miércoles, 29 de septiembre de 2010

¡Diez años ya!

Pasajeros con destino Madrid-Barajas, vía Miami. Maletas. Ilusiones. Enamorado. Nuevas expectativas. Madrid de los Austrias. Calle de los Mancebos. Viejos amigos. Nuevos oficios. Danzante para la tercera edad. Recogedor de desechos hospitalarios. Ensobrador de publicidad. Dependiente de Objetos del Mundo. Camarero. Curso de teleoperador. Expositor de fotografías. Cenas de lujo y conciertos clásicos. Museos, plazas y paseos. Mudanzas en el metro. Navidades sin familia. Desempleo. Cama de prestado. Filas por papeles. Cambio de ciudad. ¡Vuelve a empezar!

Zaragoza. Piso de alquiler. Nueva gente. Otros cursos. Hostelería. Repartidor de publicidad. Agencia publicitaria. Dependiente de locutorio. Desempleo. Viajes al extranjero. Ciudades que se caminan. Separación afectiva. Desenamoramiento. Depresión y ansiedad. Vivir solo. Apartamento nuevo. Cama sola. Animal de compañía. Ofrendas. Probar. Buscar. Aprender. Crecer. Aconsejar. Empatizar. Nuevos compromisos. Rupturas. Amigos que se han perdido. Amantes que se volvieron amigos. Amados que murieron. Amados que no se olvidan. Amigos de los buenos. Meteduras de pata. Explotación laboral. Racismo. Decepciones. Desengaños. Excepticismo.

Volver a la tierra madre. Regresos temporales. Amigos que siempre están. Visados denegados. Doble nacionalidad. Muere la abuela. No nos despedimos. Se gradúa el sobrino. Tampoco pude ir. Hermana que se casa. Ausencia en su boda. Título homologado. Salarios que no llegan. Palabras falsas. Palabras de corazón. Sentimientos reales. Soledades compartidas. Soledades tenebrosas. Sonrisas que se aprecian. Ni timonel ni dirección. Todo, ¿para qué?

Payaso. Bufón. Cretino. Prepotente. Tontico. Simpático. Inteligente. Subvalorado y subestimado. Sobrecargado. Malquerido a veces. Desqueriente otras. Otoñal por dentro. Primaveral por fuera.

¡Diez años ya! Diez años sin billete de regreso. Estado de limbo. ¿A qué volver? ¡Adelante es al frente! ¿Hay un horizonte? ¿Hay algo allí? ¿Qué esperar?

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lo que me interesa

Me encontré este texto en un viejo cuaderno de apuntes:

No me interesa lo que haces para ganarte la vida. Quiero saber cuál es tu dolor y ti te atreves a soñar que te permites encontrar lo que tu corazón añora.

No me interesa cuántos años tienes. Quiero saber si te arriesgarías a parecer un tonto por amor, por tus sueños o por la aventura de estar vivo.

No me interesan qué planetas hacen la cuadratura de tu luna. Quiero saber si has tocado el centro de tu propio dolor, si las traiciones de la vida te han abierto o si te has encogido y cerrado por el temor de sentir más dolor. Quiero saber si puedes sentarte con el dolor, mío o tuyo, sin moverte para esconderlo o para resolverlo.

Quiero saber si puedes estar con el GOZO, tuyo o mío; si puedes danzar salvajemente y dejar que el éxtasis te llene hasta las yemas de los dedos de las manos y de los pies, sin advertirnos que debemos tener cuidado y ser realistas, ni recordarnos las limitaciones de ser humanos.

No me interesa si es verdadera la historia que cuentas. Quiero saber si puedes desilusionar a otra persona para ser auténtico contigo mismo, si puedes soportar la acusación de ser un traidor y no traicionar tu alma. Quiero saber si puedes ser fiel y por lo tanto confiable.

Quiero saber si puedes sentir la belleza aún cuando no todos los días son bellos, y si puedes encontrar la fuente de tu vida en su presencia.

Quiero saber si puedes vivir con el fracaso, tuyo o mío, y a pesar de ello pararte a la orilla de un lago y gritar "¡Sí!" al plateado de la luna llena.

No me interesa saber dónde vives ni cuánto dinero tienes. Quiero saber si puedes ponerte de pie, después de una noche de dolor y desesperanza, agotado y golpeado hasta los huesos, y hacer lo que hay que hacer por los niños.

No me interesa quién eres ni cómo llegaste aquí. Quiero saber si permanecerías conmigo en el centro mismo del fuego sin echarte atrás.

No me interesa dónde has estudiado, ni qué has estudiado, ni con quién lo has hecho. Quiero saber qué es lo que te sostiene desde adentro cuando todo lo demás falla.

Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo y si te agrada verdaderamente la compañía que buscas en los momentos vacíos.

Sin más "palabras",

Elizabeth

domingo, 26 de septiembre de 2010

Otra de soledades: Tristes Amaneceres

Por Mariana Jara
Metro

Toni dice que no le gusta llegar a su casa porque sabe que nadie lo está esperando, por eso dejó morir las plantas que alguna vez tuvo en su balcón, para evitarles el dolor a la soledad, me contó. Hace tiempo que su alma suena a tango triste y no levanta cabeza. Debe de ser por eso que escucha tanto a Gotham Project. En teoría tiene todo para ser feliz, un buen trabajo en una agencia de publicidad, mujeres no le faltan, una vida social divertida, un ático con terraza y todos los DVD que quiere, sin embargo algo le hace tirar para abajo. Creo que le gusta recrearse en el dolor. Lo quiero infinitamente, pero me da mucho miedo contagiarme de esa nostalgia inconcreta, que tiene que ver más con lo que no se hizo bien, con los errores que se cometieron en el pasado, que con la gente que ya no está. Cada vez que tiene la incierta posibilidad de ser feliz, prefiere el camino contrario.

Esta mañana, mientras escuchaba a Diana Krall, me llamó para contarme un sueño. "Siento que estoy durmiendo con una mujer que no sé quién es, pero estoy muy a gusto y todo es maravilloso, y de ponto, se da la vuelta y sus ojos ya no son los mismos y su cuerpo empieza a cambiar, igual que su rostro, y va cambiando mil veces, tanto, que van pasando cientos de mujeres y ya ni sé quién era ella al comienzo y me despierto angustiado, desesperado, porque ya no sé quién era". No hay que ser Freud para adivinar lo que hace tiempo tengo claro. Toni se acostumbró a la melancolía, no tiene a nadie a quien extrañar, sin embargo sigue extrañando. Su última relación seria fue a los 25 años y acaba de cumplir 34, a partir de entonces nunca más se ha querido enamorar. Prefiere estar siempre de paso en la vida de la gente, porque tiene ese medio generacional que todos los treintañeros, que andamos perdidos buscando algo que nos ayude a cruzar ese vacío que se abre como un abismo entre la felicidad y el vivir.

Por eso sus relaciones nunca duran más de un mes y tiene todo un decálogo de normas: no le gusta llevarlas a casa, no llamarlas todos los días, no pasar nunca un día con ellas después de hacer el amor, nunca planear viajes juntos y no conocer a sus amigos. Así no engaña, ni se engaña, dice él. Después de 20 minutos de oírlo quejarse de que era el ser más infeliz de la tierra, me atrevía a contarle que hace algún tiempo la melancolía duerme en su cama. "Son esas mañanas en que le temo a la vigilia, porque en mi duermevela siempre pasa lo mismo. Él, que es el mismo de siempre, se levanta, como lo hacía antes, y ronda por la casa como un león controlando su territorio, para volver con todo su cuerpo a mi lado y buscar el calor de mi espalda, en un fuerte abrazo que me transmite la seguridad que emana del cariño. En mi sueño, los dos soñamos los mismos sueños, hasta que suena el despertador. Sólo que ahora cuando suena, ya no está, ni siquiera queda su olor y mis ojos se abren con una cortina de lágrimas. Y con un té con leche empiezo a resucitar y comienzo a encaramarme nuevamente arriba del mundo para que vuelvan a existir los minutos, las prisas, las reuniones, los proyectos y las nuevas conquistas".

Toni quedó algo sorprendido con mi confesión. "Hostia, tía, por qué no me lo habías dicho, y yo aquí dándote la lata con mis tonterías". Uno a veces ayuda a sus amigos sin quererlo.