miércoles, 5 de septiembre de 2012

Del libro Veinticinco Centímetros



No voto por el corazón ni por el alma.
El primero es un egoísta de primera:
sólo se entrega de verdad a su dueño.
Con la segunda no se puede contar:
vive en estado de coma.

El cuerpo, en cambio, quiere ser de la crema y la basura.
Es el demócrata de la casa.
Y si no lo hace es porque no le queda tiempo
o le han puesto una camisa de fuerza
o los otros cuerpos no lo encuentran comestible...

¿Cómo no decidirse por un candidato que odia las distancias?

Además, tiene la costumbre de apartarse de todas las consignas
a altas horas de la noche.

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