miércoles, 8 de agosto de 2007

Rabiosamente azul











Cuenta un amigo mío, que se mantiene muy tieso y muy majo y tiene una pasmosa habilidad visual, que le gustan tanto como a mí los cielos agosteños de Zaragoza. Y es que este verano me he dado cuenta de que el cielo de la capital "maña" es rabiosamente azul, aunque en estos tiempos de cambios climáticos en ocasiones se le ocurre pintarse con brochazos de nubes y rememorar un delicioso otoño. Pero me quedo con ese azul que me recuerda los coloreados telones de los viejos estudios fotográficos y de las primeras películas en Technicolor.

Para Tenmempie y para todos los enamorados de Zaragoza, estas muestras de su cielo azul de verano (¿o será cielo de verano azul? ¿o verano azulado? ¿o a su lado?).

martes, 7 de agosto de 2007

La caja tonta

Leo en el Xl Semanal que detrás de los dibujos infantiles hay mucha información sobre su capacidad perceptiva, sus traumas y hasta ciertos hábitos de sus padres. Parece que la exposición prolongada a la televisión influye notablemente en el desarrollo de los niños, ya que impide tocar, oler, morder, moverse, es decir, impide interactuar con lo que ven. ¿Para cuándo un estudio sobre la cara de tontos (y no solo la cara) que se aposenta en aquellos que se conectan horas y horas a la "play station", "nintendo" y demás aparatejos electrónicos (que en los adultos también tienen sus adeptos)?

domingo, 5 de agosto de 2007

"Ya no vive nadie en ella..."







¿Qué hace esa red en el balcón de una casa en una ciudad a muchos kilómetros del mar? Acaso no pensaban en peces sino en pescar sueños, amores, ilusiones, una mirada, una palabra, una canción. ¿Quién tapió la ventana? ¿Para que no entrase nadie o para que no saliese nada? ¿Por qué tiene la puerta tantas cerraduras? ¿Cuántas historias podrían contarnos esos muros? ¿A quién le importa esa casa, su pasado, sus antiguos inquilinos? ¿En la memoria de quiénes estará?


"Ya no vive nadie en ella... gime el viento en los aleros, desmorónanse las tapias... Los que fueron la alegría y el calor de aquella casa, se marcharon unos muertos y otros vivos que tenían muerta el alma..." (de la canción popular colombiana: Las Acacias, de Jorge Molina y Vicente Medina).