domingo, 5 de agosto de 2012

Las amargura vuelven a ser amargas: Ya no las canta Chavela Vargas

Chavela no ha muerto. Se fue. Ha trascendido. Ella misma decía: "Yo no me voy a morir porque soy una chamana y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos". Hace poco comentaba que estaba viendo a la Vida y a la Muerte, ahí junto a ella. Y que no les tenía miedo. ¿Cómo habría de temerles esta mujer que caminó por el mundo terrenal durante 93 años y se bebió la Vida a golpe de tequila (contaba que se bebió toda la producción de México), de alegrías y penas de amor? Esta mujer llenó el corazón de nostalgias de más de tres generaciones, no cantaba simplemente, más que interpretar dejaba jirones de su corazón en cada tono.

Costarricense de nacimiento, mexicana por adopción, universal por su canto, Chavela amó sin reparos ni falsas leyes de los tradicionalistas del siglo XX, buscó y encontró la pasión, interpretó a los grandes, no negó nunca lo que su corazón le hacía sentir. "Yo nunca me he acostado con un señor. Nunca. Fíjate qué pureza. Mis dioses me hicieron así. Por algo es". No presumía de lesbiana pero no lo negaba. Se enfrentó a la sociedad de su tiempo, a la Iglesia que dice que malditos los homosexuales. "Yo no estudié para lesbiana. No me enseñaron a ser así. Yo nací así. Desde que abrí los ojos al mundo. Esa es la verdad de cuando se es homosexual puro y limpio. Me iré con los chamanes que han purificado mi alma; me emociona saber que estoy conforme conmigo. Que me aman. En mi alma hay armonía. Para ser como soy yo hay que ser demasiada mujer. Presumo de eso".

Volvió a España, "la hembra de Europa", en sus últimos 20 años,  como pidiendo que no la olvidemos nunca. Se obstinó en dar un último concierto el mes pasado en homenaje a Federico García Lorca. Fascinó a anónimos y famosos, mayores y jóvenes, que la habían conocido a través de los discos de vinilo que sus padres escuchaban durante el franquismo. A los dos días de su concierto ingresaba en el hospital después de tamaño esfuerzo de 13 horas de vuelo, concierto y visita a la Residencia de Estudiantes de Madrid.  Por decisión propia regresó a su México lindo y querido, donde se elevó  ayer.

Hoy también recuerdo cada una de las canciones de esta dama de poncho rojo, pelo de plata y carne morena. Esas que acompañaban tardes de juegos de cartas y aguardientes en casa de mi abuela. Hoy no tengo que decirle Ojalá que te vaya bonito, porque sé que así será. Esta día se fue "de a de veras" y si pudiera pedirle algo es que le cante a esos otros seres mios inmortales en su cielo con sabor a tequila. Chavela, como el chile verde, llorona, picante pero sabroso, qué difícil tener que olvidarte. Ojalá podamos seguir viviendo, sin brindar con extraños y sin llorar por los mismos dolores.

2 comentarios:

Quike dijo...

Ahhhh cuanta falta nos va a hacer esta mujer que se dió el lujo de vivir como se le dió la gana y morirse de la misma manera. La libertad tiene un costo pero la recompensa lo vale con creces!

Quike dijo...

Ahhhh cuanta falta nos va a hacer esta mujer que se dió el lujo de vivir como se le dió la gana y morirse de la misma manera. La libertad tiene un costo pero la recompensa lo vale con creces!

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