lunes, 18 de junio de 2012

Sobre el perdón


Este artículo del pedagogo José Antonio Marina, publicado en el periódico El Mundo el domingo pasado, me ha tenido dándole vueltas a la cabeza. ¡Qué difícil es perdonar! Sobre todo cuando hay que agregar el olvido de la ofensa. Y en sentido cristiano, aquello de "perdona  como nosotros perdonamos a los que nos ofenden".

Sí, pedimos perdón, como dice el autor, para liberarnos del odio o de la culpa. Pero, ¿seremos capaces de perdonar a la mujer que maltrata a su hijo y ante la llamada de atención que le damos, opta por prohibir que nos acerquemos a ellos? ¿A quien es capaz de esconder los alimentos a una menor de edad, a pesar de haberla "invitado" con su padre a abandonar su país, ofreciéndoles una supuesta mejor calidad de vida? ¿A aquella que, ignora su soledad, su minusvalía y a seres generosos a su paso, y no deja de agredir, de mentir, de sembrar cizaña?

De verdad, no puedo. No puedo porque quien hace daño (moral y físico) a un niño, ofende al Creador. No puedo porque mi perdón sicológico lo he cambiado por el más profundo olvido. Sin desear el mal. Al contrario, deseo que cambie, que aprenda, que su hijo sea un hombre de bien y que lo que ha sufrido en la vida no lo desvíe del camino

No me siento en la obligación de hacerlo, sobre todo cuando todas mis acciones han sido sin esperar nada a cambio. Sorprende, sí. Pero cada uno actúa de acuerdo con su naturaleza (como en la fábula del escorpión y la rana). Esto se trata del perdón que cada uno debe darse a sí mismo.  Y el mal dado no ha sido a mí sino a terceros que no lo merecían. Y a veces es mejor retirarse de ese camino.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy contigo, debe de ser por mi forma de ser, pero soy capaz de perdonar cualquier tropelía que se realice contra mí, por mucho que me duela... pero soy intransigente, rencoroso y a veces, hasta vengativo, con quien hace daño a mi novio, a mis seres queridos, a los niños o a los ancianos, a las personas que quiero o que son más inválidas... si tú eres un cobarde, yo puedo ser contigo un cabrón...

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