domingo, 4 de enero de 2026

Una vida gratis total


En este año 2026 que acaba de empezar cualquier persona podrá disfrutar de una serie de bienes que le serán garantizados de forma gratuita. No tendrá que pagar nada por ese sol que cada mañana alumbrará la ventana anunciando un nuevo día cuya luz habrá tenido que recorrer unos 150 millones de kilómetros en ocho minutos solo para despertarle. De momento el aire de la atmósfera le saldrá gratis total, ya sea el que baja de la cumbre de una sierra nevada, o el que transporta la brisa en alta mar o el que llega del bosque perfumado por los álamos y las plantas silvestres. Realizar ejercicios de respiración, llenar los pulmones y llevar ese aire tan puro hasta las entrañas es un modo de espiritualidad, un auténtico regalo del que nadie le pedirá factura. 

También será totalmente gratuito contemplar las nubes tumbado en una hamaca. Se trata de un gran espectáculo si se tiene en cuenta que ninguna nube ha repetido exactamente su forma desde que el mundo existe. En las noches de verano tendido en la arena de la playa, al mirar el cielo estrellado, si uno es joven podrá soñar y si es viejo le bastará con recordar, dos placeres muy hondos sin coste alguno. El mar se hallará a su entera disposición y también el canto de los pájaros, el sonido de la lluvia en los cristales, el aroma de hierba mojada después del aguacero y todas las flores de primavera, la variedad de colores rojos y amarillos del otoño, la leña de encina que arde en invierno en la chimenea. 

Tal vez en el futuro, cuando se descubra toda la capacidad de energía vital que tiene el sol, la humanidad se alimentará de las propiedades de esa increíble bomba de hidrógeno y entonces podría cumplirse aquello de la Biblia: “Mirad las aves del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. Fijaos en los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan, y yo os digo que ni Salomón en toda su gloria pudo vestirse como uno de ellos”

Mejor, imposible. Feliz año nuevo.



Manuel Vicent, El País