miércoles, 31 de julio de 2013

El mercado de la carne

Este post es una adaptación del texto que publicó en su web el editor de Beautifulmag.

Hace unos años.

Ilustración: Glen Hanson
Entras en un bar. El lugar está lleno de chicos y chicas. Algunos solos y otros en pareja. De distintas nacionalidades. Vas saludando a la gente, explorando lo que la noche puede ofrecer. Ves a una persona interesante y te le acercas. No responde. Te encoges de hombros y sigues el recorrido por la barra y ves a otra persona que te gusta. Le dices hola. Te mira a la cara y gira la cabeza sin decir ni una palabra. Un poco grosero. Una vez más miras alrededor y después de un tiempo alguien viene a hablar contigo. Te gusta lo que ves y respondes con alegría. La conversación que sigue es agradable y entretenida. Hablan de los que han hecho esta noche, de sus intereses comunes y rápidamente la conversación se hace más personal (¿Estudias o trabajas? ¿Tienes pareja? ¿De qué signo eres?...). Al mismo tiempo, otra persona te dice hola y al volver la cara a tu primer interlocutor, ha desaparecido. Sigues adelante y continúas intentándolo. Pero, por alguna razón, o te ignoran o desaparecen después de unas primeras palabras. Parece bastante irreal, pero es ( o era) así.

Comienzos del siglo XXI.

Ilustración: Ismael Álvarez
Con la llegada de internet y las redes sociales, los objetivos y los métodos han cambiado. Aplicaciones gratuitas en el móvil, el ordenador y la tablet, la mayoría de forma gratuita, que dan libre acceso a encuentros digitales cuyo objetivo primordial es la búsqueda de un encuentro sexual. Parece que hay tantas aplicaciones como usuarios. Pero seamos realistas. Puede parecer divertido y emocionante, pero está lejos de ser fácil. Mantiene a la gente alejada de lugares más convencionales, como bares, discotecas o pubs,  y -peor aún- todo el mundo en el bar está inmerso en su teléfono "inteligente", lo cual ha cambiado drásticamente nuestro comportamiento social. No hay lugar para la conversación. Los buenos modales han dado paso a la grosería. Admítelo: ¿cuántas veces has intentado hablar con alguien y después de compartir tu foto simplemente no te contesta? Y admite también cuántas veces lo has hecho tú. ¿Realmente nos hemos vuelto tan superficiales que sólo estamos viendo el aspecto físico (con la esperanza de que esa sí sea su foto) con el único fin de una relación sexual? ¿Nos hemos convertido en redes sociales de adictos que lo único que pensamos para conocer a alguien es ir de compras a un mercado de carne virtual donde lo que ves no siempre es lo que obtienes? ¿Qué pasó con la emoción de los encuentros en tiempo real? ¿El coqueteo? ¿El cortejo? Parece que estas herramientas no son otra cosa que una herramienta de la masturbación digital. Qué triste saber que cuando estamos creciendo y madurando en otras cosas, parece que estamos perdiendo esa capacidad que separa a los humanos de otras formas de vida: el contacto social.

martes, 30 de julio de 2013

No lastimes este amor que tanto te ama

Por Gerardo Meneses Claros
Ganador del VI Concurso Departamental de Cuento, 
Huila (Colombia), 1998.

Imagen: Abel Cruz
No es que sea masoquista, no. Pero cada domingo cuando después de misa comienza en la emisora "cita con el ayer", el programa de la nostalgia, llamo y pido con un nombre distinto cada semana, ese disco que empieza diciendo: "Amor perdido, si como dicen es cierto que vives dichoso sin mí, vive dichoso, quizás otros brazos te den la fortuna que yo no te di". Unas veces le canto el pedacito al locutor y otras veces le digo el nombre: Amor Perdido; sólo por despistarlo  aunque yo creo que él hace rato sabe que soy la misma persona que llama siempre, así me cambie de nombre o esconda la voz tras un pañuelo.

No sufro. Le doy el volumen al radio y mi escoba cómplice me sirve de micrófono y lo imagino sentado en el escaño del zaguán como único espectador, sintiendo una a una cada nota de esta canción que la hicieron como para mí. Y se la canto fuerte, con ganas, haciendo dúo con la Landín, cerrando los ojos cuando dice que todo fue un juego, no más que en la apuesta yo puse y perdí. Y me acerco a su cuerpo y le bailo coqueta cuando la orquesta hace ese solo divino de trompetas que me enerva cada vez que lo oigo. "No, no sufro, ya no. Solo que un amor tan grande no merece un olvido tan cruel". 

No le hace que haya sido él quien se haya ido. No le hace que desde ese día me haya vuelto otra. Porque la misma no soy desde la madrugada que me desperté con él al lado pero con la sensación de haber dormido sola. Lo vi levantarse desnudo y ponerse la ropa aún en la penumbra del cuarto, lo vi sacar del armario sus cosas sin decir palabra y lo vi salir erguido, imponente, como es él, sin volverse a mirarme sino siguiendo la línea del horizonte que ya otra mujer le había trazado y que él, por ser hombre, iba a seguir. 

No le pregunté nada porque sabía que nada me respondería, pero a partir de entonces empecé a pegar una a una en cada rincón del corazón, las imágenes que vivimos juntos y que habrán de acompañarme hasta la muerte cuando haya completado el álbum que quiero mostrarle el día que decida volver. Y si no vuelve, allá él, él es el que se lo pierde.

Fue mu vida y yo fui la suya, pero bien claro que sí lo tengo: el corazón de nosotras está hecho de otra cosa diferente del de ellos.

Por eso lo entiendo. Por eso este mundo anda y seguirá andando. Porque eso lo sé, ellos tienen el corazón diferente, el alma distinta del de una, porque si no, cuál sería la gracia. 

lunes, 29 de julio de 2013

Oído y leído por ahí



Oí a un periodista escocés hacer un crítica al director técnico de la selección de su país.  Dijo: "Quién iba a pensar que detrás de esa imagen de bastardo e hipócrita, lo que había era un bastardo e hipócrita".