lunes 2 de noviembre de 2009

En vida, hermano, en vida.

Dice Alex en su blog En Mi Armario Empotrado:



Algo que nunca entendí fue esa obligación de ir a ver una tumba fría, llevarle flores y ponerse uno a llorar ahí en medio. Jamás he podido entender ese dolor que la gente se auto-inculpa para ese día, los lagrimones y las caras de pena que ponen.

Todos llevaban el mismo camino, todos iban cargados de flores al cementerio, y yo siempre me he preguntado lo mismo ¿pero si están ya muertos? ¿si solo es un cuerpo frío y descomponiéndose? ¿si su alma ya no está ahí? .

Los muertes, nuestros muertos, están en nuestra memoria, en lo que atesoramos en el corazón, y no hace falta ir a ver una lápida con nombres y fechas para sentirnos mejor.

Estoy con Alex. Siempre he estado en contra de la tradición de llevar flores al cementerio el Día de los Fieles Difuntos (no el de Todos los Santos, ojito). Me sabe falso, aunque sea una especie de terapia colectiva contra el dolor de la ausencia de los seres queridos o un lavado de la culpa por lo que no les dimos o por lo malo que les hayamos hecho. He visto a muchas personas dando golpes con los nudillos sobre las lápidas en el cementerio. Y me pregunto cómo reaccionarían si de repente alguien les contestara desde dentro: "¿Qué quiere?".

Todos los años, cada 1 de noviembre, la gente se prepara: las floristerías a aumentar sus precios y los demás a llevar flores al cementerio, dizque a visitar a sus muertos. Que yo sepa, los muertos no reciben visitas, precisamente porque están muertos. No salen a ver ni a oler las flores. No responden a llamados. Dentro de un ataúd, dentro de un nicho o bajo la tierra, hay un cadáver que se descompone. Y dentro de una urna funeraria sólo queda un par de puñados de cenizas de lo que pudo haber sido un cuerpo bonito.

Un sacerdote que muy a menudo tenía que celebrar funerales, decía en sus homilías que si pudiera, cambiaría los textos de todas las lápidas de los cementerios por otro, repetido sin cesar, tomado de la Sagrada Biblia: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?". O por otro que dijese: "Fulanito no está aquí: ¡Ha resucitado!".

Para mí, después de la muerte queda algo más valioso: Un Espíritu libre de ataduras, de corrupción, de sentimientos negativos, de dolor. Un Espíritu poseedor de la Verdad, sin falsas manipulaciones ni interpretaciones amañadas. Después de la muerte de un ser amado, me queda la certeza de cuánto le quise, de que siempre lo expresé de palabra y de hecho, de que le llevo en el corazón. Aunque durante mucho tiempo le eche de menos.

domingo 1 de noviembre de 2009

Buika. Canción de las simples cosas.

CANCIÓN DE LAS SIMPLES COSAS

Letra: Julio César Isella
Música: Armando Tejada Gómez

Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol que en tiempo de otoño se queda sin hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa tendida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo
.



Jueves pasado. Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. Concha Buika, mayorquina con ancestros guineanos rinde homenaje a Chavela Vargas en su más reciente disco. La sala no está llena de personas, pero sí de sentimientos. Buika llenó todo el espacio -acompañada de tres músicos excepcionales- con su timidez, su voz arenosa, sus manos, su sonrisa limpia. Supongo que todos los que estuvimos en ese recital sentíamos que ella nos cantaba a cada uno personalmente. A mi, por ejemplo, en estos días de duelo, me emocionó con su versión de la Canción de las Simples Cosas, que me sacó las lágrimas que me quedaban.

sábado 31 de octubre de 2009

Romance para el Niño de los Ojos Azules

EL ROMANCE DE LA NIÑA NEGRA.
Luis Cané, Argentina: 1897-1957


Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en la puerta de su casa
estaba la niña negra.

Un erguido moño blanco
decoraba su cabeza;
collares de cuentas rojas
en su garganta dan vueltas.

Las otras niñas del barrio
juegan en la vereda;
las otras niñas del barrio
no quieren jugar con ella.

Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un silencio sin lágrimas,
lloraba la niña negra.

Toda vestida de blanco,
almidonada y compuesta,
en un féretro de pino
reposa la niña negra.

A la presencia de Dios
un ángel blanco la lleva;
la niña negra no sabe
si ha de estar triste o contenta.

Dios la mira dulcemente,
le acaricia la cabeza
y hermosas alas blancas
a sus espaldas sujeta.

Los dientes de mazmorra
brillan en la niña negra.
Dios llama a los ángeles
y dice: "Jugad con ella".

El niño de los Ojos Azules sentía o creía que los otros niños no querían jugar con él. Y en su silencio lloraba lágrimas azules, porque no le amaban, porque algunos se fueron, porque se encontraba solo. Y buscaba y buscaba quien compartiera sus juegos, sus soledades, su nostalgia. A veces encontró compañeros para un rato, una noche o un fin de semana. Algunos quisieron estar con él por mucho tiempo, pero el niño de los Ojos Azules no se sentía preparado para ciertas partidas. Creía que no podía corresponder a las exigencias de un equipo, de un equipo de dos para muchas temporadas. Y dejaba de jugar. Y volvía a mirar por la ventana. A encerrarse en sus penas, que no sabia de dónde venían ni por qué. Lo intentaba de nuevo. Salia con sus mejores galas, a veces se refugiaba en el bullicio ... y al otro día a sentirse de nuevo abandonado, asqueado, extraño, dolido.

Un sábado como hoy desplegó sus alas hacia el cielo y voló con una sonrisa en el rostro, porque su Ángel Guardián lo acompañó hasta el cielo de los que en la tierra eran tristes, y por toda la Eternidad juegan con él, felices, sin penas ni nostalgias por lo que fue o por lo que no pudo ser.

Rodeado de bellos ángeles juega hoy el Ángel con los Ojos Azules más bellos del firmamento.

lunes 26 de octubre de 2009

Descansa en paz, Ojos Azules

Ojos Azules, Miguel, ahora descansa en paz. Cansado de luchar, de llorar, de sentir que no le querían como él deseaba, se entregó. Últimamente pensaba que sus amigos lo abandonaron, que quienes amaba o creía amar le habían dado la espalda. No toleraba las críticas que recibía y veía minada su autoestima. Quizás nunca comprendió cuánto le querían, cuánto amor estuvimos dispuestos a darle y le ofrecimos sin medida. A lo mejor su concepto del Amor era distinto al de muchos. Acaso esperaba ser amado de otra manera. Alguna vez su madre le dijo que cómo hacía para que le quisieran tanto. Pero Miguel seguía buscando, a veces dando palos de ciego, otras dándose al máximo. Y sufrió por sentirse malquerido. Y por no corresponder como otros le reclamaban.

Fue honesto. Supo decir lo que su corazón le dictaba. A veces se reñía a sí mismo por sus actuaciones. Otras se tragaba para él los fuertes juicios que él mismo se hacía. Le vi llorar muchas veces. Le vi solitario y amargado. Muchas otras compartí también con él las alegrías fugaces de las noches de copas, de las noches locas. Pero para él la vida era muy difícil, casi imposible de sobrellevar. Llevaba la tristeza en su interior, un lado oscuro que no pudo vencer. Pensaba que vivir era sufrir y hoy a sus 31 años, su cuerpo fue dejado en los brazos de la Madre Tierra.

Pero el Miguel que yo conocí, al que llamaba Ojos Azules, por su mirada como el mar y triste como una tarde de invierno, estoy seguro que ahora vive en paz, tranquilo, donde no hay dolor ni soledad. Estará en su cielo, con una sonrisa que ahora sí será de verdad, porque su Espíritu está libre de las ataduras terrenas, de los sentimientos humanos. Y también sé que ahora conoce toda la Verdad. La de todos y cada uno. Y nos sonreirá desde el Más Allá, al saber a ciencia cierta que sí le queríamos con toda el alma. Que sólo deseábamos que viviera intensamente. Y que hoy comprendemos con mucho dolor que no esté entre nosotros.

Con Alfonsina Storni, te digo esta noche, Miguel, Mi Querido Ojos Azules:

Sabe Dios qué angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz...

Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos
harán una ronda a tu lado
y los habitantes del agua
van a jugar pronto a tu lado

Miguel, nos queda en el alma tu mirada, tu voz profunda y seca, las canciones que te gustaban y que nos traerá tu recuerdo cada que las escuchemos, las tardes de café y las noches que compartimos. El desayuno de la mañana y las charlas por el messenger. Los cubatas en cualquier garito, tus emociones reprimidas, tus reclamos de nuestra presencia y algunos silencios insondables. Nos queda tu memoria. Para siempre.

Descansa en paz, Amigo.

domingo 25 de octubre de 2009

Palabras finales


"Abrió la puerta

y lo dejó entrar de nuevo en su vida."


Stieg Larsson.
La reina en el palacio de las corrientes de aire.
Millenium 3

lunes 19 de octubre de 2009

Día Mundial del Cáncer de Mama: También es cosa de hombres

El 19 de octubre es el Día Mundial del Cáncer de Mama: este día se realizan amplias campañas sobre la prevención y diagnóstico de esta enfermedad, dirigidas especialmente a las mujeres. Las estadísticas hablan de que cada año mueren 6.000 mujeres por causa del cáncer de mama, lo que supone 16 fallecimientos al día, pero también se habla de un 1% de casos en los hombres. Los hombres de cualquier edad pueden padecer cáncer de mama, pero generalmente se detecta (encuentra) en hombres de 60 a 70 años de edad. El cáncer de mama masculino representa menos de 1% de todos los casos de cáncer de mama.

Mayor información aquí y aquí.

martes 13 de octubre de 2009

Stairs Day


El 13 de octubre es el Stairs Day. Colgamos escaleras este día en el blog para conseguir subir y subir hasta lo más alto. No es una apuesta, no es un macrobotellón de escalones, no es un aniversario de los más de 1.000 post colocados en dos años con la temática de la escalera. Es el STAIRS DAY, una invitación del blog de Stultifer.

Esta escalera -o lo que fue en tiempos- me la encontré en las vecindades del barrio de La Magdalena, en Zaragoza. Una mañana de domingo se me cruzó en el camino y no podía resistirme a la tentación de grabarla en los megas de mi cámara. ¡Cuántos pasos habrán andado por allí! Zapatillas, sandalias, tacones altos y bajos, pies descalzos, rápidos y lentos... Besos furtivos, palabras fuertes y dulces y secretos en susurros. Me imagino a la chavala bajando de prisa a ver a su novio; a la abuela pisando con temor a caer; el chico escapando de los sermones de su madre... Historias que quedaron para siempre en esos escalones, en las paredes de aquella casa de la que hoy sólo quedan las huellas de una demolición y las arrugas del pasado... Pasos, hacia arriba y hacia abajo, a los sueños y las pérdidas. Un eterno subir y bajar.

martes 6 de octubre de 2009

Qué cosa fuera!


Calentame el corazón con tu canto, Negra, que me está doliendo.

Abrigame con esa profunda voz de Madre Tierra, chamánica y mitológica, que ahora a la tierra ha vuelto… meceme con tu talento, con tu bravura, con tu aliento.

Ayudame a entender que la vida es solo un camino, un paso, tan regular como la alegría y más seguro que la vida.

Aun no te has terminado de ir y ya te extrañamos Mercedes, pero, solo nos queda esperar que para nuestro momento, podamos sentir que hemos cumplido, como tú lo has hecho; que millones estén con nosotros, como lo estamos contigo.

No sé si ya lo sabrás, negrita, nuestra sonrisa se fue contigo.

Calentame el corazón con tu canto, cantora, calentanos el corazón…que nos está doliendo.

Texto tomado del blog Me alquilo para soñar, que me arrebata sentimientos y palabras. No puede expresar mejor el sentimiento por la muerte física de Mercedes Sosa.


lunes 5 de octubre de 2009

Si se calla el cantor...

Si se calla el cantor,
calla la vida,
porque la vida,
la vida misma
es toda un canto.

Y ¿qué ha de ser de la vida,
si el canta no levanta su voz en las tribunas
por el que sufre,
por el que no hay una razón
que lo condene a estar sin rumbo.




Te vas Alfonsina
con tu soledad
qué poemas nuevos
fuiste a buscar?


Mi unicornio azul
ayer se me perdió
pastando lo dejé y desapareció
Y yo no tengo más
que un unicornio azul...


Se ha ido Mercedes Sosa. Y hoy, al ver sus imágenes por la tele me vinieron a la mente viejas vivencias de mi época universitaria, cuando con el grupo de amigos cantábamos todas sus canciones, comprábamos emocionados hasta 15 entradas en la misma fila para ver un concierto suyo en el teatro Pablo Tobón Uribe de Medellín. La Negra la llamaban en Argentina. Pero para nosotros era simplemente la voz que se levantaba por los que no tienen voz, la mujer que llevó la protesta latinoamericana a todos los escenarios del mundo. La que cantó las letras de Víctor Jara, de Alfonsina Storni, de Atahualpa Yupanqui y de tantos otros cantores de América. La que nos hacía llorar por su unicornio azul perdido. La que estuvo exiliada de su país. La del poncho y el tambor. La que volvió a su país a cantar en medio de una terrible dictadura. La que no podía callar. La que cantó al amor, al dolor, a la justicia.

La ventaja de artistas de su talla es que su obra los mantiene en la memoria colectiva. No se puede apagar la voz de Mercedes Sosa o de Mario Benedetti, porque quedan sus palabras en los discos o en los libros, porque otros recogerán su testimonio y lo divulgarán, porque sus semillas seguro que han caído en muchos terrenos fértiles.

Mercedes Sosa seguirá viva en muchos corazones, en muchas memorias, en muchas mentes que crecimos con su voz y su discurso.


¡Larga Vida Eterna, Mercedes!

miércoles 30 de septiembre de 2009

De cine. Sobre el miedo a sí mismo


«¿Sabes lo que te pasa?

No tienes valor.

Tienes miedo.

Miedo de enfrentarte contigo misma y decir:

Está bien, la vida es una realidad,

las personas se pertenecen las unas a las otras,

porque es la única forma de conseguir la verdadera felicidad.

Tú te consideras un espíritu libre,

un ser salvaje,

y te asusta la idea de que alguien pueda meterte en una jaula.

Bueno nena, ya estás en una jaula.

Tú misma la has construido,

y en ella seguirás vayas a donde vayas,

porque no importa a donde huyas,

siempre acabarás tropezando contigo misma».


George Peppard a Audrey Hepburn,
Desayuno con diamantes.


martes 29 de septiembre de 2009

Un año más

El 29 de septiembre de 2000 desembarqué de un avión de American Airlines en el aeropuerto de Barajas (Madrid). Traía conmigo dos gigantes maletas con mi ropa, parte de mi música, todos los cuadernos de apuntes personales de años (aún no había descubierto los blogs), algunos libros, la radio grabadora que me regaló mi madre el día de mi graduación como periodista y un montón de ilusiones y de sueños por alcanzar.

Llegué muy cansado del largo vuelo y del cambio de horario, pero eso no importaba porque venía a vivir a España, mi sueño de toda la vida, muy bien acompañado por una persona que entonces llenaba mi historia personal de felicidad y-ahora no estoy muy seguro-, creo que estaba en la misma línea y hoy no comparte caminos conmigo. Pasados los nervios del paso por inmigración y recibir la bienvenida a este país, lo primero que vi al salir del aeropuerto fue una escultura de Fernando Botero que me hizo sentir que no me había alejado mucho de Medellín. Y parodiaba la frase de la ópera rock Evita: "Hola, Madrid, ahora vas a ver de lo que es capaz una gran estrella/una gran estrella/en la ciudad".

Ya he contado mis comienzos de esta nueva etapa de mi vida. Los primeros días en casa de un amigo de toda la vida, los primeros trabajos, las rutas perdidas por la gran ciudad, los ojos abiertos ante el casco antiguo, los auditorios, los restaurantes. Acoplarse a nuevos modos de ser, de estar, de vivir y de sentir. Las ausencias físicas -mas no emocionales- de los antiguos amigos y de la familia. Los flash-back de calles y situaciones en Colombia. La primera Navidad, solo y en compañía. El despertar en la mañana preguntándome qué hago yo aquí.

Han sido muchas alegrías y muchos malos tragos. Luchas constantes, a veces tomando un respiro al pie del camino para recuperar fuerzas y seguir adelante. En estos años perdí a mi querida abuela y lo duro fue recibir la noticia por teléfono y recordar sus palabras al despedirme de ella aquella mañana del 28 de septiembre: "Nos volveremos a ver, pero en el Cielo". Supe de amigos que no lo eran. Gracias a internet mantuve y mantengo contacto con mis Mejores Amigos y supe de los que no lo fueron. Recuperé viejos amigos a los que había perdido el rastro y una Noche Vieja recuperé la risa y compañía inapreciable de Amneris. Luego de dos años en España perdí la amistad, amor y compañerismo de aquel con quien pensaba que iba a vivir hasta la vejez. Y esa fue mi peor vivencia, la causante de una profunda depresión que aún vive agazapada en lo profundo de mi corazón (aunque los médicos puedan decir que es en el cerebro).

Por razones desconocidas terminé viviendo en Zaragoza, una ciudad que solo conocía porque tiene una homónima en Antioquia. Una ciudad que he aprendido a querer porque es donde más he llorado. Aquí también he construido otra parte de mi vida. Aquí he trabajado y vivido más de ocho años y sigo añorando a Madrid y a Barcelona. Pero una de las lecciones aprendidas a la fuerza es que uno está donde quiere sino donde tiene que estar. Aquí he trabajado, me he independizado (aún más, si cabe), conseguí la nacionalidad española, he ejercido el derecho al voto en mi nuevo país, obtuve -después de siete años de tramitología- la homologación de mi título universitario, realicé la segunda exposición de fotografías (la primera fue en Madrid) y sigo trabajando como camarero porque parece que para mí no hay más opción (o al menos eso se creen algunos).

En Zaragoza he hecho un pequeño y entrañable mini grupo de amigos. Fernando, cercano, amoroso, sincero y siempre presto a echarme una mano en los malos momentos. Jordi, joven adulto con la palabra precisa y el juicio objetivo y certero. Amneris, la flaca risueña que con sus preguntas me orienta en el camino que a veces pierdo. Miguel-Ojos-Azules, el fiestero enamorado y malquerido que aún no sabe por qué no lo sacaré del corazón. Cristina, uruguaya, amiga fiel y señora donde las haya. John Jairo, paisa de pura cepa, que me respeta por sobre todas las cosas. Y muchos anónimos, pasajeros, temporales, que me han dado su cariño, han compartido sus penas y alegrías, han abierto su corazón y han marchado por los caminos que han elegido.

Son nueve años en los que aún me pregunto a veces si esto ha valido la pena. Si es necesaria la soledad para comprender la vida. Si algún día se me valorará en mi capacidad intelectual y profesional. Si algún amanecer aprenderé lo que tengo que aprender de esta elección.

Nueve años en los que he esperado lo que sé que ha de llegar.

Sigo aquí... deseando dejar alguna semilla que germine en el corazón de los demás.

Sigo aquí... esperando (te).

domingo 27 de septiembre de 2009

La generación de los autistas

Los chicos de antes jugaban a la pelota, a tocar los timbres del vecindario y salir corriendo, a la vuelta en bicicleta con chapas de refresco sobre las líneas de la cancha de baloncesto, a rodar por un montículo de tierra sobre un cartón encerado, a competir con un carro de madera y ruedas de balines. Y hablaban, reían, inventaban historias. Y al hacerse adolescentes compartían juegos de coqueteo con las niñas del barrio o las colegialas que paseaban por alguna calle céntrica de la ciudad.

Hoy, pasmado, veo ante a mí a una generación de niños y adolescentes autistas. No saben hablar, leer ni comunicarse. Oír, sólo el sonido personal y exclusivo de sus IPod en sus auriculares. Hablar, solo por el messenger, aunque tengan a su interlocutor a menos de dos metros de distancia, o por ininteligibles mensajes de texto desde sus teléfonos móviles. El sábado pasado llegó a la bocatería donde trabajo un grupo de diez personas, dentro del cual había tres adolescentes. Al acercarme a tomarles el pedido, sus padres eligieron por ellos las respectivas hamburguesas y trabajo me costó que los chavales me pidieran por su propia voz las coca colas. La causa: sendas playstation por las que se encontraban absorbidos. No las abandonaron para comer. No dirigieron la palabra a nadie. No se enteraban de lo que comían o bebían. Eso sí, al menor de ellos se le abona a su favor que lo que llevaba entre manos era ¡una novela!

El mundo de las comunicaciones nos tiene incomunicados. El anterior es solo un ejemplo. Veo por las calles a caminantes, ciclistas, pasajeros de autobús y atletas aficionados inmersos en su música, como evitando el contacto con otros seres humanos. Jóvenes incapaces de hablar con el compañero de al lado si no es por el messenger, el Hi5, el Twiter, el Facebook o no sé qué otras mal-llamadas "redes sociales". Adolescentes abúlicos, con tendencia a la obesidad, una generación incapacitada para interactuar en el mundo real, cambiado por el virtual. Y padres dadores de aparatos tecnológicos, para que "se estén tranquilitos".