miércoles, 31 de octubre de 2007

"¡Triqui, triqui, Halloween... Quiero dulces para mí"!


¡Triqui, triqui, Halloween,
quiero dulces para mí,
y si no me das
se te crece la nariz!


Con estos infantiles versos los niños pedían y piden dulces en las puertas de las casas y de los comercios en mi país en la noche de Halloween, el 31 de octubre. Una tradición importada, criticada, que luego trataron de convertir en la Fiesta de los Niños (cuando otros alegan que la fiesta de los niños es la Navidad). Lo cierto es que es una noche divertida, en la que muchos adultos aprovechan para hacer de las suyas con las fiestas de disfraces. Una de mis nostalgias es la Fiesta de Halloween que lideré donde varios años en el Instituto de Bellas Artes de Medellín. Era el sitio ideal para que los alumnos desbordaran su creatividad. Artistas plásticos y diseñadores gráficos lo pasábamos "bomba" con una miniteca (no sé si esas discotecas portátiles ya están "out"), bailando, armando comparsas, desfilando y compitiendo desde semanas antes cuál sería el más original. Aquí una muestra de mis participaciones. ¡Qué tiempos!





domingo, 28 de octubre de 2007

Síndrome de domingo a las 6 de la tarde

Se me acaba el domingo. Hoy han atrasado la hora para ajustarla al horario de invierno en Europa, dizque para ahorrar energía o qué sé yo. La semana pasada, a las 7 de la mañana, este era el paisaje desde la ventana de mi habitación. La luna brillaba hermosa. Mañana, aunque me levante a la misma hora, el cielo sabrá que es una hora menos (¿el cielo tiene horas?), con menos luz y más noche. Pero igual, a salir, al frío, a la gente, a los buenos y malos humores, a someterse, a aguantar, a la injusticia y a unas cuantas caras amables. Como decía María Mercedes Carranza, a ver las ideas que me apetecerá sacar del armario y lucir este día.

¿Te acordás?


Se me alborotó la nostalgia. Deben ser cosas de cuando uno se va creciendo, haciéndose mayor. Parece que fue ayer esto de los discos de vinilo (y tuve de los de 45 (que hoy serían "singles"), 78 (que caían como platos en la vieja "radiola" o tocadiscos Philips) y 33 1/3 r.p.m. (estos hasta los vendían a plazos). No me olvido de los de las grandes estrellas de la música, que traían carátula doble plegable. Ni de la mugre que se acumulaba en la aguja de diamante (de eso decían que estaban fabricadas) que los hacía sonar. Ni de las monedas que le poníamos encima del brazo para que no saltaran los surcos o se pegara la canción en una frase, en una frase, en una frase... Y había discos mono y estéreo. Y por supuesto, no los llevábamos a todas partes, por su tamaño, porque no había reproductores compactos y portátiles y porque "los discos no se prestan".

Pues sí, también viví la época de la máquina de escribir (a mis clases de periodismo llevaba la portátil Olympia desde casa), el ordenador "mamotreto" lo conocí en la sala de redacción de El Colombiano y era compartido, nada de uno para cada uno. Mis primeras clases de fotografía eran en blanco y negro, enseñé a revelar fotos a mis alumnos y la primera cámara digital que conocimos era una Sony que guardaba las imágenes en un disco de ordenador de 3 1/2 pulgadas (de los que ya no hay).

A los abuelos de los de mi generación, les decían que habían pasado de la mula al jet, en cuestión de décadas. Y a nosotros, sus nietos, nos tocó ver morir a los discos de vinilo, la máquina de escribir, la cámara fotográfica analógica, el casete, el teléfono fijo, el buscapersonas (o bíper), el tocadiscos... Y ahora casi que ni necesitamos soporte para la música, porque para eso está Ipod, Emule, MP3, MP4... todo en unos pocos años o hasta meses.

¿Alguien sabe a dónde fue a parar el L.P. (para los que no lo saben, estas iniciales quieren decir Long Play, jeje), de Boney M., el mayor tesoro musical de mi hermano?