miércoles, 7 de enero de 2009

De sueños y alas


"Prefiero pasar mi vida
con los pájaros
a estar soñando
con tener alas".


Escuchado anoche a un personaje de House.

sábado, 3 de enero de 2009

Toma Pepsi. ¡Desinhíbite!



Nuevo guiño de los creativos publicitarios al filón que significa el consumidor gay. Esta vez Pepsi nos sorprende con el subliminal concepto de que su bebida da el valor y la desinhibición que antes (se cree) da el alcohol. Al menos la compañía es consecuente: otorgó un donativo de 500 mil dólares a la asociación Padres y Amigos de Lesbianas y Gays (PFLAG, en inglés) a través de su Fundación. El dinero será destinado a desarrollar programas laborales que brinden trato igualitario a trabajadores hetero y homosexuales.

Este spot publicitario ha levantado protestas entre grupos conservadores que ya hicieron un llamado al boicot. La organización cristiana AFA es una de las más molestas con la decisión de Pepsi. El pasado julio, McDonalds, empresa que también decidió apoyar la causa gay, fue objeto de boicots y protestas.

Aunque siempre he dicho que me molesta que a las personas se les ubique y catalogue, o se las meta en "guetos", aplaudo esta decisión de la compañía de no ceder ante las presiones de boicots por parte de distintas agremiaciones e implicarse con la comunidad LGTB, modernizando conceptos y dejando de lado a las "muñecas" hechizas con que tradicionalmente se incita al consumo del público heterosexual machista.

jueves, 1 de enero de 2009

Otros 365 días



Dicen que los aborígenes australianos se ríen de los seres humanos que celebran el paso del tiempo. Y esto viene a cuento con la pasada (por fortuna) festividad de nochevieja. Parece que es una obligación en el mundo occidental celebrar que se acaba un año. Una manera de contar el tiempo simplemente. Pero hay que salir de fiesta (aún en épocas de la tan manida crisis), pararse dos horas en medio de la multitud, con un frío que pela, mirar fijamente un reloj de la plaza, atragantarse de uvas (que ya vienen sin pepitas y sin piel), beber como camellos que van a atravesar el desierto, besar sin ton ni son a conocidos y extraños, disfrazarse de la manera más hortera que se ocurra y simular que se es feliz.

Un día es un día. Veinticuatro horas. Y el 31 de diciembre, una fecha que alguien decidió que es la última de cada año, es un día como cualquier otro. También con 24 horas, aunque intentemos prolongarlas hasta la mañana siguiente, que ya es la de otro día. Sale el sol, como lo ha hecho siempre. Y las preocupaciones siguen ahí. Y los afanes, los desaciertos, las luchas por la supervivencia física y afectiva. Un año puede comenzar cualquier día. Siempre he dicho que debería celebrarse el día del cumpleaños. Es ahí cuando se comienzan a contar su tiempo. Alguien piensa que debería ser en el inicio de la primavera, cuando todo vuelve a salir a la vida después del otoño y el invierno. No deja de ser un ciclo.

Ayer me agobió la nochevieja. Tanta gente, tanta alegría que me sonaba falsa. Tantos solitarios juntos. Tanta cacería. Salí paso a paso, huyendo. No sé si era dolor propio o colectivo. Sólo quería regresar a casa. A mi refugio. A encontrarme conmigo mismo. A ver si me encuentro en la oscuridad.