domingo, 3 de junio de 2012

Hielo, en Nudo Teatro de Madrid


Roberto Morales,
actor protagonista de Hielo

La escapada a Madrid me llevó también al teatro. Me gustan las obras representadas en pequeñas salas, por la cercanía de los actores con el público. Se establece mayor conexión cuando estás sentado a escasos centímetros de ellos en el escenario sin mayores adornos que la voz, la expresión corporal, un buen texto y un par de luces. Sientes su respiración, cada subrayado del texto, cada palabra. Y te metes en escena, en las vivencias de un autor puestas en el cuerpo de un actor.

Los viernes de mayo, junio y julio se presenta en Madrid la obra Hielo, ópera prima de Ángel Málaga, socio fundador de Nudo Teatro, sobre un conmovedor y desgarrador texto del italiano Alessio Arena. Esta obra es un relato lírico sobre Reinaldo Atxaga (interpretación soberbia de Roberto Morales), un joven auxiliar de enfermería en un centro de discapacitados y asiduo frecuentador de las páginas de contactos gay. Reinaldo basa en su experiencia profesional y biográfica la idea según la cual el sexo debe estar completamente desvinculado de su carácter social y ser vivido como hecho natural entre seres humanos. Partiendo de esa base, su discurso se lanza a indagar las heridas insanables de su familia, en que la falta de comunicación y de apego han hecho posible la ruptura de contacto con su hermano, el hombre al que más admira en su vida. Historia moderna de Caín y Abel. Una certera disección del corazón humano, la parte más débil de nuestra anatomía, allí donde anidan los sentimientos y las ataduras que rasgan nuestra muñecas y guían nuestros sueños. Allí donde resulta más complicado restañar las heridas.

Esa noche asistimos 17 personas a la representación. Uno a uno fuimos acompañados a nuestros sitios en un cuarto oscuro y asistimos a las confesiones íntimas, vivencias, miedos y encuentros reales y virtuales de Reinaldo. A sus decisiones, pruebas y vías de escape. El chat, "dictadura de la palabra", los encuentros sexuales anónimos, las verdades de nuestros temores y de enfrentarse a uno mismo. Quererse, odiarse, entenderse, perdonarse. La imposibilidad de huir de uno mismo, Reconocer nuestras propias grietas, laberintos y abismos. Emprender un viaje a las profundidades de nuestro ser, con nuestros secretos inconfesables, sin olvidar que "el hielo abrasa más la piel desnuda que el fuego".

¿En qué piensas cuando tocas?
Vivo y muero cada día.
Una mariposa sin alas.
Un cubito de hielo deshecho en gotas idénticas.
Un espejo gélido donde encontrar al otro.
Un día, un día cualquiera.
Un viaje, sólo de ida.
Un camino de sexo y comunicación...
Porque el final de un viaje siempre es uno mismo.
Porque no hay nada menos humano que el sexo.
Porque si no tienes nada interesante que contar, no hay juego.

"Soy Reinaldo Atxaga y nadie me vio entrar"

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