martes, 10 de febrero de 2026

Momentos de eternidad

Muchas veces, en la vida terrena sentimos momentos de eternidad. Escuché el concepto esta semana de boca de una entrañable amiga de la adolescencia. Momento de eternidad es encontrarse y revivir historias de hace 50 años. Como lo es también ese concierto de música cubana al piano que te hace sentir a tu madre bailando cerquita, aunque ella ya esté en su eternidad definitiva.

Quizás no somos conscientes de esos momentos de eternidad que vivimos con frecuencia. Una cena entre amigos, la tertulia en el bar después de una sesión de cine.  Aquel beso robado -disimulado con las cervezas- en la ventana de una licorera de barrio. La escapada de casa para una clandestina celebración amorosa. Salir a ligar bailar con los colegas. Leer las viejas cartas de alumnos agradecidos por lo que aprendieron de uno. Una noche de eclipse lunar y de estrellas fugaces a la orilla de una playa virgen del Caribe. Un amanecer en cualquier parte. La sorpresa del cielo rabiosamente azul de Zaragoza. El verde de los Andes colombianos, las montañas de Medellín asomándose a la ventana. La canción que alguien te canta sólo para ti. 

Momentos de eternidad: una canción, una pintura, una fotografía o una escultura que te hacen asomar sonrisas o saltar las lágrimas. Una llamada inesperada. Una cara que habías olvidado y te la vuelves a encontrar. Que te den las diez y las once y las doce... Un te quiero a cualquier hora, sin saber por qué razón. Una copa de vino maridada con palabras dulces, sencillas y tiernas. Dos en una nochebuena. Un abrazo que te estruja el corazón. Una mirada azul o verde o marrón que brilla como su alma y te calienta el espíritu. 

Puede que no sean muchos minutos. Pero son eternos. Algo así como adelantos al concepto tradicional de la eternidad. Mientras llega la definitiva, la intangible, la desconocida, aprovechemos los que tenemos aquí y ahora. 

Gracias,
Vicky, por esta lección.