martes, 6 de septiembre de 2011

Reflexión ecológica

¡Qué épocas tan diferentes! 
Un discurso sobre la Onda Verde

 
En la fila del supermercado, el cajero le dijo a una señora mayor que debería traer su propia bolsa de compras ya que las bolsas plásticas no eran buenas para el medio ambiente.

La señora pidió disculpas y explicó: "Es que no había esta onda verde en mis tiempos."

El empleado le contestó: "Ese es nuestro problema ahora. Su generación no tuvo suficiente cuidado para preservar nuestro medio ambiente."


Entonces la señora le hizo esta reflexión:

Tiene razón: Nuestra generación no tenía esa onda verde en esos tiempos.

En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosas y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la planta para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que podían usas las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

Pero no teníamos onda verde en nuestros tiempos.

Subíamos las gradas, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio y oficina. Caminábamos al almacén en lugar de montar en nuestro vehículo de 300 caballos de fuerza cada vez que necesitábamos recorrer dos calles.

No teníamos una onda verde en nuestros días.

Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en esas máquinas consumidoras de energía sacudiéndose a 220 voltios; la energía solar y eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.

No teníamos la onda verde en nuestros días.

En ese entonces teníamos una televisión, o radio, en la casa: no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio. En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hicieran todo por nosotros. Cuando empacábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no plástico de burbujas o bolitas plásticas.

En esos tiempos no encendíamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el pasto. Usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre pistas mecánicas que funcionan con electricidad.

No había en esos tiempos una onda verde.

Bebíamos de una fuente cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas plásticos cada vez que teníamos que tomar agua. Recargábamos las plumafuentes con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las hojillas de afeitar en vez de echar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.

Pero no teníamos una onda verde por entonces.
En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o un ómnibus y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o caminaban, en lugar de usar a la mamá como un servicio de taxi de 24 horas. Teníamos un enchufe en cada habitación, no un banco de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales de satélites a kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.

Así que ¿no les parece lamentable que la actual generación esté lamentándose de cuán botarates éramos los viejos por no tener esta onda verde en nuestros tiempos?

lunes, 5 de septiembre de 2011

Me han premiado otra vez

Premio otorgado por Observatorio Gay Granatense


No siempre la gente se enfada porque le corrijan sus errores. Como seguidor frecuente del Observatorio Gay Granatense, escrito con buena pluma (o debería decir tecla), finísimo humor e ironía y perfecta documentación, me encontré un error de expresión que me tomé la libertad de comentar en privado con su autor. No voy por los blogs navegando en busca de meteduras de pata, pero esta me recordó la corrección que me hizo en su momento el profesor de español en el bachillerato.

A raíz de ello, Andrés, el Observador Granatense más avezado que conozco (así sea vía mail/blog), me concedió el premio que orgulloso ostento ahora. Todo por explicarle que no es correcto decir indiosincracia (sic), sino idiosincrasia que, según la Real Academia de la Lengua Española significa:

(Del gr. ἰδιοσυγκρασία, temperamento particular).
1. f. Rasgos, temperamento, carácter, etc., distintivos y propios de un individuo o de una colectividad.

Gracias Andrés por el premio, inmerecido, que acepto como un honor. (Es lo que se dice en estos casos, pero uno siente su orgullo henchido.Cosas de la idiosincrasia).

domingo, 4 de septiembre de 2011

Los amortales

Parece que hay una nueva "raza" de humanos: Los amortales. Aquellos que viven de la misma manera toda su vida, haciendo las mismas cosas desde la adolescencia, sin importarles lo adecuado (¿qué es lo adecuado?) para su edad. Ignoran la certeza de la muerte y continúan detrás de sus aspiraciones vitales. Tengan la edad que tengan, siguen escalando montañas, catando vinos, tatuándose o perforándose la piel, disfrutando de nuevas tecnologías... Su idea es como la de Ikea: "Tengo derecho a mi fiesta".

Un amortal vive pensando y actuando como cuando era más joven. No estoy en desacuerdo con vivir la vida con intensidad, haciendo lo que te dé la gana, sin molestar a los demás. Lo que no  creo que sea sano es que alguien de sesenta años se comporte como si tuviera 19. Como ciertas personas, sobre todo del mundo de la farándula que siguen creyéndose, gracias al botox, a los ácidos inyectables paralizantes  de músculos, a mascarillas de oro o de barro -da igual- que aun tienen 25 y pretenden seguir representando papeles de jovencitas o de galanes protagonistas de telenovelas.  La edad es solo "una acumulación aritmética de días, semanas, meses y años, pero mantenerse joven es un estado mental. Y este no se nota en el vestuario, ni en la ausencia de arrugas, sino precisamente es algo más profundo, la psiquis.
Jeffry Life, 72 años

Y esa psiquis hace que Mick Jagger siga a los 68 años subido a un escenario y llenando estadios de fans de todas las edades. Pero lo que no concibo es vivir como avestruces, temiendo a la decadencia física y a la muerte, haciendo como si no existieran, atiborrándose de terapias hormonales antienvejecimiento, tintes para las canas y el doble de horas de gimnasio que a los 20, y seguir siendo talluditos peterpanes que, igual que todos, terminarán siendo cadáveres bonitos, pero cadáveres al fin y al cabo.

 Aceptar la vejez no es malo. Es apreciar la sabiduría que se acumula y sentirse cómodo con las arrugas. Lo peor es que los amortales se vuelven depresivos cuando se ven obligados a afrontar la realidad.

Tomado de XL Semanal