jueves, 30 de enero de 2014

¡Busco empleo!

¡Cualquier coincidencia es la pura realidad!


domingo, 26 de enero de 2014

Alas

Foto: Merlín Púrpura
Modelo: Mario Andrés Alzate
Yo ejercía entonces la medicina en Huamahuaca. Una tarde me trajeron a un niño descalabrado: se había caído por el precipicio de un cerro. Cuando, para revisarlo, le quité el poncho, vi dos alas. Las examiné: estaban sanas.

Apenas el niño pudo hablar, le pregunté:

-¿Por qué no volaste al sentirte caer?

-¿Volar? -me dijo-. ¿Volar para que la gente se ría de mí?

Enrique Anderson Imbert (Argentina)

Tomado de la revista Nuestro Tiempo #485. Nov. 1984

sábado, 25 de enero de 2014

Anuncio (des)clasificado



Busco siniestro/a para amarle toda la eternidad. Llevo siglos buscándote.  Escribe ya.  Prometo llamar a tu ventana a partir de medianoche, prometo pasear contigo bajo la tormenta, prometo compartir mi ataúd contigo, prometo hacerte desdichadamente feliz. Te haré inmortal si lo deseas. 
Drácula. (Ref.: N-8)

viernes, 24 de enero de 2014

Filosofía de barbero


"Volvería... con el equipaje aprendido de esta vida. La experiencia me enseñó tres cosas: A ser tolerante con el ignorante, saber intercambiar mentiras con el hipócrita y ser auténtico con el que piensa."

Rubén Orozco Hernández
Barbero de Medellín.

jueves, 23 de enero de 2014

¡Harto!




Puedo decir que no soy de los que se quejan,
que prefiero ganarme el cambio y cada poco cuenta,
y es por eso que quejarme hoy tanto me cuesta
pero no hay más que pueda hacer; siento impotencia.

Estoy harto,
harto de políticos corruptos y de bancos,
de ladrones de traje, corbata y guante blanco,
de recortes, de rescates y de embargos.

Harto de avergonzarme de ser español y de España,
de dictaduras teñidas de democracia,
rojas antes, luego azules y a saber mañana;
pero hay cosas que detesto y que no cambian.

Que un concejal de festejos cobre más que un maestro,
que un catedrático de universidad o que un médico;
que nuestro sueldo mínimo no llegue a 700 euros
y el de un diputado no baje de 3500.

Estoy harto de pagarles viajes, chóferes, cenas 
en restaurantes de gran lujo y tú, mientras,
sudando sangre, trabajando, pasando penas
para poder llenar así otra vez la nevera 

Harto de coronas, de príncipes ladrones y princesas,
de reyes que acaparan maldades inconfesas.
Su Majestad, símbolo de unidad y de permanencia,
más bien símbolo de malestar y decadencia.

Me da rabia
Que la gente se mueva por otras cosas,
por el Madrid, por el Barça, por la Eurocopa,
por enseñar qué buenos somos a toda Europa;
con el fútbol nos engañan y nos ciegan con La Roja.

Muy harto de escuchar que mil jóvenes se marchan
cada día a Reino unido, Noruega o Alemania,
que hoy en día tres carreras ya no bastan,
que hoy en día se premia la ignorancia.

Cansado de Paquirrines, Julianes y Pantojas,
empachado de tragar tanta salsa rosa:
fulanas, chorizos, yonkis, idiotas,
de repente son ahora gente famosa

No lo entiendo, 
Que cada día pretendan que me crea el cuento
de que la "fiesta" de los toros es algo bueno,
de que matar por hobby en la plaza es algo nuestro,
no es mio, eso seguro, y es triste que sea vuestro.

Harto de escudos, de porras, de cargas
de piedras y de los que las lanzan, 
de que los puños ganen siempre a las palabras,
y de que al final nadie gane nada.

¡Estoy harto!

Podría decirlo más alto pero no más claro,
del hambre, desahucios, de robos, del paro,
de que me obliguen cada día a aguantar tanto
y hoy ya no puedo más, hoy ya no aguanto,

Qué más da lo que diga, no cambiará nada.
Me acusarán de vivir en un mundo de hadas
no pido riqueza, ni halagos, ni otras bobadas,
sólo lo que es mio y ellos me arrebatan.

¡Estoy harto!

miércoles, 22 de enero de 2014

Carta de un ex cura gay al Papa Francisco

Andrés Gioeni saltó a la fama como el cura que colgó los hábitos y se declaró gay en Mendoza (Argentina). Ahora es actor y escritor. Le escribió esta carta al Papa tras conocer su opinión sobre los homosexuales.


Andrés Gionei


Admirado y estimado Francisco:

¡Paz y bien! Me tomo el atrevimiento de escribirle, con todo el respeto y la admiración que se merece. Como millones de personas, he estado observando, escuchando y siguiendo de cerca su asunción, sus primeros gestos como Pontífice, su viaje a Latinoamérica, sus hermosas palabras hacia los jóvenes. Y, aún en mi actual agnosticismo, se han renovado mis esperanzas de que en el interior de la Iglesia pueda hacerse realidad el largamente esperado “aggiornamiento”, tan declamado y reclamado por el Concilio Vaticano II.

Me alegro y celebro el hecho de que siga entrando aire fresco al interior del Vaticano, ya que queda mucho camino por recorrer. Personalmente me hago eco de sus palabras: quiero “hacer lío”, quiero “que no me excluyan”, quiero pertenecer. Quiero hacer valer mis derechos y el de muchos otros que se encuentran en similar situación, no quiero quedarme de brazos cruzados. Alguna vez fui sacerdote católico, pastor, compartí ese ímpetu misionero y esa necesidad de reclamo de apertura eclesial. Hasta que decidí abrirme a un costado cuando descubrí mi propia tendencia homosexual y admitir mi imposibilidad de ejercer el ministerio pastoral en celibato. Hoy ya mis caminos van por otros rumbos y mi vocación se tiñó de otros matices.

Pero sus palabras y su ejemplo me hacen tomar fuerzas e impulsar esta iniciativa. Me atrevo a hacerme portavoz de una gran porción de personas que pertenecemos a la comunidad homosexual. Y simplemente, con humildad, pedirle encarecidamente que incentive, estimule, promueva y acompañe una mayor profundización en la Teología moral sexual acerca del lugar y la experiencia de la persona homosexual.

No le pido que de un día al otro la Iglesia cambie su catecismo en referencia a este tema. Simplemente le pido que no se estigmatice a aquellos teólogos y pastores que aportan elementos de disenso a una respuesta pastoral poco satisfactoria para tantos de nosotros. No le pido que se oponga a la extensa Tradición que habla de pecados contra la naturaleza, sino le pido revisar y ampliar el concepto de naturaleza.

No le pido que no se lea e interprete la Sagrada Escritura, sino que se profundice y se ahonde en lecturas despojadas de preconceptos. Que se dejen de utilizar como “caballito de batalla” pasajes bíblicos que la Teología ya ha demostrado y descartado que se refieran a ese tema. ¿Cuánta más agua deberá pasar por el río para que se desligue la palabra “Sodomía” a un pecado que no habla de lo que el pasaje bíblico quiere denunciar? Usted sabe mucho más que yo, que como este, estamos plagados de errores de interpretación que han llevado a que la Verdad -esa que nos hace tan libres- quede relegada y oculta durante mucho tiempo. Sólo para ilustrar con un ejemplo: ¿Cuántos años tuvieron que pasar hasta que Juan Pablo II pidiera perdón por los errores de la Iglesia en referencia a Galileo Galilei? Por interpretar erróneamente un pasaje bíblico (Josué 10,12-14). Es llamativo que también en esta controversia haya conceptos de naturaleza en la base.

No le pido que no siga manteniendo una doctrina. Le pido que la ayude a seguir creciendo y adecuándose a los nuevos paradigmas del mundo contemporáneo que nos desafían a encontrar nuevas respuestas. ¿Recuerda que hace no tantos años la Moral Sexual afirmaba que el único objetivo primario del matrimonio era la procreación de los hijos? ¿cuántos matrimonios vieron renovada su alianza cuando fue reconocido también el aspecto del amor y la ayuda mutua, del bien de los esposos? Esas actualizaciones son aire fresco que renueva el corazón de las personas y las ayuda a vivir con mayor dignidad.

No le pido que diluya a Cristo, le pido que, mirándolo a él, se atreva a buscar a todas las ovejas dispersas como un Buen Pastor.

Muchos gobiernos y estados están abrazando una mayor apertura, una nueva visión de pareja. El tiempo es propicio. Ya hace varios años que el mundo pide a gritos un cambio de enfoque. Luego de años de revisión científica, en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría eliminó la homosexualidad del “Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales”. Sin embargo hubo que esperar hasta 1990, para que la Organización Mundial de la Salud, retirara la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales.
Es necesario que la Iglesia dé un paso más contundente y significativo. ¿Para qué dilatar más este proceso? ¿No sería positivo ser pionera con respuestas de adecuación en una sociedad en permanente búsqueda? Hasta no hace muchos años se pensaba que esta tendencia podía curarse con diversas terapias y tratamientos. Y usted debe estar al tanto que son muchas las comunidades católicas que persisten en estas técnicas y dañan de por vida a tantas personas que se someten a este tipo de prácticas.

Por experiencia en el confesionario, son muchas las personas que abrazan la fe católica y siguen obteniendo una respuesta diluida, incompleta y que no puede encajar en su estilo de vida. Las personas de fe que tienen esa tendencia no tienen muchas opciones para vivir libremente su sexualidad. Quedan confinados prácticamente a dos opciones: ser castos o célibes (pero según la doctrina católica el celibato es un don que se otorga a pocos y que no se puede obligar a abrazar como voluntarismo) o actuar de modo diverso a lo propuesto por el catecismo y por lo tanto, vivir en pecado si es que se obra en consecuencia con su realidad homosexual.

Por otro lado, cuando veo en mi ciudad y en tantas otras ciudades del mundo las manifestaciones y marchas del orgullo gay, reconozco que no me siento del todo identificado con los modos en que aparecen los reclamos. Aún cuando en sus contenidos tengan muchas aristas de verdad, me duele ver las críticas despiadadas a la Iglesia (aquella que integré en el pasado con tanto entusiasmo) y a otras instituciones, y me pregunto si el enfrentamiento aguerrido puede ser solución en un mundo tan dividido por diferentes visiones.

Me encantaría poder ser puente y lazo entre posturas tan desencontradas, para que acerquen experiencias y puedan enriquecer las expresiones afectivas de la humanidad. Quiero asumir y trasmitirle algunas de las preguntas escondidas en esos reclamos:

¿De verdad el amor de dos personas, siendo del mismo sexo, no demuestra ni reflejan nada del amor de Dios? ¿no manifiesta algún rasgo por descubrir de su inabarcable creación?

¿De verdad insiste la Iglesia en esa visión maniqueísta de que la relación sexual homosexual es sólo un acto de placer carnal y no tiene una vertiente verdadera de afectación del espíritu que ennoblece el diálogo copular y corporal?

¿De verdad la Iglesia con sus silencios va a permitir que se sigan estigmatizando a tantos jóvenes en tantos países donde se siguen asesinando solamente por su tendencia? ¿No es tiempo, usted mismo lo dijo, de salir y defender la integridad del hombre con un mensaje conciliador e integrador?

Permítame por último remontarme a mi experiencia personal. Particularmente cuando me descubrí homosexual me asusté mucho, le tuve miedo a eso nuevo y desconocido con lo que me tenía que enfrentar. Tuve terror y pavor de estar desafiando la voluntad de Dios y de estar al borde del precipicio del infierno. Mi salida del sacerdocio fue caótica, escandalosa, dolorosa. Pero esa cicatriz, esa marca, ese aguijón es el que hoy me hace arremeter y desafiar este paradigma que hoy se encuentra sin respuesta sensata. Con sana humildad quiero decirle que hoy después de casi diez años de convivencia monógama con otra persona de mi mismo sexo, me siento feliz, realizado y con ganas de transmitir esta experiencia para que muchos otros puedan experimentarla y vivirla.

Ayúdeme y ayude a tantos otros a descubrir por dónde podemos transitar la fe, sin renunciar a esta experiencia de amor, que en conciencia, la sentimos fundamental en nuestras vidas.

Con admiración y elevando una plegaria por su ministerio,

Andrés Gioeni, otro hijo de Dios.

martes, 21 de enero de 2014

Amaos los unos a los otros

La homosexualidad no es una enfermedad curable; la homofobia sí. 

Indignación. Decepción. Rabia. Pena. Es lo que siento con las recientes declaraciones de dos representantes de la Iglesia católica sobre la homosexualidad. El sacerdote Jesús Calvo, de la diócesis de León (España), soltó por su boquita unas anticatólicas opiniones que nos han dejado atónitos. Según este cura, el cáncer que padece Pedro Zerolo, Concejal del Ayuntamiento de Madrid y Secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con ONGs del PSOE, se debe a un castigo divino por ser homosexual (que califica de complejo de inferioridad); además realizó una fuerte defensa de la pena de muerte "para acabar con la basura social de este país",  que es necesario apartar a los gays por riesgo de contagio y que el Papa es un hereje, entre otras lindezas. 

Con pocos días de diferencia salta a la palestra otro cura. Fernando Sebastián Aguilar, recientemente nombrado cardenal por el papa Francisco, el mismo que dice que quién es él para juzgar a un gay, afirmó que  la homosexualidad "es una deficiente sexualidad que se puede recuperar y normalizar con un tratamiento adecuado",comparándola con la hipertensión que él padece. Según el nuevo cardenal, "la homosexualidad es una manera deficiente de manifestar la sexualidad, porque ésta tiene una estructura y un fin, que es el de la procreación".

Son vergonzosas las actitudes de estos dos sacerdotes, porque, ante todo, contradicen las enseñanzas de la Iglesia que representan. ¿Dónde han olvidado aquel principal mandamiento que Cristo dejó: "Amaos los unos a los otros"? ¿Cuándo han olvidado el mandamiento de "No matarás"

Decepcionantes, además, porque muchas veces la voz de dos impresentables puede hacer más daño que la labor callada de cientos de religiosos y laicos que se ocupan de enseñar al que no sabe, dar posada al que no tiene casa, dar de comer y de beber al que no tiene alimento ni bebida, curar al enfermo, consolar al triste, vestir al desnudo, consolar, aconsejar, perdonar... Para estos no hay difusión en los medios de comunicación, pero para las "ovejas descarriadas", como estos dos sacerdotes, sí que hay minutos en la televisión y en la radio y páginas en los periódicos.

Sorprendente la ignorancia de estos religiosos (si puede llamárseles así) que aún en pleno siglo XXI, sigan en contravía a la ciencia, calificando la homosexualidad como una enfermedad "curable". Yo pensaba que ellos tenían una educación y formación superior a la media, y creía que sabían que en 1973 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) decidió eliminar la homosexualidad del Manual de Diagnóstico de los trastornos mentales, que en 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS), retiró la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales y que la APA declaró expresamente en el año 2000 que  no hay evidencia científica que apoye la eficacia de la terapia "reparativa" para alterar la condición sexual, por lo que no está incluida como tratamiento psiquiátrico. 

Es una pena que estos conceptos erróneos tengan  tanta difusión y que, en consecuencia hagan más daño. Que mucha gente tome la parte por el todo y se quede con ellos y no con la doctrina de Amor que Jesús predicó. Pero, por otra parte, son más de 2000 años en los que "las fuerzas del infierno" no hay podido con ella.


lunes, 20 de enero de 2014

Reacciones a la carta de doña Consuelo, la madre del hijo "marica"

Fueron muchas las reacciones que provocó el artículo "¿Qué me dejó el Amor? Todo menos pesares", publicado en La Hoja de Medellín en junio de 2000, que he reproducido ayer en este blog. Dentro de ellas, estas dos, la segunda de mi autoría. 

Madre adoptiva

Lástima que en la repartición de las madres a mí me tocó la peor. La mía fue la que me echó de casa por marica. Ahora vivo con mi amigo Mauricio, feliz, contento y en Medellín. Ojalá y doña Consuelo Pérez de Gómez quiera adoptar dos hijos maricas: Pablo arquitecto y Mauricio comerciante. Bien por doña Consuelo y bien por ¿Qué me dejó el Amor?

Saludos, 

Pablo.



¡Qué mamá!

Como no sé cómo comunicarme con la señora Consuelo Pérez de Gómez, quien escribió una maravillosa carta referente a la que no ha habido poder humano que ustedes publiquen (que en entregas, que en la página web, que muy pronto, que etcétera...), quiero aprovecharme de ustedes para decirle un par de cosas a ese lujo de mamá. 

Qué tan bueno que todas las mamás antioqueñas fueran como usted, doña Consuelo. Qué rico que entendieran claramente lo que usted dice. Los gays, maricas como usted nos llama sin falsos disfraces del lenguaje, sí podemos vivir mejor que muchas parejas hetero. Qué bueno que usted sabe que tener una pareja en el mundo homosexual va mucho más allá de la rumba en las discotecas de Los Puentes, más allá de la promiscuidad y el acoso sexual en el que mucha gente nos etiqueta. Sabe usted muy bien que nos preocupa el conocimiento, la madurez, al amarse el uno al otro como Cristo ordenó a los cristianos, respetándose, cuidándose, apoyándose, creciendo todos los días como personas. Créame, doña Consuelo, que usted merece todo mi respeto porque no es de las personas que creen que ser homosexual es un vicio que se puede "curar". Es simplemente eso: ser, como puede usted tener los ojos azules o negros, y que enamorarse de otro hombre es tan natural como el día que usted se enamoró del que hoy es su esposo y echó a su hijo de la casa por ser marica. Gracias, porque se me vinieron las lágrimas cuando leí su carta en La Hoja. La felicito por ser una supermujer y una supermamá. La fotocopia de su carta la conservaré en ese viejo cuaderno de recortes y la leeré para mí y para los demás cuando la intolerancia, la incomprensión o la ignorancia me estén haciendo sentir como aburrido con los humanos. Saludos a sus hijos (o a su hijo y a su yerno). 

Sienta un respetuoso abrazo,

Arturo

domingo, 19 de enero de 2014

Historia cercana. Carta abierta de la madre de un hijo "marica".

Carta publicada en La Hoja, Medellín, en junio de 2000
(Con muchas coincidencias con la realidad)

Tengo un hijo de 32 años "exiliado" en El Cairo, a donde se fue a vivir luego de que "su padre", "mi esposo", lo echó de casa por "marica". Él ahora vive feliz en la ciudad de sus sueños, el la ciudad de Lawrence de Arabia, de Peter O´Tool. Para mí es un misterio cómo se sostiene pues yo le mando "dolaritos", pero me imagino que allá como aquí no alcanzan para nada. Mensualmente le mando una "valija diplomática" (llena de recortes de periódico,, de revistas, de fotos de Medellín, de casetes de video con lo mejorcito de la televisión, con casetes grabados con mi voz y la de sus hermanos y amigos, con areparina, frisoles, bocadillos, arequipe, papitas fritas con sabor a limón, con café colombiano, en fin, son tantas cosas y a la vez tan pocas) con un amigo diplomático que vive en Italia y que como él, es "marica"; él me retribuye mis regalos con unas cuantas palabras garrapateadas en una carta que a veces es inmensamente chiquita -20 páginas- y otras exuberante -más de 50-, pero como les digo, su letra apenas si la entiendo yo. Él vive con su amigo catalán (no español) y juntos trabajan en lo que pueden, desde taxistas y guías de turismo hasta profesores de español. ¿Se los imaginan? Yo no. A veces cuando logro "robarle" un poco de plata a mi marido, le mando artesanías que ellos venden a precio de oro y otras, como la última vez, fríjoles paisas que venden a los pocos paisas residentes en Egipto.

Una sola vez lo he podido visitar y eso a escondidas de "su padre", pues nos encontramos en Atenas porque si llegaba a Colombia con pasaporte sellado en Egipto capaz era de matarme. Lo vi feliz, con 10 años menos de los pocos que tiene, más bello, más moreno, más culto, más internacional, más metido en el cuento del cine, de la literatura, de la poesía, de la pintura, más en su cuento, cuento que en Colombia, con "su padre" recordándole en todo momento que es marica, nunca hubiera podido vivir. Siempre le mando La Hoja que desde cuando vivía en Colombia le encantaba y en varias ocasiones les han mandado recados que nunca les he entregado. Cuando vi en uno se sus últimos números una carta "Qué me dejó tu amor... todo menos pesares", se la envié subrayada con resaltador amarillo pues a mí me causó un impacto tremendo, me encantó la forma en que dos hombres pudieron vivir su amor abiertamente, sin los problemas que tuvo mi hijo en Medellín, me conmovió que lo que más recuerda el autor de la carta es la forma como creció intelectualmente con su amigo, y me conmovió porque eso es lo que está tratando de hacer mi hijo con su amigo en El Cairo. 

Pero lo que más me conmovió es la carta que acabo de recibir de mi hijo y de su amigo, como cualquier carta "cursi" vino manchada por los lagrimones que a los dos les caían cuando la escribieron, lagrimones por los recuerdos que les trajo a cada uno de su condición familiar, pues a Pablo (por Picasso, Neruda y Casals) también lo echó su papá de Barcelona, y también como a mi Julián, por "marica", lagrimones porque lo narrado por el autor de la carta es lo mismo que cada mes se narran mis hijos desde El Cairo, me cuentan qué libros leyeron, qué películas ven, a qué conciertos van, qué mezquita, que bazar nuevo conocieron, con quiénes tomaron el "té helado de jazmines". Esta vez mi hijo y su amigo les mandan a decir que un millón de felicitaciones por ese artículo, que en Colombia como en España, como en cualquier país del mundo, artículos como el publicado son los que se necesitan para que "los padres" se vayan enseñando a ver la pareja homosexual como una pareja común y corriente, con los mismos problemas y las mismas aspiraciones de cualquier pareja heterosexual. Mis hijos Julián y Pablo les mandan a decir que reten a cualquier pareja "normal" a que con sólo seis meses de relación recuerden a su pareja no por las veces que se acostaron o por las discotecas que visitaron o por las comidas en los mejores restaurantes o las idas al club los sábados sino por los libros que juntos leyeron, o la música que juntos escucharon, o las películas, o los poemas que compartieron. La carta de mis hijos es bastante extensa y les repito, totalmente ilegible. (Ellos no tienen ordenador -como dice Pablo- ni todavía hay cafés internet, por lo tanto siguen escribiendo a mano) motivo por el cual no les envío el original. Mis hijos están esperando en El Cairo que pronto la empiecen a publicar por entregas como lo anunciaron recientemente.

Consuelo Pérez de Gómez

sábado, 18 de enero de 2014

¿Qué le dejó el Amor que no fueran pesares?


¿Qué le dejó el Amor que no fueran pesares?
(Preguntó La Hoja de Medellín en el año 2000)


  • Pues, el placer de un baño compartido los domingos a las cuatro de la tarde, con el agua bien caliente y la champaña bien fría. (Luis).
  • El Amor que ya se terminó, me dejó la adicción por el té, por los scargots, por las ancas de rana, por las tablas de queso, por el salmón ahumado de Noruega, por los buenos vinos. (A.F.).
  • Hummmm... placeres. (Marta Mejía).
  • Un poema que leímos, y otro que escribí, el aroma de una flor emergiendo de tu bosque. Un espejo roto, y un rostro. (Rosa, simplemente).
  • Digo que buenos recuerdos y enseñanzas para ser mejor la próxima vez. (Voz femenina sin identificar).
  • Muchas ganas de volver a estar con él. (Fernando Moreno).
  • Gratos e ingratos recuerdos. Pero inolvidables experiencias. (Oswaldo Arias).
  • Qué me dejó el amor? Todo menos pesares.  Sabor a té de jazmín, a queso de la casa de los Villa en Las Brujas, a vino tinto y a vino blanco. Olor a azucenas y rosas, a pinos y eucaliptos. Colores amarillos del guayacán, de yarumos plateados de Santa Helena, el negro de su pelo y el cobre de sus ojos... Música de Malher, del Carmina Burana de los estudiantes del siglo XII de la Sorbona, de Palestrina, el réquiem de Verdi y el Te Deum de Berliotz... Bach, ayer y hoy y siempre Bach... Rock, Pink Floyd, Jethro Tull, Cat Stevens... Conciertos, exposiciones, caminatas... La Playa, el Parque de Bolívar, paseos de domingo... Vuelta a Oriente, pandequeso en San Pedro, hostias en Caldas, jugos en Bolombolo, historias contadas en Santa Fe de Antioquia, la de calles estrechas y curvadas. Capuchinos con cheesecake en Le Gris, en el Café Café de El Poblado... Largas conversaciones... Libros... Carpentier, Borges, Cortázar, Lawrence Durell, la Yourcenar... Poemas... Kavafis, Cernuda, Lorca, Machado, Rimbaud, Silva, Barba Jacob... Cine... Passolini, Visconti, Buñuel, Fassbinder, Herzog, Bergman... La Loren, La Bardot, Mastroiani, Anita Eckberg... La Naranja Mecánica, El Discreto Encanto de la Burguesía, Blow up.... Un odio visceral por la mujer reproductora, la cazamaridos, la cazafortunas. Admiración por la mujer amiga, por las pocas inteligentes, con quienes se puede hablar de historia o de astronomía... repudio a las especialistas en farándula... Amor a la que sabe escuchar en silencio, a la de los comentarios profundos espontáneos... Odio a la que solo sabe cocinar frisoles, calentar arepas, comer sopa, seco, leche y bocadillo, que cree que scargots es una palabra vulgar... Sexo tranquilo, pausado, intenso, irrepetible... Besos eternos... Recuerdos del hombre maravilloso, especialista en el Amor... todo el Renacimiento en su cuerpo, todos los días uno distinto y todos los días el mismo hombre. Que somos dos hombres, ¿y qué? ¿No lo hizo Alejandro Magno ante sus batallones de soldados macedonios? No escandalizaron Verlaine y Rimbaud; no fue Óscar Wilde a la cárcel y Proust y Hans Christian Andersen y Kirkegaard, Lorca y Dalí, Whitman... Lástima habernos conocido en la época equivocada. Sólo seis meses para un recuerdo eterno, exquisito, único. Mil hojas, toda la biblioteca benedictina no sería suficiente para albergar los recuerdos de este Amor apenas insinuado. El Amor de dos hombres en sus treinta, un arquitecto, un músico. Un Amor que dejó sólo bellos recuerdos y ni un solo pesar. (Apartes de una extensa carta de L.L.C.)





viernes, 17 de enero de 2014

"No tengo de qué avergonzarme".

Apartes de una de las últimas entrevistas de Chavela Vargas.

Chavela Vargas, La Chamana, La Dama del Poncho Rojo.

No, lo que te han contado es mentira. La gente cree que los homosexuales sufrimos mucho: no es cierto. Somos iguales que los demás. La gente lo ve mal siempre, y hay veces que una tiene ganas de hacer lo que dice esa canción mía: "Vámonos, donde nadie nos juzgue...". No está aceptado por la sociedad. Yo he tenido que luchar para ser yo y que se me respete, pero llevar ese estigma para mi es un orgullo. Llevar el nombre de lesbiana. No voy presumiendo, no lo voy pregonando, pero no lo niego. He tenido que enfrentarme, sí, con la sociedad: con la Iglesia, que dice que malditos los homosexuales. Es absurdo. Cómo vas a juzgar a un ser que ha nacido así. Yo no estudié para lesbiana. No me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza. No, no tengo de qué avergonzarme. Mis dioses me hicieron así. Por algo es.
Parte del mundo me va a entender, esto va a ser muy importante para muchos, pero otra parte va a rasgarse las vestiduras... Esa es la verdad de cuando se es homosexual puro y limpio. Cuando me dieron el premio en México, yo le dije a la juventud: todo se puede, con respeto y elegancia, con libertad. 
Ese es, ese ha sido mi destino. Ahora me emociona que me lo reconozcan; saber que me iré con los chamanes, que han purificado mi alma; saber que estoy conforme conmigo, con lo que soy. Que me aman. Hoy en mi alma hay armonía. Para ser como yo soy hay que ser demasiada mujer. Presumo de eso.

"Y vámonos, donde nadie nos juzgue
donde nadie nos diga
que hacemos mal.
Vámonos, alejados del mundo,
donde no haya justicia
ni leyes ni nada,
no más nuestro amor."

viernes, 10 de enero de 2014

Disconforme



jueves, 9 de enero de 2014

No me encuentro







domingo, 5 de enero de 2014

Debí ser actriz

Periodista y escritora.

sábado, 4 de enero de 2014

"No hay muerto malo..."

A propósito del fallecimiento de una compañera de la facultad, han circulado las consabidas condolencias vía mail, facebook, whatsApp, y demás medios modernos de comunicación y cotilleo, así como el obituario en el periódico donde trabajó, exaltando sus virtudes (que no dudo que las tuviera). Alguien comentaba, al respecto, que el papel puede con todo. Y que una vez más se corrobora aquello de que "no hay difunto malo, ni novia fea, ni padre mal estudiante".  

Pues bien, repasando escritos para el blog, me encontré este texto de la poeta poetisa colombiana María Mercedes Carranza, que me vuelve a recordar lo que creo que pasa siempre con los difuntos o, mejor dicho, con los duelos de esos difuntos. ¿Estará en lo cierto la también fallecida poeta poetisa?

Al comienzo la llorarán mucho.
Habrá novenas, misas cantadas
con diáconos y cuatro curas.
El luto adornará a los parientes
que entre lágrimas verán su vida
como una hazaña.
Será gran señora, incomparable esposa,
dilecta amiga, pozo de gracia,
de virtudes y dones.
El vacío que dejará en la sociedad
no podrá llenarse aunque lo intenten.
Se conservarán igual que reliquias
cadejos de su pelo.
Y hasta habrá manos
que echen de menos otras manos.
Con los años será la abuela 
que hay que pasar a un osario
y luego la foto en cualquier rincón de la casa
que nadie sino de lejos sabe
a quién retrata. 
Finalmente nada.

viernes, 3 de enero de 2014

Te pregunto:



 
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