martes, 21 de junio de 2011

Cuando el amor llega así de esta manera...

Un cincuentón, doblemente viudo y vanidoso, trata de apaciguar la tremenda pasión que siente por él su joven sobrina. La historia de amor entre dos  personas de diferente generación y además parientes, pudo haber sido uno más de los burdos dramas de las telenovelas latinoamericanas. Pero la telenovela colombiana Caballo Viejo (Caracol Televisión, 1988) arrasó hace décadas con los índices de audiencia, no solo por la ambientación tropical, el acento costeño de sus conocidos actores y por una extraña mezcla de filosofía, poesía y sabiduría popular. Un "culebrón" que rompía los esquemas de los dramas estilo Delia Fiallo y optó por los textos por encima del argumento, en recuperar el valor de la palabra.

De Caballo Viejo recuerdo uno de sus monólogos, que para mí no ha perdido emotividad con el paso de los años. Epifanio del Cristo Martínez se obsesionaba por el tema del amor. En este texto explica a su hermana Cena las razones que tuvo para enamorarse de su sobrina.

Uno viene a la vida por amor, Cena. La vida se la dan a uno porque dos personas se aman y quieren ver la cara de ese amor. Porque el amor no tiene cara, no. El amor tiene la cara del niño que nace. Y si uno viene a la vida por amor, la vida no se puede vivir sin amor. Y no basta con sentir ese amor; uno necesita sentir que también es amado. El amor de los demás: de los padres, de los hijos, de los hermanos, de los amigos, es mucho, bastante, pero no es suficiente. Un hombre necesita el amor de una mujer para sentirse vivo. El amor nos hace vivir. O el odio. También el odio te hace vivir. Yo no puedo odiar a nadie, entonces tengo que amar. Te amo a ti, con amor de hermano. Amo a Santiago, a Eustaquio, inclusive a Santiesteban, con amor de amigo. Y amo a Nora Márquez, con amor de hombre. No puedo evitarlo...
  
Cuando pienso en ella, respiro profundo y siento que el aire me llena los pulmones. Cuando pienso en ella, los pies caminan más rápido, saco el pecho al caminar y levanto la cara para mirar al cielo. Porque, cuando no se ama, uno camina agachado y mirando al piso porque no le importa para dónde va. Uno ama y el verde es más verde, el amarillo es más amarillo, el rojo más rojo. La música suena distinto y cada nota, cada palabra de una canción te hace vibrar algo que tienes por dentro que no sabes explicar qué es y nos abes por qué vibra. Mira tú, Cena. Mira toda esa gente que oye radionovelas. ¿Què cuentan ahí? Historias de amor. Y hay otra gente que dice: "¿Cómo puede haber tata gente que le guste eso?". La respuesta es muy fácil: porque en esas novelas, la gente ama y los que oyen, quisieran hablar más, quisieran amar igual o quisieran amar distinto. Pero, amar, vieja mía...

Te cuento una cosa que no sabes. El día que nuestro padre se murió, nuestra madre le tenía la mano agarrada. Ambos tenían... ochenta... ochenta y tantos años... ¿Te imaginas, Cena? Ochenta y tantos años. Él no podía hablar. Se limitaba a mirarla y a apretarle la mano. Con mucha fuerza, Cena. Con mucha fuerza. Diciéndole con los ojos que se estaba yendo y que lo único que le dolía de irse era ella. Y cuando finalmente los cerró y dejó de apretar, nuestra madre dijo: "Y ahora, ¿Què va a ser de mí?". Fíjate: nos tenía a ti, a mí, a Maritza. Sus hijos. Y no se le ocurrió pensar en nosotros. Dijo: "¿Què va a ser de mi?". No porque le faltara el amor de sus hijos sino su amor de hombre: un amor quieto, tranquilo. Y le iba a hacer falta a quién amar. Y tenía más de ochenta, Cena...

Yo sé que esto es pecado, que a lo mejor no funciona como yo quisiera, que a lo mejor no dura más de un año o un mes o un día, pero no me importa. No me importa, porque voy a caminar más duro, con la cabeza levantada, con el pecho abierto para respirar el aire, así dure un año, un mes, un día o un solo instante.

2 comentarios:

  1. Yo le digo siempre a mi novio, él no se lo cree, dice que se lo digo de broma, que si por mala ventura él muriera antes que yo, haría lo mismo que dice la canción de ALEJANDRO SANZ, es decir "después de ti no hay nada" y que me iré a un convento de clausura, sea cual sea la edad que tenga, a esperar l muerte con sosiego y tranquilidad, porque ya no me quedará horizonte... él no se lo cree... pero yo lo digo muy en serio...

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  2. Esa novela la recuerdo de mi niñez.... excelente y profundo diálogo.

    Saludos,

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