viernes, 25 de abril de 2014
jueves, 24 de abril de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
En el día del idioma
Qué tal que el Día del Idioma tuviese más de veinticuatro horas y se las dedicáramos todas a las palabras; a esas palabras que aún no nos hemos dicho vos y yo: ni vos a mí -qué nostalgia- ni yo a vos -qué desperdicio y qué remordimiento-; ni vos a vos, lo sé, ni yo a mí misma, no lo niego. Tal vez por eso se nos dio la guerra; la guerra grande, la enorme, la inmensa que es la nuestra; la más destructora aunque sin tanques y sin bombas y, los más desastroso, en este caso, sin armas, porque no dispusimos de ninguna para vencer al enemigo miedo, al enemigo envidia, al enemigo fiero; no dispusimos de ninguna tan fuerte que nos mantuviera unidos; la guerra entre vos y yo, esa que nos separó por siempre, que es distinto. Porque si un Día del Idioma llegase a tener más de veinticuatro horas, yo podría dedicarlo a las palabras, a esas palabras que me ayudarían a aclararte cosas, si no todas, por lo menos dos: que te sigo amando y que si no te lo he dicho antes, es porque todos los días lo deseo pero pienso que ciertas cosas es mejor callarlas; pero el veintitrés de abril considero que las palabras valen tanto y que a vos y yo nos hacen tanta falta, que necesitaría más de veinticuatro horas para pronunciar las mías y escuchar las tuyas, claro, si quisieras decirlas, luego de escucharme.
¡Qué tal que el Día del Idioma tuviese más de veinticuatro horas y vos y yo nos armáramos de valor y le rindiéramos un homenaje justo a la palabra!
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