Me enamoré. Le amé. Juntamos dos soledades. Bastó un encuentro, fallido la primera vez. Volvimos a intentarlo. Se asustó y huyó. Volvió. Y esta vez parecía en serio. Pero su manera de ver la vida, el amor, el sexo, era diferente a la mía. Pero insistimos por caminos diferentes. Lo que para uno eran simplemente noches de vino y erotismo, para otro era ponerle corazón. Un día se cansó. Y se fue sin dejarse perder de vista. Le vi enredarse con otras personas. Le vi sufrir por un enamoramiento que le causó mucho dolor y le escuché su pena. Lloré su tristeza y lloré perderle. Pero un buen día, o mejor, una oscura noche, decidí dejarle vivir su propia vida y hacerme a un lado. Ahora camina por la ruta que ha elegido. Aprenderá, seguro, poco a poco, con dificultades y alegrías efímeras. Me he sorprendido al encontrarle otra vez, por casualidad, y descubrir que no teníamos palabras tras un frío saludo en la calle. No teníamos voz o no sabíamos qué decirnos. Es la lección que he aprendido. Ya no somos más que dos historias terminadas. Porque una pareja la forman dos que quieren lo mismo. No basta con que uno ame y el otro se deje querer.
Lo peor son las comparaciones. Y no dejo de comparar ahora, que se me ha quitado la venda de los ojos y veo todo distinto. He conocido gente que tiene menos lastres que los enfrenten contra su propia plenitud, gente abierta de mente y de corazón, a pesar de sus tristezas interiores. Gente que ama físicamente de otra forma, quizás mejor, no lo sé. Gente que no teme entregarse... Ahora no dejo lo que sea por acudir a una invitación suya. Solo le deseo que sea feliz, que encuentre todo lo bueno que merece.
Pero me da rabia meter su fantasma a mi cama cuando tengo otra compañía. Porque me doy cuenta que son mucho mejores. Porque antes no veía más que por sus huesos, sus ojos y su presencia ocasional. Porque "no es la misma cosa".
Después de tanto soportar la pena de sentir tu olvido, después que todo te lo dio mi pobre corazón herido, has vuelto a verme para que yo sepa de tu desventura por la amargura de un amor igual al que me diste tú.
Ya no podré ni perdonar ni darte lo que tú me diste has de saber que en un cariño muerto no existe rencor
Y si pretendes remover las ruinas que tú misma hiciste Sólo cenizas quedarán de todo lo que fue mi amor.