sábado, 26 de mayo de 2012

Gran Hermano 12+1, Noemí y el precio de la fama


Noemí Merino, GH 12+1:
Canaria, surfera y desquiciada

No siempre he seguido la invitación al voyerismo de Gran Hermano, pero es casi imposible evitar darse de bruces con este programa de Telecinco. No basta con las galas, los debates y los avances diarios; de ellos hablan en otros espacios de la cadena y hasta en el noticiero, sin dejar de lado los blogs de sus colaboradores, twiteros, facebookeros y demás. Mercedes Milá, su presentadora, ha repetido hasta la saciedad que esta "tele-realidad", es un experimento sociológico y he estado a punto de creérmelo en esta edición. Un experimento en el que 12+1 concursantes (pura triscaidecafobia) se encierran en una casa durante tres meses y los televidentes se dedican a mirar cómo se duchan, duermen, comen, discuten, tienen acercamientos erótico-festivos, se odian y se quieren con la misma rapidez y cambian de objetivo "amoroso" como quien cambia de camisa.


Por quince minutos de fama o de popularidad, muchas personas se arriesgan a lo que sea. No en vano, son millares los aspirantes a entrar en la casa y sólo dos decenas los escogidos. ¿El criterio de selección? Que sean frikies, transexuales, gays, lesbianas, curas, góticos, que se les pueda salir el lado macarra, que huyan del pudor, que no les importe ser el centro de todas las miradas y comentarios. Todo por un puñado de euros y con la intención de seguir ganando dinero paseando por programas de cotilleo (prensa del corazón los llaman).

Pero esto es de sobra conocido. Lo que me ha indignado estos días son las escenas relacionadas con Noemí, una concursante de las Islas Canarias, cuyo encierro en Guadalix de la Sierra, ha sacado a la luz sus más profundas debilidades, en las cuales se ha centrado todo el espectáculo. Esta chica se ha enamorado de un italiano que no le da ni la hora (bueno, alguna hora de gustito en los bajos sí) y luego, en intercambio con GH Brasil, ella sí se le dió alegrías a otro concursante de allí. Regresó con su secreto muy mal guardado (sólo lo vieron unos cuantos millones de brasileños y españoles) y al verse pillada en sus "pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión" se desataron en ella los síntomas de depresión y ansiedad y ha sido sometida al juicio de muchas personas dispuestas a señalar con el dedo los fallos de otras, olvidando aquello de "quien tiene rabo de paja no se arrima a la candela".

Alessandro, GH 12+1:
Italoespañol, exfutbolista
y acosado
Noemí llora, ríe, provoca, se desnuda, acosa, mete mano, invita al exhibicionismo ("enséñale a fulana la anaconda que he tenido entre mis piernas"), sigue a la ducha a Aless, el objeto de su deseo, o le pellizca los genitales. Niega rotundamente que haya hecho nada malo, porque se siente libre de hacer lo que le venga en gana. (Pero si fuese un hombre el que hiciera eso a una mujer, su expulsión y lapidación hubiera sido inmediata. Cosas de la igualdad). Y enfrente, cientos de mirones critican, señalan, queman en hogueras mediáticas y disfrutan con las absurdas decisiones de supuestos profesionales de la sicología que permitieron que regresara a la casa en su indiscutible estado de mala salud mental.

Y lo que más me ha indignado es que crean que periodismo sea acosarla en un aeropuerto, insistiendo en preguntarle cómo se siente después de haber sido sacada del plató por su madre, aunque se le vea medicada y agobiada. El personaje (que dejará de serlo en pocas semanas) contestaba con educación: "Ahora no quiero hablar, gracias", pero el aprendiz de periodista amarillista la seguía, le repreguntaba, desde la salida del avión, por todas las salas del aeropuerto hasta la puerta del coche, para luego apostarse a la entrada de su casa.


Si este es un experimento sociológico, sicológico o antropológico, y si fuese un verdadero espejo de la realidad cotidiana, apaga y vámonos. En el espectáculo todo vale, parece ser la máxima. "En la casa todo se magnifica" es ya un lugar común. Los concursantes tranquilos, equilibrados, sociables, serenos, no dan juego ni morbo. Y si en el camino se dejan juguetes rotos y vidas deshechas, no importa. El año próximo habrá más aspirantes, más audiencia y más dinero para la productora. ¡Que esto es televisión! Y, por lo visto, de respeto por los humanos no se trata este negocio.

1 comentarios:

davichini dijo...

Creo que la culpa es de las dos partes. Por un lado, Noemí es libre de hacer lo que quiera con quien quiera, bien. Por otro lado, sabe que este espectáculo lo están viendo varios millones de personas.

Si no tienes nada con nadie, me parece bien que hagas lo que quieras, lo que no me parece tan bien es que mintiera en las dos casas. A unos les dijera que no había tenido nada en España, y a los otros que no había pasado nada en Brasil.

Lo que yo critico de Noemí es la mentira, porque sabe que esto se va a ver fuera y que se lo pondrán a Aless, y no me vale el argumento de "Hago lo que me apetece" porque a veces, el hacer lo que te apetece conlleva que hagas daño a los demás, y no es hacer lo que te apetece si no, lo que puedas hacer dentro de lo que te apetece.

Por otro lado, culpa del programa y la presentadora por masacrarla y dejarla entrar otra vez, porque esta niña no está bien en cuanto a salud mental. Lo mejor hubiera sido que no entrara otra vez porque el daño sufrido creo que es grande.

Besazos!!

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