vida

 

"La vida, con el paso de los años, te enseña qué es realmente importante: tenerte a ti mismo y rodearte de personas que te quieran, te valoren y te respeten. Porque de nada sirve la riqueza si no tienes con quién compartirla. Tenerse a uno mismo significa mantener los pies sobre la tierra; estar orgulloso de tus logros, ya sean grandes o pequeños; no compararte con nadie y sentir satisfacción cada vez que te miras al espejo. Significa ser dueño de tus propias decisiones y no dejar espacio a influencias que te alejen de quien realmente eres. En cuanto a las personas, lo verdaderamente valioso es tener cerca a quienes se alegran de tus logros; a quienes son felices al ver tu felicidad y la sienten como si fuera propia. Porque en la vida no todo amigo es amigo, ni toda familia es familia. Tener a esas pocas personas que sabes que lo darían todo por ti es una bendición. Saber que, pase lo que pase, nunca caminarás solo; que alguien estará contigo en la tristeza, en las caídas y en la enfermedad. Eso es lo realmente importante: el verdadero lujo de la vida. No todo lo superficial, que, tantas veces, nos aleja de la verdadera esencia del ser humano."


Ikeli O´Farrell, el escritor.

lunes, 16 de febrero de 2026

Un poco de felicidad


Manuel Vicent

El País, España


La primera regla para ser feliz consiste en no desear  ser el primero en nada.

A esta edad todavía aspiro a conseguir ciertas cosas, que a mi juicio se parecen mucho a la felicidad; por ejemplo, que me siga sentando bien lo que como cada día, que mi fisiología funcione correctamente en el cuarto de baño y aprovechando que estoy allí mirarme al espejo sin despreciarme; dormir con la seguridad de que mañana ningún acreedor llamará al timbre de mi puerta; llenar los insomnios con mis aventuras de niño o de chaval como aquella vez que en la escuela gané el primer premio en un concurso de cazadores de moscas al vuelo por lo que recibí los primeros aplausos de mi vida que todavía resuenan en mis oídos; también intento alcanzar un momento de felicidad cuando, despierto al amanecer, alargo la pierna hacia ese lado fresco de la cama y luego cambio el dial de la radio, dejo que la actualidad se vaya por el sumidero de la historia y que una sonata de Scarlatti me permita seguir soñando.

A estas alturas todavía aspiro a ponerme los calcetines sin gemir, a levantarme del sillón de golpe sin tener que acompañarlo con una blasfemia o una jaculatoria. He leído en alguna parte que un caballo muy sano vive más o menos alrededor de 30 años y que la vida de una persona longeva se compone de los tres caballos que uno lleva dentro; con el primero se va al galope, con el segundo se avanza al trote, con el tercero, que es mi caso, uno camina al paso. La primera regla de la felicidad consiste en no desear ser el primero en nada. Tarde o temprano con pasos cortos todo el mundo llega a su propia meta, pero hay que mirar dónde pones los pies para no pisar ningún charco.

La felicidad es un ideal de la imaginación”, dice Kant. Desde los presocráticos todos los filósofos y moralistas han tratado de dar respuesta a esta aspiración humana de ser feliz. A mi juicio, Schopenhauer ha dado tajantemente en el clavo. Dijo: “La felicidad consiste en no tener envidia”. Que ese vicio cruel e implacable no me ataque es la plegaria que elevo a los dioses todos los días.

domingo, 4 de enero de 2026

Una vida gratis total


En este año 2026 que acaba de empezar cualquier persona podrá disfrutar de una serie de bienes que le serán garantizados de forma gratuita. No tendrá que pagar nada por ese sol que cada mañana alumbrará la ventana anunciando un nuevo día cuya luz habrá tenido que recorrer unos 150 millones de kilómetros en ocho minutos solo para despertarle. De momento el aire de la atmósfera le saldrá gratis total, ya sea el que baja de la cumbre de una sierra nevada, o el que transporta la brisa en alta mar o el que llega del bosque perfumado por los álamos y las plantas silvestres. Realizar ejercicios de respiración, llenar los pulmones y llevar ese aire tan puro hasta las entrañas es un modo de espiritualidad, un auténtico regalo del que nadie le pedirá factura. 

También será totalmente gratuito contemplar las nubes tumbado en una hamaca. Se trata de un gran espectáculo si se tiene en cuenta que ninguna nube ha repetido exactamente su forma desde que el mundo existe. En las noches de verano tendido en la arena de la playa, al mirar el cielo estrellado, si uno es joven podrá soñar y si es viejo le bastará con recordar, dos placeres muy hondos sin coste alguno. El mar se hallará a su entera disposición y también el canto de los pájaros, el sonido de la lluvia en los cristales, el aroma de hierba mojada después del aguacero y todas las flores de primavera, la variedad de colores rojos y amarillos del otoño, la leña de encina que arde en invierno en la chimenea. 

Tal vez en el futuro, cuando se descubra toda la capacidad de energía vital que tiene el sol, la humanidad se alimentará de las propiedades de esa increíble bomba de hidrógeno y entonces podría cumplirse aquello de la Biblia: “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. Fijaos en los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos”

Mejor, imposible. Feliz año nuevo.



Manuel Vicent, El País

domingo, 7 de diciembre de 2025

Luz de Barrio


Previo a la noche de las velitas, que se celebra el 7 de diciembre (víspera de la fiesta religiosa de La Inmaculada), y que da inicio a la temporada navideña, el canal regional Telepacífico,  de Colombia, lanzó su campaña ‘Luz de barrio’, un homenaje a las tradiciones colombianas que por esta época reúnen a las familias y propician encuentros con los vecinos del barrio.

La campaña está centrada en un video animado de 4:12 minutos, que ya está circulando en redes sociales y se transmite en algunos segmentos de la programación de Telepacífico, realizado en su totalidad, imágenes y música, con herramientas de inteligencia artificial.

La producción es una secuencia de momentos que todos los colombianos han vivido con alegría en la época decembrina, como cuando los vecinos se reúnen a pintar de colores los cordones de los andenes, colgar banderines y cadenetas de un lado a otro de la calle, prender los faroles, rezar la novena de aguinaldo, comer natilla y buñuelos con manjar blanco, comer las doce uvas en fin de año y dar la vuelta a la manzana cargando una maleta. Todo ello es representado por personajes que son muñecos tejidos de lana, haciendo referencia a un regalo típico de las abuelas.

Mauricio Moreno, director del InHouse de Telepacífico y realizador de esta pieza audiovisual, expresó que “quisimos recrear esas costumbres que marcan esta temporada para que la gente se sintiera identificada con todo lo que sucede en el video. También intenta mostrar la gran diversidad que tiene nuestra región, unidas en una pieza, en un mensaje de integración”.

Sobre la animación y el tema musical creados con IA, explicó que “quisimos buscar una canción que se convierta en himno para esta temporada y también trabajamos en dar una textura y un estilo animado que nos recordara a los muñequitos creados por la abuela cuando éramos pequeños”.

Luis Bermeo, El País. 

sábado, 6 de diciembre de 2025

Aburrimiento, rutina y pequeñas frustaciones

Transcribo unos párrafos del discurso de graduación pronunciado por David Foster Wallace en la Universidad de Kenyon en 2005. Se ha publicado y reeditado muchas veces, bajo el título Esto es agua.



"Resulta que hay partes enormes de la vida adulta americana de las que nadie habla en los discursos de las ceremonias de graduación. Y una de esas partes incluye el aburrimiento, la rutina y las pequeñas frustraciones. (...) Por poner un ejemplo, digamos que hoy es un día normal de tu vida adulta, y que tú te levantas por la mañana y te vas a tu nada fácil trabajo de oficina de persona con estudios universitarios, y allí trabajas duro durante nueve o diez horas, y estás estresado, y lo único que quieres es irte a casa y cenar bien y tal vez relajarte un par de horas y después irte a la cama temprano porque al día siguiente hay que levantarse y volver a hacerlo todo otra vez.

Pero entonces te acuerdas de que en casa no hay comida, de que esta semana no has tenido tiempo de hacer la compra por culpa de ese trabajo nada fácil, así que después del trabajo tienes que meterte en el coche e ir al supermercado. Es la hora en que la gente vuelve del trabajo y hay mucho tráfico, así que tardas mucho más de lo que deberías en llegar al supermercado, y cuando por fin llegas, te encuentras el supermercado lleno de gente, ya que, por supuesto, es esa hora del día en que toda la demás gente que trabaja también intenta encontrar un momento para hacer la compra, y la tienda está iluminada con una luz fluorescente y repulsiva, y bañada con ese hilo musical que te mata el alma o  en música corporativa, y viene a ser el último lugar donde de apetece estar, pero te resulta imposible entrar y salir de prisa.

Te ves obligado a pasearte por todos y cada uno de los pasillos alborotados de esa tienda enorme e inundada de luz para encontrar las cosas que quieres, y tienes que maniobrar con un destartalado carro de la compra para esquivar a toda la demás gente cansada y apresurada que también empuja carros de la compra, y por supuesto están también los ancianos glaciarmente lentos y la gente que está en Babia y los niños con déficit de atención que obstruyen el pasillo, y tú tienes que aguantarte y tratar de ser educado cuando les pides que te dejen pasar, y por fin, de una santa vez, consigues todo lo que necesitas para la cena, pero ahora resulta que no hay suficientes cajas registradoras abiertas pese al hecho de que es la hora punta final del día, así que la cola para pagar es increíblemente larga. Lo cual es estúpido y exasperante, y sin embargo uno no puede desahogar su furia con la señora que está trabajando frenéticamente en la caja registradora, que ya está trabajando más que lo que debe en un puesto cuyo tedio diario y cuya falta de sentido sobrepasan la imaginación (...) Pero bueno, llega tu turno en la cola de la caja registradora y pagas tu comida, y esperas a que una máquina compruebe la autenticidad de tu tarjeta y a que te deseen "que tenga un buen día" con una voz que es sin lugar a dudas la misma voz de la muerte.

Y después tienes que meter esas repulsivas y endebles bolsas de la compra llenas de comida en ese carro con una rueda descoyuntada que no pasa de desviarse hacia la izquierda, cruzar todo el aparcamiento abarrotado, lleno de baches y de basura tirada por el suelo, y tratar de cargar las bolsas en el coche de manera que no se caiga todo de las bolsas y ruede por el maletero camino a casa, y luego hay que hacer todo el trayecto en coche hasta casa en pleno tráfico de hora punta, lento, tortuoso y lleno de monovolúmenes, etcétera, etcétera.

(...)

David Foster Wallace
La cuestión es que es precisamente en esas chorradas nimias y frustrantes como la que os acabo de contar donde entra en juego la tarea de elegir. 

Porque los atascos de tráfico y los pasillos abarrotados y las largas colas para llegar a la caja registradora me dan tiempo para pensar, y si no llevo a cabo una decisión consciente de cómo debo pensar y a qué debo prestar atención, voy a estar triste y cabreado cada vez que tenga que ir a comprar comida, porque mi configuración natural por defecto me dice que en esa clase de situaciones lo importante soy yo, mi hambre y mi cansancio y mis ganas de llegar de una vez a casa, y me va a dar toda la impresión de que todos los demás me estorban, ¿y quién coño es toda esa gente que me estorba?

(...)

En medio de todo ese tráfico, de todos esos vehículos atascados y marchando al ralentí que obstruyen mi avance: no es imposible que alguna que alguna de esa gente que va en los monovolúmenes haya sufrido accidentes espantosos en el pasado y ahora conducir les resulte tan traumático que su psiquiatra prácticamente les ha ordenado que se compren un monovolumen bien enorme y pesado para que puedan sentirse seguros conduciendo; o bien que el cuatro por cuatro que me acaba de cortar el paso tal vez tenga al volante a un padre cuyo hijito va herido o enfermo en el asiento de al lado, y que ahora está intentando llegar cuanto antes al hospital, y tenga una prisa muchísimo mayor y más legítima que la mía: que en realidad sea yo quien le está obstruyendo el avance a él

O bien puedo elegir obligarme a tener en cuenta que lo más probable es que toda la gente que hay conmigo en la cola para pagar en el supermercado se encuentre igual de aburrida y frustrada que yo, y que alguna de esa gente en realidad tenga unas vidas que en conjunto sean mucho más duras, más tediosas o más dolorosas que la mía.

Etcétera."

jueves, 4 de diciembre de 2025

La columna de David Uclés antes de su intervención de corazón: ‘Entiérrenme en una cuneta’

Publico este artículo (El País, 26 de noviembre de 2025) a las puertas del quirófano y, aunque no espero morirme, aprovecho la tensión para elaborar unos últimos deseos




Ahora mismo me están rajando el corazón. He publicado este artículo hace un par de minutos, a las puertas del quirófano. Después de varios años despertándome de madrugada con el corazón fibrilando, mis cardiólogos decidieron por mí y me están quemando las venas pulmonares. Al parecer, en tres horas me habrán dejado el corazón bien niquelado, humeante y firme. ¡Qué cosas!

Aprovecharé ese estadio entre la vida y la muerte para reunirme con algunos de los personajes literarios que maté inmisericordiosamente: Emilio, Octubre, Odisto… Y abrazaré el aire buscando a Martina mientras el narrador nos pone de fondo Iris, de Wim Mertens. No tendré tiempo de ver a nadie más, salvo a alguno de mis abuelos y a Saramago. Le comunicaré que quiero ir a Lisboa a tatuarme su perfil en el costado derecho, y que espero que Pilar me acompañe y me dé la mano, pues no me gustan mucho las agujas —y eso que ahora mismo, según intuyo, una muy larga está atravesándome el septo: la pared central y poética del corazón—.

A decir verdad, no tengo previsto morirme, y es casi imposible que esto suceda hoy. Soy muy dramático. Pero como espero no tener que verme en otro quirófano a corto plazo, tengo que aprovechar esta tensión y elaborar unos últimos deseos, no vaya a ser que, de tanto horadarme las paredes del corazón, los alambres me liberen la vida. Os desgajo el testamento:

  • Deseo que envuelvan mi ataúd con la bandera de España que Sonia Monroy utilizó de vestido para ir a la gala de los Oscar hace 10 años.  
  • Deseo que Juan Cruz escriba mi obituario. Me cae demasiado bien.
  • Deseo que mis libros sean distribuidos en pueblos de la España vaciada. Mis camisas, que se las den a Jordi Évole. Y el espejo que uso para quitarme el entrecejo, que lo envuelvan en un paño de terciopelo y se lo entreguen a Santiago Abascal; a ver si, con suerte, logra verse en el reflejo y reconoce, de forma nítida y contundente, como siempre señala Ian Gibson, que sus rasgos son árabes.
  • Deseo que el funeral se celebre en la catedral de la Almudena y que acudan más invitados que a la boda de la hija de Aznar. Pero que no venga la hija de Aznar. Ni Aznar, porfi.
  • Deseo que con mis ahorros construyan una maqueta de la ciudad de Madrid con fruta y se la entreguen a Ayuso veinte días después, cuando la putrefacción sea tal que no quede ni una sola pieza habitable por ningún insecto. Deduzco cuál será la solución de la presidenta: contratará unos buitres hambrientos, sin fondo, para que la devoren.
  • Deseo que le entreguéis mi acordeón a Silvia Abril.
  • Por último, la única voluntad firme y seria de todas: si muero, no quiero que me entierren en un cementerio. Quiero que lo hagan en cualquier cuneta del país, y a medianoche, para que nadie sepa en cuál “descanso”.

Ya que, como pueblo, no hemos conseguido que los cuerpos de nuestros familiares acaben con dignidad en un cementerio, lo mismo es más fácil sacralizar todas las cunetas del país. Despojarlas de deshonra y vergüenza. Y llenarlas de flores, tal como hace la propia tierra desde el siglo pasado. ¿Acaso nunca os preguntasteis por qué nacen jaramagos y retamas en el cemento duro e inorgánico de los bordes de las carreteras? La propia naturaleza hace el trabajo que nosotros no queremos hacer. Y honra, y se muestra así más humana que nosotros.

Que conste en acta.

¡Ah! Y no hace falta que recéis por mí. Ya lo hace Rosalía por todos.

Os quiero.

D.


David U

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El Tiempo

 

El Tiempo

Manuel Vicent

El País


El tiempo no existe. El tiempo sólo son las cosas que te pasan, por eso pasa tan deprisa cuando a uno ya no le pasa nada. Después de Reyes, un día notarás que la luz dorada de la tarde se demora en la pared de enfrente y apenas te des cuenta será primavera. Ajenos a ti en algunos valles florecerán los cerezos y en la ciudad habrá otros maniquíes en los escaparates. Una mañana radiante, camino del trabajo, puede que sientas una pulsión en la sangre cuando te cruces en la acera con un cuerpo juvenil que estalla por las costuras, y un atardecer con olor a paja quemada oirás que canta el cuclillo y a las fruterías habrán llegado las cerezas, las fresas y los melocotones y sin saber por qué ya será verano. De pronto te sorprenderás a ti mismo rodeado de niños cargando la sombrilla, el flotador y las sillas plegables en el coche para cumplir con el rito de olvidarte del jefe y de los compañeros de la oficina, pero el gran atasco de regreso a la ciudad será la señal de que las vacaciones han terminado y de la playa te llevarás el recuerdo de un sol que no podrás distinguir del sol del año pasado. El bronceado permanecerá un mes en tu piel y una tarde descubrirás que la pared de enfrente oscurece antes de hora. Enseguida volverán los anuncios de turrones, sonará el primer villancico y será otra vez Navidad. La monotonía hace que los días resbalen sobre la vida a una velocidad increíble sin dejar una huella. Los inviernos de la niñez, los veranos de la adolescencia eran largos e intensos porque cada día había sensaciones nuevas y con ellas te abrías camino en la vida cuesta arriba contra el tiempo. En forma de miedo o de aventura estrenabas el mundo cada mañana al levantarte de la cama. 

No existe otro remedio conocido para que el tiempo discurra muy despacio sin resbalar sobre la memoria que vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria. 

Lo mejor que uno puede desear para el año nuevo son felices sobresaltos, maravillosas alarmas, sueños imposibles, deseos inconfesables, venenos no del todo mortales y cualquier embrollo imaginario en noches suaves, de forma que la costumbre no te someta a una vida anodina. Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño.


lunes, 14 de abril de 2025

¡No desperdicies el milagro de estar vivo!


Nadie nos avisa cuándo será la última vez. 

No hay campana que suene, ni voz que advierta: "Esta es la última sonrisa que verás de él." Simplemente pasa… y uno sigue caminando cuando en realidad, la vida es un suspiro disfrazado de rutina. 

Hoy podrías estar viviendo el último café con tu madre, el último abrazo de tu hijo sin prisas, la última carcajada con ese amigo. 

Hasta que ya no está.

Y no lo sabes. 

Y no lo piensas. 

Y no lo agradeces. 

La costumbre nos anestesia. Y sin darnos cuenta, vamos tachando instantes que jamás volverán, como si tuviéramos repuestos de alma o tiempo en el cajón. 

Hoy estás usando por última vez ciertas palabras, recorriendo por última vez ciertas calles, mirando por última vez ciertos ojos. Pero sigues aplazando besos, posponiendo abrazos, guardando "te amos" para un momento más especial que tal vez nunca llegue.

Nos enseñaron a coleccionar cosas, pero no momentos. A trabajar por futuro, pero no a detenernos en el ahora. A planear el viaje pero no a saborear el trayecto. 

Y es que nadie piensa que lo cotidiano es, en realidad, sagrado. 

La vida no avisa. Solo arranca páginas. Y tú decides si las llenas con presencia o con excusas. 

Así que vive… Como si cada paso fuera la última danza, como si cada palabra fuera testamento, como si cada mirada fuera despedida y cada instante, un regalo que alguien más no tuvo.  

No esperes más a que la ausencia te recuerde que cada instante que pasa son las últimas veces de algo... No desperdicies más en la queja, la culpa o el vacío las últimas veces de amar a los que están y hacerles sentir el amor. 

Tú estás vivo... No desperdicies el milagro.  


Fernando D'Sandi.

lunes, 18 de noviembre de 2024

La vida es cuando llamas


Hubo un tiempo en que nos quisimos mucho. Pero éramos muy jóvenes y la vida nos separó. Tuve que irme lejos y no pudiste seguirme, eran otros tiempos. Hace tanto de aquello.

Pero nos hicimos una promesa. 

“Nos llamaremos todos los años el día de nuestro cumpleaños”. 

No hemos fallado nunca en más de sesenta años. Hemos ido viendo cómo nuestra voz envejecía, como nuestras conversaciones tenían menos reflejos y eran más cortas, pero nunca han faltado. 

Otra cosa nos prometimos. Cuando un año no llegara la llamada de uno de los dos, nos conformaríamos. Nos daríamos por despedidos y no intentaríamos averiguar más. Los dos sabríamos lo que significa. Por eso, desde que cumplimos los setenta, cada año nos despedimos cuando hablamos. Por si es la última vez. 

Hoy es 23 de octubre y cumplo 82 años. Desde primera hora de la mañana estoy pendiente del timbre estridente de mi teléfono ochentero del salón, de los de girar la rueda con el dedo para marcar. Sueles llamar a primera hora de la mañana. Es lo primero que haces este día, me dices siempre. Sentada aún en la cama, con la boca empastada y los ojos legañosos. 

Se acerca la hora de comer y no has llamado. Habrás tenido que hacer algo. Algún otro año te retrasaste. 

Son las cuatro de la tarde. Estoy sentado en mi butaca, casi tan vieja como yo. Pegado a la mesita del teléfono. No he comido. Hoy no tengo hambre. He intentado leer un libro pero me he descubierto leyendo tres veces la misma frase. Es pronto pero parece que el día quisiera anochecer ya, todo está oscuro. Vivo en una calle estrecha del centro de Madrid. Casi puedo tocar el edificio de enfrente. En los días oscuros casi no llega luz. 

Son las nueve y es noche cerrada. He puesto la televisión. Sin volumen. Me gustan los claroscuros que se crean en el salón con su resplandor. Son sombras alargadas, que aparecen y desaparecen según los colores de la pantalla. 

He encendido la lamparita que hay en la mesita del teléfono. Son las diez y no he comido nada en todo el día. Creo que me haré una tortilla. Y a lo mejor me preparo un tomate abierto con aceite, orégano y sal. Sí, eso haré. 

El viejo reloj de cuco que heredé de mis abuelos ha cantado las once de la noche asomándose desde su nido de madera. Hace un rato que he apagado la televisión. Estoy sentado mirando el teléfono. Mudo, ausente. Los ruidos de la calle se han ido aquietando y el silencio es casi absoluto. Me suelo acostar pronto porque me gusta madrugar. Pero hoy no tengo sueño. 

Acaban de dar las doce. Ya es otro día. Ya no es mi cumpleaños. Me he levantado y he abierto la ventana para ver los colores de la ciudad. La calle empedrada se tiñe del color anaranjado que le dan las farolas. Entra frío. Una pareja camina despacio hablándose al oído. Muy abrazados. El cielo parece un pijama, lleno de nubes a rayas azules y grises. 

Me voy a acostar. Estoy cansado. Y triste. Y agradecido. Desde mi cama se ven los aleros de las casas de enfrente. Casas viejas. Y por encima, el cielo de Madrid. Y más allá, ese otro cielo, el de todas partes. 

Achino los ojos buscándote detrás de una nube que lo sombrea todo. Y pienso que en cuanto llegue allí arriba, lo primero que haré será llamarte. 


                  Relato de  Fernando Portolés (incluido en su libro "Mar de estío" - Ediciones Ruser 2023)

jueves, 11 de julio de 2024

Elogio al error | Discurso de David Escobar Arango


Elogio al error es el discurso de David Escobar Arango que se ha hecho viral y polémico estos días. Se trata de una serie de ideas acerca de las dificultades que se presentan a lo largo de la vida, dirigidas a graduandos de la Universidad Eafit de Medellín (y a cualquiera que sea consciente de los esfuerzos y tropiezos que se encuentran en los caminos personales y profesionales). 

El discurso ha levantado muchos aplausos y también muchas críticas. Unos porque dice verdades grandes como catedrales y otros porque consideran que a los jóvenes no se les puede hablar de una manera negativa o pesimista. Claro, en estos tiempos de mundos ficticios, virtuales y artificiales, creados para pantallas, no existe la probabilidad del fracaso, del error, de la quiebra, del despido laboral, de la ruptura de pareja. Aquello de caer para levantarse no es una opción: supuestamente los millones de seguidores de Instagram están ahí para ablandar el suelo. Para qué esforzarse si "yo quiero ser influencer" (no sé de qué, pero influencer). 

Me ha encantado este discurso. Años atrás (si pudiera devolverme con la experiencia adquirida), le diría a mis alumnos lo mismo que David Escobar Arango. Seguramente no estarían mascando chicle en primera fila ni chateando en sus teléfonos de penúltima generación mientras les hablaba. Pero la palabra puede caer en distintos terrenos... y puede dar buenos frutos. 

David Escobar Arango
 es un reconocido ingeniero de producción, graduado en esa misma universidad 
y actualmente es director de Comfama. 

miércoles, 10 de julio de 2024

¡Ay, la vida!

La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad. La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante. La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces. La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.

La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección. La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como río. La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de "reaccionar". La vida te aleja de las personas que amas, hasta que comprendes que no somos este cuerpo, sino el alma que él contiene. La vida se ríe de ti tantas veces, hasta que dejas de tomarte todo tan en serio y te ríes de ti mismo. La vida te rompe y te quiebra en tantas partes como sean necesarias para que por allí penetre la luz.

La vida te enfrenta con rebeldes, hasta que dejas de tratar de controlar. La vida te repite el mismo mensaje, incluso con gritos y bofetadas, hasta que por fin escuchas. La vida te envía rayos y tormentas, para que despiertes. La vida te humilla y derrota una y otra vez hasta que decides dejar morir tu ego. La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser. La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro. La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender
a vivir. La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo. 

La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar. La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar. La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos".


Bert Hellinger, teólogo alemán (1925-2019)


domingo, 5 de mayo de 2024

El amigo imaginario de mi madre.

Relato de Pablo Castignani



Dicen que los niños suelen tener amigos imaginarios. Dicen también que algunos ancianos llegan a comportarse como niños. Mi madre ya muy ancianita, era como una niña, amable, tierna y cariñosa, por esa misma razón, siempre creí que ella había inventado a un amigo imaginario.

Desde que sufrió aquella caída y se fracturó la cadera, mi madre ya no fue la misma. Por su fortaleza y ánimo de vivir, logró caminar un mes después, pero apoyada en ese tipo de bordón de cuatro patas. La mayor parte del tiempo se la pasaba en su cama, mirando televisión o bordando.

Madre de ocho hijos, todos ausentes. Tuve que sacrificar mi trabajo y familia para estar con ella por temporadas. Yo era el único de los ocho que podía hacerse cargo de ella. Esos tres años viajé constantemente desde Mexicali a Zacatecas.

En uno de esos viajes, me encontré con una sorpresa. La visitaba todos los días un niño.

-Ah, vaya, ¿Así que te visita un niño?, le pregunté divertido.

-Sí, viene todos los días a que le cuente cuentos, me dijo mi madre emocionada. Mi madre había sido una excelente contadora de cuentos.

- ¿Y cómo se llama tu niño?

- Ah, pues no sé. No le he preguntado. Pero al rato que venga le pregunto.

Me platicó que es rubio y muy bonito. Siempre llega corriendo, sonriendo y salta a la cama donde está acostada. A veces le esconde los hilos de su costura o sus cigarros. Es porque quiere que le cuente un cuento. Cuando ella come, siempre le pide, dame, dame, dame…por eso ella come bien, porque nunca come sola. Cuando se duermen, se abrazan mutuamente y ella ya no siente frío porque el cuerpecito de su niño le brinda calor. Ambos se dan mucho cariño.

Por la tarde me dijo mi madre.

-Hace rato que vino mi niño, le pregunté cómo se llama. Me dijo que Emanuel.

-Muy bien por Manuelito ¿Y ahora en dónde está?

-Pues mira. Aquí lo tengo, bien dormidito, mira que chulo se ve. Tenía su cobija arropándolo, según ella.

-Ah, vaya, sí que está hermoso, le dije siguiéndole el juego. ¿Cuál cuento le contaste?

-Torcuato y Canuto. Ese también era tu favorito, ¿te acuerdas?

-Sí madre, cómo olvidarlo. Bueno, ahora yo te voy a leer otro capítulo de Las rosas no aprenden geografía. Todas las tardes le leía.

-Muy bien, te quedaste en donde el profesor Mario Luján por fin se va a enfrentar a Ramiro, el comisario, en un duelo de dominó; bien que le da lata siempre que jueguen, a ver quién gana.

Y le leí en voz baja para no despertar a su niño. Ese niño que en su imaginación, vino a suplir a todos los hijos ingratos que no la acompañaron cuando más los necesitaba.

Pero ¡el ángel de mi madre era real!

Mi madre, por un problema en los riñones requería de hemodiálisis para que me durara un poco más de tiempo. Ella le tenía miedo a esa curación, me suplicó que por nada del mundo la fuera a torturar con ese proceso. Obvio, le obedecí. Se me fue acabando poco a poco. Ya no pudo caminar y si íbamos a cualquier parte, tenía que ser en una silla de ruedas. Se le acabaron las fuerzas.

Una tarde me sentía muy cansado. Mi madre ya no abría los ojos y pedía constantemente agua. En su cuarto estaba una hermana de ella y su hija. Le pedí que la cuidaran un rato, yo tenía que mandar una tarea a la universidad donde estudio literatura.

Me fui a un cuarto contiguo y abrí mi computadora, apenas iba a empezar a leer cuando escuché aquella vocecita:

-Hola

Volteé a la puerta para ver quién era y ahí en el dintel estaba aquel niño, muy hermoso, vestido de blanco. Me miraba sonriente. “Seguramente ha llegado alguien a visitar a mi madre y este niño viene con ellos”, fue lo que pensé; en ese pueblito toda la gente es muy solidaria y visitan mucho a los enfermos.

-Hola, le respondí. No pasaría de tener tres años de edad, pero hablaba con mucha claridad.

-¿Me cuentas un cuento?, me dijo, entrando al cuarto y parándose junto a mí.

-¿Te gustan los cuentos?, le respondí divertido.

-Si, Cuquita me cuenta muchos, pero ahorita está dormidita, ella no me lo puede contar. ¿Me cuentas un cuento?

-¿Así que mi madre te cuenta cuentos? ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Emanuel, y sí, ella me ha contado muchos cuentos. Todos sobre su vida.

-Ah vaya, cuentos sobre la vida de mi madre. Por ejemplo ¿Cuál? Conozco a la perfección el enorme repertorio de cuentos que contaba mi madre.

-Por ejemplo, mmmm, el príncipe Amed. Cuquita fue igual de viajera, le gustaba mucho conocer otras partes del mundo. También Torcuato y Canuto, ella lograba superar todos los problemas aunque a veces se sintiera ciega. Aaaah la cenicienta, como trabajó toda su vida para que nada le faltara a sus hijos…así fue Cuquita, una historia de fantasía.

Yo lo escuchaba asombrado. Vaya que aquel niño sabía expresarse para su edad.

-Mira nada más, si sabes las historias de mi madre. Bien, dime, ¿Cuál cuento quieres?

-Por ahora ninguno. Pero ya volveré un día para que me lo cuentes.

-¿Por ahora ninguno? Entonces ¿Cuándo? O ¿Por qué?

Me contempló con una mirada muy profunda, en sus ojos había un brillo especial cuando me dijo.

-Porque ahora… aún te escucha la gente, voy a volver, cuando ya seas una sombra, cuando necesites de consuelo y compañía, cuando los seres que amas ya no te hagan caso, cuando tu voz no sea escuchada, cuando tu soledad sea tan abrumadora que te será lo mismo si es de día o es de noche. Entonces vendré y te daré la alegría de volver a ser un cuenta cuentos. Entonces me contarás sobre tu vida y te volverás a sentir importante... siempre es importante saber que eres importante.

-¿Quién eres?, le pregunté sumamente intrigado.

-Soy el niño que doña Cuquita ha visto desde hace tiempo y que ustedes consideran una fantasía de ella. Soy real, soy esperanza, soy compañía en la triste soledad, soy el recuerdo de la infancia de sus hijos, soy alegría en su cansado corazón.

No tenía palabras para responder a aquello. Un nudo se atoró en mi garganta y empecé a llorar.

-¿Por qué puedo verte hoy?, pregunté temeroso.

-Porque vengo a decirte que hoy doña Cuquita tomará camino con rumbo a la ciudad de Irás y no Volverás. Sentí como un golpe en el pecho. Te voy a pedir que ya no se lo impidas. No quiero que ella siga sufriendo, porque ahí donde la ves, está sufriendo. Su destino ya está escrito, igual que el pájaro que habla, el árbol que canta, ella es la fuente de oro. ¿Recuerdas el cuento de la capa que hacía invisible a la gente? Pues así estará ella, como si tuviera la capa puesta, no la vas a poder ver, pero siempre estará presente.

Ella no se irá, pues seguirá estando en ti mientras sigas contando cuentos, mientras en tu mente haya un halo de fantasía, mientras ella viva en tu recuerdo.

Ahora ve, ella te necesita, ve como el príncipe que le da un beso a la reina, sólo que ella no va a despertar, sino al contrario, con tu beso iniciará ese camino que ya no tiene regreso.

Cerré la computadora y corrí al cuarto de mi madre. Ahí seguía su hermana y otros familiares que habían llegado. Todos callados contemplaban a mi viejita que con la boca abierta respiraba difícilmente. Me acerqué a ella y sentándome en la orilla de su cama la abracé con mucho cariño. Le dije al oído: Vino Emanuel a verte. Luego tomé un algodoncito y lo empapé de agua, mojé sus labio. Ella seguía respirando con mucha dificultad. Le di un beso en su frente y luego la abracé mientras le decía:

-Vete mami, vete a gozar del reino de los cuentos, vete a conocer la montaña del imán y el mundo de las princesas, vete a donde seguirás siendo una reina, porque aquí y allá, para mí siempre serás una reina.

Su respiración se fue tranquilizando.

-Vete mami, ya cumpliste y cumpliste muy bien. Vete mi reina, es fácil, vuela como vuelan las hadas. Vete a su mundo.

Simplemente lanzó un suspiro largo, muy largo y ella, la contadora de cuentos, la mejor contadora de cuentos del mundo, se fue a la ciudad de Irás y no Volverás.

Yo me sentí muy tranquilo, con tanta paz en mi alma que no salió ni una lágrima de mis ojos. Escuché los llantos angustiados de mis familiares al darse cuenta que ella moría, sus gritos desesperados, pero ni eso me hizo salir de mi letargo, pues tenía mi conciencia cien por ciento tranquila, hasta el último momento estuve con mi viejita. No existía dolor ni remordimiento alguno, simplemente la ley de la vida estaba cumplida.