sábado, 24 de septiembre de 2011

En el día de tu santo, Merche.


Hoy es el día de Nuestra Señora de las Mercedes, llamada también Generala de los Ejércitos Celestiales, la Mujer Vestida de Sol y la Reina de la Paz, que cuenta con numerosos devotos en España y en América Latina. Recuerdo las celebraciones de su fiesta en la parroquia de San Benito de Palermo, en Medellín, templo al que está consagrada, y las cadenas y grilletes que lleva en su mano, como Patrona de los Reclusos. Me acuerdo que di mis primeros pasos de salsa con esa canción de Joe Arroyo. En mi antigua casa familiar había una gran litografìa suya y mi madre siempre me contó que fui presentado ante su imagen en el templo donde fui bautizado, para que me "librara de todo mal y peligro y me apartase de una mala hora que me llevase a la cárcel".

¿Por qué hablo hoy sobre esta advocación de la Virgen? Porque como en España se celebra también el día del santo (además del cumpleaños), no puedo dejar pasar la ocasión para una mujer que hace honor a su nombre: Mercedes, mi amiga Merche. Ella, además de ser una excelente amiga, es la persona más generosa que he conocido, la que comparte lo que tiene con los que tienen un apuro, que no se fija si a quien ayuda le acaba de conocer o es un viejo amigo. Siempre está lista para apoyar, aconsejar, sacarte una sonrisa, devolverte los ánimos. Se preocupa por todo y por todos. Ha recibido muchísimos desengaños de esas personas a quienes a favorecido con sus virtudes, pero como no lo hace esperando algo a cambio, vuelve a regalarse una y otra vez a otro ser humano a quien ella sabe que puede echar una mano.



Feliz día de tu santo, Merche.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Se venden las paredes del ático de Sara Montiel




Señora mayor, caduca y chocha, vende casa maravillosa en el barrio de Salamanca de Madrid, con una piscina maravillosa, 3 ó 4 dormitorios (ella no sabe con certeza cuántos), una piscina maravillosa que si no sabes nadar te ahogas, una terraza estupenda, maravillosa, con la televisión más grande que se haya hecho (de 80 u 85 pulgadas), donde se pueden ver películas suyas y de amigas suyas como Marlene Dietrich y Greta Garbo. Tiene que ser para gente muy abierta y joven también de mente, que le guste una casa clásica con sus ventanales y sus cortinas (o sin ellas). Se venden solo las paredes... No están incluídos los dos millones y medio de porcelanas, angelitos dorados, discos de vinilo de La Violetera, ni los jarrones chinos (o de tienda china) de dos metros de alto, ni los cuadros que no dejan ver el color de la pintura de las paredes, ni el agua estancada de la piscina maravillosa, ni el sillón auténtico Luis XVI, ni los siete amigos de su hijo con sus respectivas novias, ni esa medusa que lleva en la cabeza.

La señora María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Aurelia Esther Dolores Abad Fernández, conocida artísticamente como Sara Montiel no vende la casa por nada del mundo, excepto que le pongan delante tres millones cien mil euros (3´100.000 €).

NOTA: No cobro comisión a Idealista.com ni a La Saritísima.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Olvidar o Recordar?

"El 21 de septiembre es la fecha elegida por la Organización Mundial de la Salud y la Federación Internacional de Alzheimer para dar a conocer la enfermedad y difundir información al respecto, solicitando el apoyo y la solidaridad de la población en general. La enfermedad de Alzheimer es un desorden progresivo, degenerativo e irreversible del cerebro que causa la debilitación, la desorientación y una eventual  muerte intelectual. Su nombre proviene de Aloís Alzheimer, un neurólogo alemán que en 1907 describió los síntomas que presentaba una mujer de 48 años como graves problemas de memoria así como las características neuropatológicas de la enfermedad de Alzheimer."

"Debilidad, dolores de cabeza, vértigos, insomnio suave, irritabilidad, pérdida severa de memoria, cambios repentinos del humor, comportamiento infantil, son algunos de los síntomas que se han descrito como característicos de esta enfermedad que aqueja a gran número de personas en el mundo.  La Enfermedad de Alzheimer, la causa más frecuente de demencia en los ancianos, es un trastorno grave, degenerativo, producido por la pérdida gradual de neuronas cerebrales, cuya causa no es del todo conocida. Se trata de una enfermedad muy rara en los pacientes jóvenes, ocasional en los de mediana edad y más frecuente a medida que se cumplen años. La enfermedad afecta a las partes del cerebro que controlan el pensamiento, la memoria y el lenguaje. Aunque cada día se sabe más sobre la enfermedad, todavía se desconoce la causa exacta de la misma y hoy por hoy no se dispone de un tratamiento eficaz."

Triste es ver cómo van perdiendo la memoria la madre, la abuela, el tío. Cómo su lucidez se va apagando y se vuelven como autistas que de repente vuelven a la realidad, pero a una realidad de 40 ó 50 años atrás. La abuela te confunde con tu padre y te cuenta historias que eran para él. Y quieren cerrar la puerta de la casa del pueblo o te manda a vigilar el corral de las gallinas. Tienen un cajón de recuerdos que se abre automáticamente, pero no tiene a mano la información sobre si es momento de cenar o de desayunar.

Hay tantos recuerdos guardados allí, revueltos, dispersos, gaseosos. Aún no sabemos qué podrá sentir un enfermo de Alzheimer, cuya mirada nos expresa como está perdido en los recovecos de su mente. Angustia, impaciencia, incomprensión, desorientación... Sus cercanos no saben cómo afrontarlo y tienen que sacar fuerzas de flaqueza para la convivencia (otros se desharán de ellos en un "centro especializado").

Los recuerdos son parte de nuestra historia, han formado nuestro carácter y nuestra actitud vital. Aunque siempre he dicho que nos falta en nuestro diseño un "interruptor de emociones", algo así como un "On/Off" para lo que nos duele, nos daña o nos causa pesadillas y pesares, es una pena que poco a poco vayamos perdiendo la noción de quién es esa persona que nos cuida todos los días, que ha vivido con nosotros muchas décadas, con la que nos casamos enamorados en la juventud, que no sepamos quiénes somos, que olvidemos hasta el nombre.

Ojalá no olvidásemos nunca aquel beso, la primera mirada enamorada, los amigos a quienes elegimos como hermanos, aquel viaje entusiasta, la primera aceptación, aquel premio en un concurso, aquellos ojos por los que nos colamos en un alma. Ojalá olvidáramos los desprecios, el odio, la injusticia, los errores con los que hemos hecho daño a otros, como una absolución.

Ojalá no se cierre el Banco de Recuerdos y que cada día tenga más y más depósitos.