jueves, 9 de abril de 2009

¡Probablemente Dios no existe! ¿O sí?

Una gran polémica se ha levantado en España por esta campaña propagandística que comenzó hace unos meses en Inglaterra y que en Madrid y Barcelona circuló en los laterales de los autobuses. En Zaragoza, la empresa Tutsa, responsable del transporte público, se negó a aceptar los anuncios en sus buses, como se niega a difundir en ellos propaganda política. Ahora me encuentro con esta inmensa valla cubriendo la fachada de un edificio en restauración.

No me voy a referir aquí a cuestiones teológicas. Sólo a los contrastes que se encuentran en una sociedad como la nuestra. La valla está ubicada a solo unos metros del templo del Corazón de María, en la Avenida Goya de Zaragoza. Muchas procesiones de esta Semana Santa pasan justo a su lado. Pero lo que más me llama la atención es que aún los ateos tienen sus dudas sobre la no existencia de Dios. Ese "Probablemente" deja un resquicio para la duda. No se atreven a afirmar tajantemente que Dios no existe. Sólo, para ellos, es una probabilidad. ¡Qué bien se cuidan! Por si acaso.

Un aspecto legal es el apoyo que les da el artículo 20 de la Constitución española: "Se reconoce y protege el derecho a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción". Como decía alguien: "No comparto su opinión pero daría hasta la última gota de mi sangre por defender su derecho a expresarla".

Por su parte, la Iglesia de Singapur ha realizado una campaña para que sus fieles (y los no tan fieles) no olviden que Dios existe y que da muestras y mensajes a sus hijos todos los días. Sólo hay que tener los ojos abiertos y el corazón dispuesto.


sábado, 4 de abril de 2009

Quinta de los Barrientos



Todos los días pasaba frente a ella, camino de mi trabajo en el Palacio de Bellas Artes. Estaba allí, como muestra de un pasado lujoso de mi ciudad. Con los años, el mal entendido progreso cubrió el riachuelo con asfalto para dar paso a miles de coches. Cerca, una avenida nueva, como una cesárea en pleno centro de Medellín, derrumbó caserones, quintas, palacios de los que solo quedan fotografías y algún mural que lo recuerda. Pero la Quinta de los Barrientos seguía allí, envejeciendo, cayéndose a pedazos, subarrendada para ventas populares de mercados baratos, guarda-carros de patatas, refugio de niños de la calle, esperando a que alguien se apiadase de ella y recuperase su esplendor.

Cientos de leyendas urbanas hay alrededor de la ahora llamada Casa Barrientos. La que más recuerdo es aquella de la oferta que supuestamente le hicieron a sus dueños los propietarios de la Clínica Soma, colindante con la casa: "Queremos comprarles la casa para ampliar la clínica". A lo que los hermanos Barrientos contestaron: "Mejor les compramos la clínica para ampliar la casa".

Libe de Zulategui, artista y crítica de arte, me enseñó en un curso que uno puede tener su propio museo, su propia colección de obras de arte. Y junto a "mis" cuadros y esculturas, yo tenía en mi galería a esta casa. Soñaba con que fuese mía para crear allí mi estudio de fotografía y un centro de tertulias. La fortuna no me sonrió, pero la casa sigue estando en la Avenida La Playa de Medellín, ahora recuperada, restaurada y bien utilizada. Así que alguien me ha hecho la obra y la Quinta de los Barrientos sigue siendo mía.

Del blog Angel Lunático, con autorización de su autor, transcribo aquí sus aportes sobre esta joya de la arquitectura.

En esos años en que la quebrada Santa Elena corría libre, majestuosos caserones yacían a su orilla con sus tradicionales molduras, sus baldosas adornadas, fuentes de agua, palmeras. Uno a uno fue desapareciendo, reemplazados por edificaciones que sustentaran nuestro ascenso, hasta que fue un poco más que tarde para encontrarnos con que estábamos empezando a borrar nuestro pasado.

La quebrada fue ahogada con ríos de carros y una mole de brea renegrida, la avenida La Playa. La ciudad empezó a agrisarse, las costumbres a cambiar, los sombreros se dejaron a los campesinos y a los ancianos. La vieja Medellín fue quedando fragmentada, vedada por nuevas construcciones más modernas que le dieran un aire más cosmopolita. Solamente una casa quedó de aquella época de esplendor cuando todavía se respiraba oxigeno, la casa de los Barrientos.

A diferencia de lo que se cree, la casa no perteneció en sus inicios a la familia Barrientos. Ha pasado por varios dueños, entre ellos el primero, José Lorenzo Posada, quien la construye para su familia en 1895.Federico, Miguel, Emilia, Juan e Isabel, los hijos de Alejandro Barrientos Fonnegra y Maria Josefa Uribe Gaviria, son quienes adquieren la propiedad en 1925 por un valor de treinta mil ciento cinco pesos. En diciembre de aquel año muere Isabel, la hermana menor, y la parte que le correspondía pasa a sus hermanos. Lo mismo sucede con Emilia cuando fallece.
Pero los hermanos hombres habían relegado sus partes a acreedores, es así como Casa Barrientos, tras la muerte de su ultimo heredero, Federico, en 1983, comienza una serie de pleitos para encontrar su legatario. Un poco más de diez años duraron los litigios legales, tiempo en el que un albacea toma cargo de la construcción. “Esta persona se aprovechó de muchas cosas, dicen que él se robaba algunos de los muebles de la casa. La alquiló como posada. Le dio un mal uso”, es la historia narrada por Pablo Andrés Monsalve, estudiante de historia y promotor de la Casa de la Lectura Infantil, “Después el albacea huye. De él nunca más se supo nada, la casa se convierte en lo que se podría llamar vulgarmente El Hotel de los Gamines del sector”.

La construcción se fue llenando de huéspedes esporádicos, telarañas, maleza y una que otra leyenda urbana. No faltaron los cazadores de guacas quienes aseguraban que los Barrientos habían dejado su fortuna enterrada en el piso y las paredes de la casa. Cuando en 1995 la casona pasa a manos del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, está derruida, abandonada y saqueada; sus detalles han perdido el brillo de otros tiempos. El ICBF destina recursos para la limpieza y algunos arreglos, como el techo provisional de zinc. La casa permanece cerrada.
Pasarían ocho años hasta que finalmente el inmueble quedara al amparo de la Alcaldía de Medellín, que se comprometió a restaurar la edificación y darle uso público. En convenio con Comfenalco y la ayuda de la Fundación Ferrocarril de Antioquia, el municipio regeneró el bien que se convertiría en la actual Casa de la Lectura Infantil, abierta al público desde el siete de diciembre de 2007. “Primero se inauguró: la sala de lectura, la sala de exposición, la Bebeteca y el servicio de información local. En noviembre de 2008 se abrió la última etapa: el auditorio y el cafetín”, afirma Laura Arias, Coordinadora encargada y Gestora de información de la Biblioteca Pública Héctor González Mejía.
De la anterior construcción se conserva cerca del 89%, “hay cosas que se reformaron por modernidad. La casa iba a ser utilizada como bien público y debía tener una reestructuración para sismo resistencia moderna. Igual sigue siendo de tapia. Los materiales casi todos son los mismos, con pequeñas variaciones”, dice Pablo Monsalve. Pero Barrientos no es la única construcción que ha tenido la suerte de ser recuperada para ventura de la memoria urbana. La reparación de construcciones como el Palacio Bellas Artes, el Teatro Lido, y el mantenimiento de edificaciones como el Museo Teatro Prado, donde funciona actualmente El Águila Descalza, son ejemplos de conservación del patrimonio cultural e histórico de la ciudad.


Palacio de Bellas Artes, Medellín, Colombia.
Museo Teatro Prado, sede de El Aguila Descalza, Medellín, Colombia
Mural réplica antiguo Palacio Arzobispal, Avenida Oriental, Medellín, Colombia.

jueves, 2 de abril de 2009

Monchis, el bloguero amigo

Conocí a Monchis por esas casualidades de la navegación por los blogs. Sus posts son claros y certeros y muchas veces hemos coincidido en maneras de mirar la vida y el entorno. Y resulta que somos de la misma ciudad, hemos ido a la misma universidad y al mismo gimnasio. Y solo años después, él en Colombia y yo en España, pudimos conocernos.

Con mi viaje a Medellín pudimos vernos personalmente y no me equivoqué en la opinión previa que tenía de él. Es más, la superó. Es un hombre simpático, nada tímido (como se describe en su perfil), alegre, "enrollado" -como dicen en España- y desde el principio estuvo dispuesto a salir, a mostrarme lugares interesantes de la ciudad, a intercambiar ideas y experiencias, a presentarme a sus amigos y a ir "de marcha".

Algunos otros blogueros con los que coincidimos me preguntaban ansiosos cómo es el autor de Monchis World. Querían saber cómo es en todos los aspectos. Obviamente la primera impresión es la física, aunque yo tenía en primer lugar la virtual e intelectual. Lo primero que destaca es su mirada miope que le regala un especial encanto como tenía la de Marilyn Monroe, que no se sabe si te está seduciendo o tratando de enfocarte correctamente. Esa mirada, unida a su sonrisa franca le iluminan todo el rostro y te hacen sentir sereno a su lado, como si le conocieras de toda la vida. Se diría que es un tipo que no se altera fácilmente. Es de constitución mediana, con unas poderosas piernas de deportista. Pero lo mejor de él es su tranquilidad, su buen humor, su inteligencia curiosa, su deseo por conocer más del mundo, su afán de empaparse de todo aquello que lo haga ser más completo, es decir, alguien que no quiere quedarse con sólo unas cuantas neuronas en funcionamiento.

Me gustó su personalidad, su afán de hacerme sentir cómodo y bien recibido en nuestra ciudad natal. Con él se pasa el tiempo muy bien. Y se aprende. Y supongo que quienes tiene más cercanos vivirán orgullosos de tenerlo como amigo.

¡Monchis es un buen chaval!