miércoles, 1 de abril de 2009

Visto y leído en el metro de Medellín

¿Cómo aburrirse en el metro de Medellín? Además de limpio, cómodo y confortable, se tropieza el usuario con apartes de obras de conocidos autores antioqueños y colombianos. Como esta de León de Greiff que publico aquí y que siempre me ha gustado, a pesar de o por su deprimente belleza.


RELATO DE SERGIO STEPANSKY
León de Greiff
¡Juego mi vida!
¡Bien poco valía!
¡La llevo perdida sin remedio!
Erik Fjordsson.


Juego mi vida, cambio mi vida,
de todos modos
la llevo perdida...

Y la juego o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo...
La juego contra uno o contra todos,
la juego contra el cero o contra el infinito,
la juego en una alcoba, en el ágora, en un garito,
en una encrucijada, en una barricada, en un motín;
la juego definitivamente, desde el principio hasta el fin,
a todo lo ancho y a todo lo hondo
—en la periferia, en el medio,
y en el sub-fondo...—

Juego mi vida, cambio mi vida,
la llevo perdida
sin remedio.

Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo...:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos:
todo, todo me da lo mismo:
lo eximio y lo rüin, lo trivial, lo perfecto, lo malo...

Todo, todo me da lo mismo:
todo me cabe en el diminuto, hórrido abismo
donde se anudan serpentinos mis sesos.

Cambio mi vida por lámparas viejas
o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil:
—por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil:
por los colgajos que se guinda en las orejas
la simiesca mulata,
la terracota nubia;
la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia:
cambio mi vida por una anilla de hojalata
o por la espada de Sigmundo,
o por el mundo que tenía en los dedos Carlomagno:
—para echar a rodar la bola...

Cambio mi vida por la cándida aureola
del idiota o del santo;
la cambio por el collar
que le pintaron al gordo Capeto;
o por la ducha rígida que llovió en la nuca
a Carlos de Inglaterra;
la cambio por un romance, la cambio por un soneto;
por once gatos de Angora,
por una copla, por una saeta,
por un cantar;
por una baraja incompleta;
por una faca, por una pipa, por una sambuca...
o por esa muñeca que llora como cualquier poeta.

Cambio mi vida —al fiado— por una fábrica de crepúsculos
(con arreboles);
por un gorila de Borneo;
por dos panteras de Sumatra;
por las perlas que se bebió la cetrina Cleopatra
—o por su naricilla que está en algún Museo;
cambio mi vida por lámparas viejas,
o por la escala de Jacob, o por su plato de lentejas...
¡o por dos huequecillos minúsculos
—en las sienes— por donde se me fugue, en grises podres,
la hartura, todo el fastidio, todo el horror que almaceno en mis odres...!

Juego mi vida, cambio mi vida.
De todos modos
la llevo perdida...

martes, 31 de marzo de 2009

La Felicidad...

Me gustó este pensamiento de Tomás Carrasquilla, instalado en uno de los accesos a una estación del metro de Medellín. No la define. Todos la buscamos, casi siempre fuera de nosotros mismos. En forma de otra persona. O del dinero. O del placer. Y la espantamos. O no la vemos. O nos distraemos en otras sensaciones.
¿Dónde estás, Felicidad?

Paisaje Urbano de Medellín


Estoy hasta los mismísimos huev... de quienes me preguntan si traje de Medellín farlopa, coca, marihuana o cualquier otro tipo de droga. No. No la traje y no entro en discusiones bizantinas. Pero sí cargué el disco duro de mi cerebro y algunos megas de mi cámara con las bellas imágenes e impresiones de esa bella y pujante ciudad, de Mi Ciudad. La de la Eterna Primavera, La Tacita de Plata. La que está orgullosa de su metro, de sus calles y avenidas; de sus artistas y de su arquitectura; de sus barrios populares y de sus urbanizaciones de lujo; de su modo de ser y de estar; de sus parques y centros culturales y de ocio; de ser la sede de la 50ª Conferencia del Banco Interamericano de Desarrollo; de tener gente amable, simpática, acogedora y cortés... ¿Alguien quiere más?

Como decimos allí, ¡Medellín es la berraquera, hombre!