lunes, 3 de agosto de 2020

No es la mascarilla







No asfixia la mascarilla

Un poema de Rafael Montoya Juárez



Coronavirus - ¿Qué tipos de mascarillas hay y quiénes tienen que ...




Asfixia el futuro
que acecha expectante
El peso del tiempo,
Lento, inexorable.

Asfixian las lágrimas
nunca derramadas.
Las frases no dichas

Las bocas tapadas.

Asfixia la vida
que ya no es la misma.
Como aquella estrella
que brilla ya extinta

Asfixia estar solo
entre tanto ciego.
Saberse distinto
y a la vez ajeno.

Asfixia el contagio,
probable, incierto.
Causarles un daño
a quien yo más quiero

Cuando me la quito
duele respirar.
No es la mascarilla,
es todo lo demás.

domingo, 2 de agosto de 2020

Sólo te llevas el Amor. Alex Lequio

Álex Lequio Ana Obregón carta antes de morir

“El problema más grande del ser humano -y el mío hasta que me dijeron que tenía cáncer- es la manera de entender la felicidad, de ser feliz. Me he pasado 27 años de mi vida intentando ser el mejor estudiante, graduarme en la mejor universidad, montar empresas y sentirme un cowboy del capitalismo, siempre anclado en el ‘más es mejor.’ Todo precioso y bonito hasta que un día te dan la noticia y no sabes cuántos meses te quedan de vida”, escribía Álex Lequio antes de morir.
"En un abrir y cerrar de ojos, te das cuenta de la importancia del ‘tiempo.’ Mejor aún, te das cuenta cómo y con quién quieres invertirlo. ¿Cuántas veces no he estado con mi novia por quedarme enviando correos hasta las 3 de la mañana? ¿Cuántas veces he ido a jugar con mi hermanita pequeña? ¿Cuántas veces habré ido a ver a mi madre? ¿Cuántas la he colgado? ¿Cuántas invitaciones rechazadas al cine con mi padre? ¿Cuántas? ¿Cuántas?”.
Y como escribía Ana Obregón, su madre,  Alex quería compartir con todos lo que había aprendido en su corta vida como consecuencia de su cáncer: “No soy nadie para darte un consejo pero quizás, Dios no lo quiera, un día recibas una llamada del hospital después de hacerte una tac, una placa o un análisis de sangre, invitándote a cerrar una cita con urgencia. Quizás ese día se sienten 7 médicos delante de ti y ‘bum’ todas esas metas por ser un as se evaporan. Al final sólo te llevas el tiempo y el amor que has dedicado a las personas que quieres, a las que... ”, escribía el joven Alex Lequio sin poder terminar su carta.

domingo, 5 de julio de 2020

¡No me gusta...!




No me gusta esta pandemia, llena de miedos, de ansiedad, de desinformación, de fakes, de falsos profetas de las soluciones y de los oscuros augurios. 

No me gustan los impasibles olvidadizos, que creen que "eso es para los demás, a mi no me va a pasar".  

No me gustan los políticos que sólo quieren mantener sus sueldos, sus dietas, sus privilegios; aquellos para los que el sentido de servicio a su país es letra muerta.

No me gustan las faltas de educación. No me gusta usted que no contesta cuando se le dan los buenos días. No me gusta que no ceda el asiento a una persona que lo necesita más que usted. 

No me gustan los que siguen creyendo que deben estar de primeros en todas las filas, en ser atendidos, en subirse al bus...

No me gustan sus pies sobre el asiento.

No me gustan sus basuras en el suelo (llámese mascarilla, cáscara, servilleta, colilla o popó de su perro). No me gustan los que creen que su falta de solidaridad y de civismo se cubre pagando una multa. 

No me gusta el inspector de tranvía que va señalando a quien lleva mal puesta la mascarilla pero él va a cara descubierta. No me gusta el aviso de obligatoriedad de su uso en el autobús, pero el conductor no lleva. 

No me gustan las farolas y las marquesinas llenas de anuncios de compradores de casas (que no tienen para pagar anuncios en condiciones pero sí para explotar a quienes empapelan la ciudad con cuartillas amarillas y cinta de carrocero).

No me gustan los racistas, los LGTBImófobos, pero tampoco los heterófobos ni feminófobos. Ni mucho menos los que se creen de mejor raza (cuando son el maravilloso producto de las mezclas de múltiples culturas y procedencias).

No me gusta la falta de empatía, de generosidad. 

No me gustan los egoístas. 

A veces, no me gustan ciertos humanos.

¡A veces no me gusto ni yo!