viernes, 17 de junio de 2011

Cartas extraviadas: A vos, sin identidad en Nueva York

¿Qué te identificará a vos, que caminás ahora por la Quinta Avenida, en esa ciudad novelada por Dos Passos y cantada alguna vez por García Lorca? ¿Sólo tu pasaporte verde, por el cual, además, te mirarán con ojos de inquisidor? Te verán como rata escapada de sus trampas de cincuenta pisos. O como contrabandista. Y vos que has sido un contrabandista de sueños, ¿què harás? ¿Llevás por algún azar en tu valija de nostalgias un equipaje diversos que te salve de tu carencia de identidad? Vos sabés que somos los vencidos. No hemos escrito nuestra historia. ¿Tenemos conciencia histórica? No. Por eso nos atacan. Y nos invaden. No solo con coca cola y marlboro, sino con productos más sutiles y perversos. Vos sabés que no lo digo porque hayás reemplazado los frijoles por una plástica hamburguesa o por un desabrido hot dog. Lo digo por tantas cosas. Vos sabés, ¿verdad?

Ahora que ya conocés el puente de Brooklyn (yo sólo conozco el de La Toma) y el Empire State y la estatua de la Libertad, en fin, te darás cuenta de tu falta de identidad, porque ¿què significa en otros ámbitos ser latinoamericano? ¿o colombiano? Nada. Te acordàs de ese cuento de Borges en el que un personaje dice que "ser colombiano es un acto de fe". Pues bien. Eres algo peor: un acto de mala fe. Como él y ellos y nosotros. Como todos los que habitamos este mapa monstruoso que tiene su cabeza de mongólico en la Guajira y su cola de pescado en el Amazonas.

Bueno, pero no es que quiera ofenderte con esta carta desesperada. Sólo quiero evocar algunas conversaciones de taberna, o de jardinera de Junín. Vos siempre hablabas, ahí, en Versalles, en La Arteria, de la identidad cultural (y, entre otras cosas ¿què vaina es esa?), y de que el país carecía de ella. ¿O vos creés -me interrogabas- que una cumbia, o un bambuquito llorò, o una cancioncita que habla de padres e hijos es la identidad? Y entonces, con tu sapiencia de intelectual de esquina, argüías que la identidad se basa en la historia, en la lengua, en la sicología del pueblo. Y claro, yo no te quitaba la razón, porque, por otra parte, o tenemos sentido de pertenencia, ni pensamiento propio, ni una estética diferenciadora ¿o sí? Ni siquiera el idioma nos identifica porque, sabés, en vez de cantar el feliz cumpleaños, desentonamos con un "happy brithday to you". Y vos agregabas,muy emocionado, que para algo tan elemental como es la celebración (o deploración) de un aniversario, no contábamos con nada oriundo de estas tierras y que los mexicanos nos habían tenido que prestar sus mañanitas (falso que las cantara el rey David) y sus noches tapatías.

Me parece (¿a vos también?) que no tenemos conciencia de nosotros mismos. No somos. No nos hemos descubierto. Padecemos de alguna manera del fernandogonzalezco complejo del hideputa. el desarraigo nos asedia y sufrimos toda suerte de desamparos. ¿Què es la cultura? Vos me decías, con tu apego formal a las definiciones, que eran todas las actividades creadoras de un pueblo, de una nación. Pero, según eso, creo que al pueblo le quedan cada vez menos espacios para la creación. Alcanza solamente para sobrevivir. Tengo la certeza de que apenas somos eso: sobrevivientes, lo que ya es bastante decir en un medio inhóspito, abandonado por la cursilería y la superficialidad, como es el nuestro.

Para tu consuelo en esas calles impersonales de Nueva York, te envío unos versos de un extraño poeta, Mohammed Al-Jawahiri. Espero que te digan algo: "Dormid, hambrientos del pueblo, y que os guarden los dioses nutricios,/ y si el verbo no os sacia, que sea el sueño./ Dormid sobre la nata de las promesas y el líquido de las palabras/ y que os halaguen en las tinieblas de los desposados/ con rodajas de pan brillante como la luna llena".

¿Dónde está nuestra conciencia histórica? Vos decías que ella era el bunker para resistir todas las formas de agresión externa e interna. ¿Dónde está? ¿La estamos construyendo? ¿O nos la enajenaron? No lo sé. Pero vos, que no sos de aquí ni sos de allá, como diría Facundo Cabral, no tenés cómo identificarte ante los rascacielos de ojos azules. No basta tu guitarra, que aún tiene muchas canciones por cantar. Bueno, creo que me he puesto muy trascendental y pesimista, cuando, en rigor, si tenemos un rasgo de identidad muy importante: la cédula de ciudadanía... Hasta siempre.

Reinaldo Spitaletta
Comunicador social-Periodista de la Universidad de Antioquia.

1 comentario:

  1. Y tú te diriges a los inmigrantes que, con o sin "papeles", pierden sus raíces en los EE.UU, pero anda que... ¡ellos mismos, los norteamericanos! ¿Qué raíces tienen? ¡Si todos son hijos de la inmigración italiana, irlandesa, sudamericana, francesa....! La única cultura genuina de ellos mismos eran los "indios" y se los cargaron a todos, o los redujeron a guettos, a modo de reservas, donde sobreviven, borrachos y olvidados, llevando casinos inmundos... o sea que no hay que resistir mucho para no dejarse impregnar por una cultura inexistente... la de ellos me refiero, que la de cualquier inmigrante es más rica a todas luces...

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