viernes, 6 de mayo de 2011

¡Sí que existe al Amor!

Al Dios al que yo amo
no me castigará por amar,
ni por sentir,
ni por hablar,
pues Él me dio el corazón
sentimientos y boca.

jueves, 5 de mayo de 2011

Siga el consejo de su médico, no su ejemplo

La ley antitabaco prohibe fumar en espacios públicos cerrados (bares, cafeterías, restaurantes, centros hospitalarios, terrazas con cerramientos, escenarios de obras de teatro donde los personajes "deben" fumar, cercanías de centros educativos...) y lo permite a pacientes de centros siquiátricos, a habitantes de geriátricos -en su habitación- y en las cárceles.

A causa de esta legislación se han gastado océanos de tinta en los periódicos y toneladas de saliba de fumadores en la puerta de los bares y de no fumadores en la barra del local. Las cajetillas de cigarrillos traen casi un 50% de su espacio con avisos del tipo: "Fumar mata", "Fumar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor", "Fumar acorta la vida", "Si desea dejar de fumar consulte a su médico"... Ahora traen imágenes explícitas de pulmones enfermos, gargantas cancerosas...

No voy a hacer una apología del peligroso hábito de fumar, de todos conocido. Lo que me jode es la doble moral de las autoridades políticas que lo prohiben pero siguen "mamando" de los millones de euros que recogen cada año en impuestos a la venta de tabaco. Los estancos alimentan al Estado. En los bares y cafeterías -que ahora no apestan a humo de cigarrillo- hay máquinas expendedoras, pero no se le ocurra a nadie encender un cigarrillo dentro del local.

Y, por último, la imagen con la que me encontré ayer en la consulta de mi médico de cabecera (de la Seguridad Social). Me llamó la atención su cajetilla de Marlboro en el bolsillo de camisa. Que fume o no fume me da perfectamente igual. Pero lo que sí me da qué pensar es en lo que se monta en la mente de un paciente que, siguiendo el consejo de su supuesto último paquete que pensaba fumarse, va al médico a pedirle ayuda y lo primero que ve es que él también es un adicto. ¿Es él quien va a sugerirle un tratamiento?

domingo, 1 de mayo de 2011

Las Manos de Mi Madre


Manos Adoradas

Las manos que yo quiero, las manos que venero,
no son color de rosa ni tienen palidez.
Sus dedos no parecen diez gemas nacaradas,
tampoco están pintadas ni tienen altivez.
Son manos arrugadas, tal vez la más humildes
y están cual hojas secas de tanto trabajar.
Son estas manos santas las manos de mi madre,
aquellas que me dieron con todo amor el pan.

Las manos que yo quiero, las manos de mi madre,
ligeras como aves volando siempre van.
Las manos de mi madre por ágiles dichosas,
si no hacen siempre algo tranquilas nunca están.
Por rústicas y viejas, ¡qué bellas son sus manos!
Lavando tanta ropa, cortando tanto pan.
Corriendo por la casa, la mesa acariciando,
buscando en el descanso la aguja y el dedal.

Las manos que trajeron la lámpara a mi cama,
tapándome la espalda en el invierno cruel.
Que cuando estuve triste mis lágrimas secaron,
que cuando estuve enfermo, acariciándome.
¡Oh, manos adoradas! ¡Oh, manos llenas de alma!
En ellas yo quisiera mi frente refugiar,
y tristemente digo: ¡qué lejos que se encuentran,
qué lejos de mi angustia y de mi soledad!

Vals
Música:Roberto Rufino
Letra: Horacio Sanguinetti
Intérprete: Billy Pontoni