Teléfonos móviles (o celulares que llaman en otras latitudes). Teléfonos fijos. Cuentas de correo electrónico. Messenger. Mensajes instantáneos. Hasta hace unos años, el beeper (o buscapersonas). Localizables a todas horas y en todo lugar.
Recuerdo que, hasta muy pocos años, sólo nos localizaban en el teléfono de la oficina o en el de casa. La secretaria daba el recado y la mamá daba una serie de datos del tipo: "Te llamó ese amigo tuyo tan querido. ¿Cómo es que se llama? ¡Dime nombres!". Y todos tan tranquilos. Ahora si no contestas el móvil la gente se enoja. Como ignorando que podemos estar "no disponibles". O que estamos ocupados. O que no nos da la gana de contestar porque queremos estar solos.
Hoy hay en el mundo millones y millones de móviles. Y millones y millones de personas incomunicadas. Enchufados en sus IPod, MP3, MP4 y demás (ya no hay discman) no hablan con el de al lado. Como autómatas por la calle, en el autobús, en el metro y en casa. Y usando el móvil para decirle a los amigos que están en la puerta. Y el internet para conocer personas, para "ligar" o "enamorarse". Upssssss.
¿La era de las comunicaciones? ¡Ja! Siempre está la opción de "No admitir", "bloquear" o dejar un mensajito.


