sábado, 26 de noviembre de 2011

Cita a ciegas



Este vídeo puede resultar cómico, pero no deja de tener mucho fondo. En estas épocas de citas a ciegas (aunque veas algo por la webcam) y de citas exprés, cuántas preguntas te haces si acudes al lugar de encuentro. ¿Con quién te encontrarás? ¿Con el sicópata pervertido? ¿Con un secuestrador-violador? Será cierto que le gusta el cine de Woody Allen y le encantan los paseos por la playa? ¿Sus habilidades amatorias serán las que presume por el chat? ¿Al conocerte te saludará con la dolorosa y agresiva frase: "No eres la cosa que buscaba"? Y sobre ti mismo, te preguntas: ¿Le gustaré? ¿Se enterará de un par de mentirillas que le dije chateando? ¿Vendrá a la cita? ¿Habrá feeling?

 
Los métodos de buscar y encontrar la media naranja que nos falta (dicen) son lícitos, por supuesto. Desde los antiguos de pedirle a los amigos que te presenten a alguien que te gusta, hasta entablar conversación en un pub o discoteca (si los altavoces te dejan escuchar). Las miradas furtivas, el coqueteo de invitar a un trago o pedir fuego (sí, todavía se echa mano de esa antigüedad). Pero las modernas citas, en este mundo en que todo hay que hacerlo rápido normalmente tienen la prueba previa del cuestionario vía chat, donde parece que todos y todas preguntan lo mismo. Me imagino que dentro de poco, para abreviar el tecleo, bastará con poner una equis en diez preguntas:

¿Qué buscas?
¿Cómo eres?
¿Años?
¿Activo, pasivo, versátil, homo, gay, bi, trans?
¿Dónde vives?
¿Vives sol@?
¿Qué te va?
¿La tienes grande? (Nota: también puede referirse a la cuenta bancaria).
¿Tienes sitio o te desplazas?
¿Te apetece quedar?


Para mí, estas preguntas tan comunes por la red de redes, no buscan más que carne, sexo, vamos. Por eso hay tanta frustración. Por eso me gustó el vídeo que inspiró este post. Quien realmente te enamorará aparecerá donde menos te lo esperas, a la salida de un ascensor, en la cola de la panadería, tropezando con él mientras distraido contestas un whatsapp, o mientras esperas a la persona que no acudió a la cita. Que Cupido es un angelito juguetón y un poco cabroncete.



viernes, 25 de noviembre de 2011

Uno

Uno vuelve siempre
por aquellos sitios
donde amó la vida.



Uno va perdiéndose en sí mismo tratando de encontrarse. Uno procura mantener los ojos abiertos. Uno no deja de sentirse solo, a pesar de la compañía. Uno se hace más vulnerable cada día. Uno llora de verdad, con motivos recientes y pasados. Uno -a veces- carga una detestable alegría química. Uno pierde la esperanza y la recupera cuando ve a dos que se aman de verdad. Uno vuelve a creer que el amor no es una transacción comercial cuando, después de ocho años de convivencia, ve a dos amantes que se miran con devoción y veneración. Uno se decepciona cuando escucha que el amor es un año de pasión, dos de enamoramiento y luego comodidad. Uno descubre que dos años después de una muerte, aun no ha elaborado el duelo y escuchar una canción le hace llorar a mares por el que ya no está. Uno extraña los amores del pasado y amigos del presente que no dan señales de vida. Uno tiene pesadillas con vivos y con muertos. Uno tiene corazas que no derriten la lágrimas. Uno siente el fracaso, la hartura, la indeferencia. Uno tiene ángeles a su lado. Uno no ve salidas ni luces al final de túneles. Uno no ve el túnel. Uno sabe lo que es el limbo. A uno le quedan pocos sueños. Uno no sabe qué ideas vestir cada mañana. Uno se siente lúgubre. Uno está cubierto de niebla.  Uno no es de aquí ni es de allá. Uno no es de nadie. Uno ha perdido la rebeldía.  Uno quiere deshacerse, esfumarse, desparecer. Uno dice: ¡Basta!

jueves, 17 de noviembre de 2011

Palabra de Gigoló

"Quizás todo se reduce al placer. Pero, ¿en realidad obtienen tanto placer de todos esos encuentros? Es mucha energía puesta en seducción, socialización, moda, meses en el gimnasio, suplementos energéticos... finalmente tienes sexo y nunca más vuelves a oír algo del tipo. Luego inviertes toda la energía y dinero otra vez, arreglarte, entrenar, estar perfecto para la próxima aventura. Si los hay dejaran de gastar tanto tiempo conquistando, tendríamos Da Vincis en todas partes."
 

Puedes ver la película en este enlace
 
Boy Culture es la cándida confesión de X, un joven acompañante muy popular. Después de 10 años de sexo por dinero, X descubre algo nuevo de la mano de Gregory, un cliente mayor un tanto solitario. Gregory le habla a X de una historia de amor que dura ya cincuenta años y le desafía a hacerle sentir algo que no ha sentido desde hace mucho tiempo: emociones. Basada en el best-seller de Matthew Rettenmund, Boy Culture habla de sexo y de emociones en un tono ingenioso e incisivo, a la vez que revela la cantidad de fe que el amor requiere.