lunes, 23 de abril de 2012

Día de las palabras



María Rivas interpreta esta bella canción de Aldemaro Romero
acompañada por la Orquesta Sinfónica del Estado de Mérida (Venezuela).
Director: Rodolfo Saglimbeni.

Hoy es el día de San Jorge, el día del libro y el día del Idioma. Otras veces he hablado de estos temas, pero hoy ha vuelto a dar vueltas por mi cabeza esta bella canción por la que conocí a esta cantante venezolana. Yo no hablo catalán, una de las lenguas que se hablan en España, pero creo en la magia y en el milagro de la palabra. En la lengua que sea. Creo en las palabras que tienden brazos y  puentes,  las amigables y amorosas, las de la nostalgia, las de la poesía, las que nombran a quien sigue vivo en medio del alma. Palabras de amor, sencillas y tiernas,  como te quiero o te Amo. Palabras pétreas y de color, como lapislázuli. Palabras  de naturaleza, como abedul o mar. Palabras que te nombran sin decir tu nombre, como Ojos Azules. Palabras para la nostalgia, como te extraño o qué falta que me hacés. Palabras que te arropan, que te animan. Palabras, palabras...

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Al principio ya existía la Palabra
y la Palabra se dirigía a Dios
y la Palabra era Dios.
Ella al principio se dirigía a Dios.
Mediante ella existió todo,
sin ella no existió cosa alguna
de lo que existe.
Ella contenía vida
y la vida era la luz de los hombres:
esa luz brilla en la tiniebla
y la tiniebla no la ha extinguido.
Apareció un hombre enviado de parte de Dios,
su nombre era Juan;
éste vino para un testimonio,
para dar testimonio de la luz,
de modo que, por él, todos llegasen a creer.
No era él la luz,
vino sólo para dar testimonio de la luz.
Era ella la luz verdadera.
la que ilumina a todo hombre
llegando al mundo.
En el mundo estaba
y, aunque el mundo existió mediante ella,
el mundo no la reconoció.
Vino a su casa,
pero los suyos no la acogieron.
En cambio, a cuantos la han aceptado.
los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios:
a esos que mantienen la adhesión a su persona;
1os que no han nacido de mera sangre derramada
ni por designio de un mero mortal
ni por designio de un mero varón,
sino que han nacido de Dios.
Así que la Palabra se hizo hombre,
acampó entre nosotros
y hemos contemplado su gloria
-la gloria que un hijo único recibe de su padre-
plenitud de amor y lealtad.

(Prólogo del Evangelio de Juan)

¡Sobran más palabras...! ¿verdad?

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