viernes, 30 de noviembre de 2012

Una cierta melancolía

Hay en el aire una cierta melancolía, como cuando se alejan los barcos de los puertos y no se resignan los pañuelos en el muelle.

Hoy el sol no ha salido, llueve desde hace una semana, desde que llegó el otoño vestido de sepia y marrón y decapitó lo más bello y luminoso del paisaje. Es un verdugo el otoño, aunque nadie lo dice. La ciudad no es la misma bajo el cielo oscuro, nadie es el mismo en esta estación del año, es difícil encontrar una sonrisa en días como este.

De no ser por ti no habría salido con este día; se me ocurre que hoy sale sólo la gente que no falta a ninguna cita. Voy despacio y seguro hacia la lejanía de tu rostro, presiento el final de nuestros besos y no me desespero. Y no me desespero porque lo sabía, amor mío, sabía que en una tarde como esta te irías para siempre.

He visto flotar el adiós en el azul de tus ojos desde las flores de la última primavera. Desde entonces tienes el equipaje listo y el corazón distante. No estoy sorprendido, de veras, ni desesperado. Ninguna de mis palabras tendrá el peso suficiente de un ancla, para que no abandones este desolado mar. Si así lo quieres, que así sea. No te pediré que te quedes ni te suplicaré. El árbol pierde las hojas, no su dignidad.

Estos versos los escribí para ti esta mañana cuando me levanté y sentí en el aire una cierta melancolía.

Cuídate, corazón, de los hombres de mar, te prometen amor y no vuelven jamás. Cuídate, por favor, de quien llega hasta aquí con el rostro sin sol y una historia feliz; cuídate del amor elegante y cortés que te pide perdón y te engaña después; cuídate, mi querer, porque no estaré nunca más junto a ti, no podré defender tu pudor, tu verdad, tu razón, tu jardín; eres lo que yo más quiero en el mundo y moriría, amor, si algo te pasara. Cuídate, corazón, cuídate, cuídate por favor, cuídate, corazón, cuídate.


Gian Franco Pagliaro

jueves, 29 de noviembre de 2012

Estoy solo

Estoy solo. Estoy solo y parado en esta esquina sin esperar a nadie.
Estoy solo, estoy solo en esta gran ciudad llena de gente sola que va y viene sin mirarse siquiera.
Ojalá pase algún amigo, un pariente, un conocido, alguien a quien contarle mis penas, alguien que sepa de tristezas y sinsabores. No uno de esos tarados a sueldo del optimismo que ríen de todo, todo el tiempo. Si no cuento lo que me pasa no sé qué va a pasar. ¿No hay nadie que quiera oír lo que me pasa? ¿A nadie le interesa una cursi anónima historia de amor? A quién le va a importar, a quién le va a importar si no te importa a ti que me dices adiós amándome aún, que renuncias al hoy por pensar en el mañana, que abandonas la fiesta antes que termine, que cierras el libro antes de la última página, que tiraste las flores del jarrón antes que se marchitaran.
Quién te entiende, quién pude entenderte. De qué sirve la libertad si no sabes donde está el norte, si nunca supiste dónde estás parada; de qué futuro me hablas si no sé qué va a pasar más tarde. Estás loca y yo más loco todavía porque estoy hablando solo y parado en esta esquina.
Estás loca, me dejas porque quieres estar sola, me dejas porque no tengo planes para ti y, por lo visto, tú tampoco.
Te vas, para ir a ninguna parte. Quién te entiende, quién diablos te puede entender. Estás loca.

Gian Franco Pagliaro

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Me gustaría

Encuentro en viejos papeles una colección de textos de Gian Franco Pagliaro que hace años te regalé (¿te acordás?). ¡Cuánta nostalgia impresa en un folio amarillo!

Me gustaría gritarlo a los cuatro vientos, por los siete mares, por los cinco continentes, cuánto te amo. Quisiera contarlo al primero que pasa lo que me está pasando, lo que siento por ti; me gustaría escribirlo en la corteza de los árboles, en los muros de los edificios, en las veredas de las ciudades más transitadas, en el viento, en el agua, en el aire húmedo de la noche, en los vidrios empañados de los autos, en las mesas de los bares, en los pizarrones de todas las escuelas, en los cuadernos de los alumnos; me gustaría publicarlo en los diarios, difundirlo por la radio, publicitarlo en la televisión, en los afiches, en los folletos turísticos, en las marquesinas de todos los teatros y de todos los cines; quisiera que todo el mundo supiese cuánto te amo.

Tanto amor no puede ser anónimo, tiene nombre y apellido, tiene cosas qué decir y canciones qué cantar  no se merece vivir a la sombra, amarse en silencio, viajar de polizón. Este amor escondido algún día saldrá a la luz del día y ese día  amor mío  todas las mañanas serán tuyas. Te lo prometo y te lo firmo, confía en mí  amante mía, y te llevaré por los caminos como una bandera al viento. Pero ahora no, no puedo, tengo miedo y tú sabes por qué.