jueves, 8 de mayo de 2008

Oído y leído de paso...

-"He llevado el pelo negro, rubio, bicolor... rapada

-Y ahora, ¿de qué vas?



-¡Ahora voy de mí!"



Mónica Naranjo, en entrevista con Andreu Buenafuente.



"Nadie va a ser capaz de quererme como yo soy capaz de querer."


"Cuanto antes se borre el dolor y la mancha que te deja un desamor con otro amor mucho mejor".

"Soy una persona que necesita que me digan que me quieren como mínimo una vez al día, y que me toquen y que me acaricien... mira que he tenido un orgasmo sólo con besos y caricias, y follando he llorado de felicidad, he querido que se acabara el mundo en ese momento. He tocado el cielo follando"·


Fernando Tejero en entrevista para la Revista Zero

miércoles, 7 de mayo de 2008

No permitas que te olviden

Hay muchas maneras de matar a una persona: se puede deslizar una seta venenosa entre un plato de inofensivos champiñones; con los ancianos y los niños es fácil fingir una confusión en los medicamentos. Se puede conseguir un carro y, tras atropellar a la víctima, darse a la fuga. Con el tiempo y la crueldad necesarios, es posible seducirla con engaños, asesinarla a bala o puñal en un lugar tranquilo, y deshacer luego el cadáver. Cuando no se quiere manchar las propias manos, no es sino salir a la calle y pedírselo a alguien con menos escrúpulos y menos dinero. Existen los químicos, brujería, envenenamientos progresivos, palizas por sorpresa o falsos atracos que terminan en tragedia.

Pero sin duda hay un método más fácil: El Olvido. La memoria, que se vuelve frágil con la edad, ayuda a enterrar el pasado. Cierra las puertas para que no aparezcan antiguos fantasmas y los muertos no regresen de la muerte. Se olvida todos los días. Se olvida tantas veces, a tanta gente. Pasa el tiempo, continúa la vida y los lugares son ocupados por otras cosas, por otras personas.

Luis Fernando Afanador
en la Revista Semana,
acerca de Melocotones Helados,
novela de Espido Freire.

martes, 6 de mayo de 2008

¡No como yo!


Al perderte yo a ti
tú y yo hemos perdido.
Yo, porque tú eras lo que
yo más amaba,
y tú porque yo era
el que te amaba más.
Pero, de los dos,
tú pierdes más que yo.
Porque yo podré amar a otros
como te amaba a tí
pero a tí no te amarán
como te amaba yo.

Ernesto Cardenal