martes, 28 de junio de 2011

Por la Dignidad Homosexual


Dice el diario gratuito 20 Minutos, sobre la "celebración" del 28 de junio:

 "En 1969 Richard Nixon llegaba a la Casa Blanca; a la sangría de la guerra de Vietnam aún le restaban seis años y la convulsa década de los sesenta estaba tocando a su fin.

Fue a finales de junio de ese año cuando un grupo de policías irrumpió en el Stone Wall, un bar de ambiente de los pocos que por la época existían en Nueva York, y frecuentado por una fauna noctámbula de homosexuales, drags queens y bisexuales. La excusa era una redada para controlar el consumo de bebidas alcohólicas, pero en la impunidad con la que los agentes irrumpieron se evidenciaba un ánimo represor que nada tenía que ver con la causa esgrimida.

Días antes de la redada, la actriz Judy Garland moría a los 47 años en Londres, tras ingerir una dosis altísima de barbitúricos. La niña de El mago de Oz había sido uno de los primeros iconos gays y su muerte fue llorada a uno y otro lado del Atlántico. Los funerales por su repentina muerte estaban, pues, recientes aquella noche del 28 de junio, y los ánimos y los sentimientos, calientes.

Cuando la policía entró en el local -la leyenda dice que justo en el momento que sonaba el clásico Over the Raibow en la voz de Garland, de ahí la simbología y la bandera- los clientes en vez de someterse se enfrentaron a los agentes, que cuando se vieron acorralados pidieron refuerzos. Tres días después, la batalla campal finalizaba con un muerto, varios heridos y también algún detenido. Desde entonces, todos los años la comunidad gay conmemora la fecha como un hito en la historia de la lucha por el reconocimiento de su opción sexual.

En 1985, los sucesos de Stone Wall fueron elevados a categoría de símbolo durante una conferencia internacional de coordinadores de asociaciones gays, donde se decidió elegir el 28 de junio como el Día del Orgullo Gay.

En 2007, el antiguo Stone Wall -cuya inauguración se remontaba a la década de los cuarenta del siglo XIX- fue remodelado por sus dueños; un hecho que fue celebrado por un columnista del New York Observer como "un día maravilloso para la comunidad gay"."(Hasta aquí la información de 20 Minutos).

Teóricamente, el Día Internacional del Orgullo LGBT, también conocido como Día del Orgullo Gay o simplemente Orgullo Gay (o Gay Pride) es una serie de eventos que cada año los colectivos LGTB celebran de forma pública para instar por la tolerancia y la igualdad de los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales. La noción básica del «orgullo LGTB» consiste en que ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, cualquiera sea su sexo, orientación sexual o identidad sexual. El término «orgullo», tiene probablemente más sentido, desde un punto de vista filológico, en inglés que en español. En efecto, la idea que parece transmitir este concepto es más bien la de una dignidad intrínseca de cada ser humano, que no debe verse afectada por su conducta ni orientación sexuales. En tal sentido, la traducción más correcta debería ser dignidad LGTB.

Hasta aquí, como marco teórico, todo suena muy bien. Estoy totalmente de acuerdo en que cada persona puede y debe defender sus derechos como persona. Pero las celebraciones de la Dignidad Gay, en mi opinión, se han convertido en un carnaval de "plumas", lentejuelas, exhibición de carne, en  un énfasis excesivo en la orientación y/o actividad sexual, en una muestra excesiva de  estereotipos, que afecta a aquellos que optan por vivir su orientación sexual sin necesidad de identificarse con un modelo determinado. Pienso que se ha puesto de lado el discurso  por la no diferencia de los homosexuales opacado por las carrozas multicolores:  La lucha por el derecho a vivir auténticamente la sexualidad o el género; la exigencia a ciertos gobiernos de despenalizar la homosexualidad (sí, en el siglo XXI hay pena de muerte para los homosexuales), facilitar el acceso a la salud pública; la lucha contra las multinacionales farmacéuticas que impiden a millones de personas el acceso a los retrovirales...

Y por último, y no por ello menos importante, a nadie se le ocurrido hablar de Amor. Ser homosexual no es tan simple como tener relaciones sexuales con una persona del mismo sexo. Yo prefiero pensar que un homosexual es un hombre que ama a otro hombre o una mujer que ama a otra mujer, para establecer un vínculo afectivo, para formar una vida en común, con metas mutuas... para amarse y honrarse, cuidarse y protegerse... hasta que...

sábado, 25 de junio de 2011

Soy una familia

Por Cristina Peri Rossi

Estaba sentada en el sofá, leyendo "Los Novios Búlgaros", de Mendicutti, cuando sonó el timbre de la puerta. Siempre espero una sorpresa agradable: un ramo de flores anónimo, la concesión de un premio literario al que no me presenté, o un diálogo estimulante con un vendedor de seguros o de enciclopedias, aficionado al cine y a la poesía. pero no. Era una joven de cabellos rizados y uñas pintadas, con una carpeta en la mano: seguramente se pagaba los estudios (de periodismo, como dicen los varones resentidos, ahora las mujeres invaden los medios de comunicación) haciendo encuestas o vendiendo películas de vídeo a domicilio. Me armé de valor: no creo ser el tipo de personas que refleja alguna clase de realidad social: soy pura subjetividad y, además, no tengo vídeo. En cuanto le abrí la puerta, la joven blandió el rotulador, la carpeta, y me pidió permiso para hacerme unas preguntas. Le contesté que si eran íntimas, mejor: la falta de intimidad me aburre. Mi broma le desconcertó un poco; decidió pasarla por alto y, enseguida, me hizo la primera pregunta: "¿Es usted miembro de una familia?". Me imaginé que se trataba de una encuesta sobre divorcios solicitada por el ayuntamiento, o parte del programa de las Naciones Unidas. los carcamales de esa institución (les pagan extraordinariamente bien para hacer sólo retórica), en un acto digno de su senilidad, han decretado que el 94 es el Año Internacional de la Familia. Una decisión que Franco, Stalin, Pinochet y Margaret Thatcher aplaudirían. "Oh, sí", contesté rápidamente. "Pertenezco a una familia". La joven anotó una cruz en el primer casillero. (En eso, yo estaba totalmente de acuerdo: la familia es una cruz). "Cuántos miembros componen su familia?", fue la segunda pregunta.

No estoy casada, no tengo hijos, mi padre murió hace muchos años, mi madre y mi hermana viven en Uruguay, de manera que mi familia se reduce a una sola persona: yo. Una familia de un solo miembro, es verdad, porque detesto la superpoblación. "Yo soy mi familia", le respondí. La joven me miró con asombro, y como no me gusta desconcertar a las nuevas generaciones, que ya tienen bastante con la masificación de la enseñanza, el paro, el sida y la televisión, le expliqué: "No soy una excepción. En Nueva York y en San Francisco hay muchas familias como yo. Hombres y mujeres que viven solos, madres divorciadas que viven con su único hijo, parejas "gays" o dos mujeres que se aman. En realidad -agregué-, yo soy el único miembro de mi familia, pero me gustaría tener un perro. Como viajo mucho, y no quisiera dejar el perro en una pensión para animales, por ahora prescindo del animalito". No anotó todo esto, pero parecía algo incrédula. Decidí hacer un esfuerzo por convencerla. "A esto se le llama familia nuclear. Cumple todos los requisitos de la familia convencional: soy una unidad de producción económica, es decir, compro y vendo, produzco y consumo, pago impuestos. No tengo hijos, pero colaboro con varias asociaciones humanitarias y festejo la Navidad. Instalo un árbol de plástico y hago regalos a los amigos. Este año -confesé- suspendí la celebración, por lo de Yugoslavia, pero dediqué el dinero a una cuenta de Sarajevo".

Después de escucharme atentamente, la joven consultó sus papeles y me dijo: "Lo siento. Si no está casada, ni divorciada, ni tiene hijos, no puedo incluirla en el estudio". Me lo temía: las familias no tradicionales tenemos muchos problemas. No nos corresponden las casas de protección oficial, pagamos más impuestos, no tenemos créditos especiales por familia numerosa y no nos invitan a los concursos de la tele. A cambio, gozamos de algunas interesantes ventajas: el territorio propio, la libertad de pensamiento y de acción, la autonomía financiera y la democracia interna. Especialmente, estamos exonerados de las cenas del sábado con los suegros y los almuerzos de domingo con los cuñados; podemos comprar en las tiendas pequeñas y sólo necesitamos una unidad de televisor.

Le aconsejé a la joven un viaje de estudios a Nueva York o a San Francisco. Se le iluminaron los ojos, pero enseguida reflexionò: "No me dejarán ir". -"¿Quiènes?", pregunté, alarmada. "Mi familia", contestó. "¿No eres mayor de edad?", le dije. "Sí -respondió. Pero tampoco él me dejará ir". "¿Quién?", pregunté, alucinada. "Mi marido", dijo, y se marchó, con la cabeza gacha. (EFE).

viernes, 24 de junio de 2011

Diccionario personal: Gay

Por Héctor Abad Faciolince

Muchos anglófonos lamentan que los homosexuales, para designarse, se hayan apropiado, hasta casi desterrar otro sentidos, del adjetivo "gay", que en principio quiere decir alegre, jovial, festivo. Pero las corrientes de un idioma son tan independientes de la voluntad de unos pocos, que ya no hay nada qué hacer; en inglés -y, a través de su influjo, en muchas otras lenguas- "gay" es ya el término que designa a las personas que tienen preferencias eróticas por las personas de su mismo sexo.

Cambiar los muchos nombres denigrantes (invertido, perverso, más los otros que no es necesario publicar (...) por la gaya palabra "gay", significa ya un interesante cambio de perspectiva cultural. Quiere decir que esa conducta ya tiene por lo menos un nombre del que no hay que avergonzarse.

Ni siempre ni en todas las culturas ha sido igual de fácil o de difícil declarase homosexual. Pero hay un hecho que debería hacer reflexionar: hay y ha habido gays en todos los países, en todas las razas, en todas las épocas, en todos los ejércitos, en todas las familias. El argumento de la práctica contra-natura se tambalea cuando el fenómeno se da, naturalmente, en cualquiera de los grupos humanos conocidos.

A esto los moralistas suelen responder poniendo a los animales como ejemplo. Un argumento bastante arriesgado; si de imitar las prácticas sexuales de toros y caballos se trata, el hombre correría el riesgo de acabar copulando con su propia madre o hermana. Además, en cuanto a prácticas sexuales, en el reino animal se encuentra una infinita gama de posibilidades: auto, hétero, homo, poli, a, bi, multisexual. El reino animal tiene muchos mas modelos de comportamiento sexual que los admitidos o prohibidos por las culturas humanas.

No se trata aquí de recomendar o denigrar ningún tipo de actividad sexual. Cuando los gays acusan a los heterosexuales de ser "homosexuales reprimidos", se están clavando solos el cuchillo, pues en tal caso ellos serían "heterosexuales reprimidos". Tan reprimidos o liberados los unos como los otros. Además, si bien es cierto que la práctica homosexual presenta, en las actuales condiciones históricas, indiscutibles ventajas demográficas (en un mundo plagado por la no despreciable cifra de casi siete mil millones de almitas), en otros periodos de menor abundancia y crecimiento podría ser nefasta para la conservación de la especie.

Las preferencias sexuales (perdonen la perogrullada, pero a veces se olvida) no deberían ser causa de discriminación o juicio social peyorativo. Como a los que les gusta más el azul o el amarillo o el verde, mientras no impongan a la fuerza su preferencia, debería dejárselos tranquilos con su gusto.

Entre homosexuales y heterosexuales hay, como en cualquiera de los diferentes grupos humanos, de todo un poco: malvados, generosos, violadores, altruistas, tontos, genios, gordos, flacos... De todo. Ni el mito del gay artista y el hétero carnicero, ni tampoco del homo depravado y el hétero ejemplar padre de familia. Podría ser viceversa.

Mucho menos odioso sería el mundo si la gente no fuera juzgada en absoluto por lo que suele hacer, sin coacciones, con lo que nos enseñaron a llamar "las partes bajas".

miércoles, 22 de junio de 2011

Cuando el amor se va, así, de esta manera...

bip... bip...


Hola, con F_ _ _ _ _:

Mira. No sé. Un poco tarde para llamarte y para darte las disculpas, pero lo hago. te agradezco todas las cosas bacanas. Creo que fue algo muy bonito, pero desafortunadamente no podía ser. No quería que nos engañáramos ambos, entonces, para evitarnos malos ratos, mejor dejar las cosas así. De todos modos, discúlpame. Tengo un recuerdo bacanísimo de ti. Suerte,

F_ _ _ _ _ .

bip... bip...

Se me olvidaba decirte algo importante. ¿Por qué hice las cosas así y no te lo dije? No sé. Creo que fue falta de valor o falta de personalidad. No sé. Tómalo como quieras. Pero de todas maneras te vuelvo a pedir disculpas. Te diría que luches por tus cosas. Yo sé que encontrarás alguien que te merezca. Eres alguien que importa demasiado. Yo no fui, tal vez, un poco sincero. No sé. Ahora te doy todas las disculpas que quiero que las aceptes. Suerte.

*** *** ***

Colgó el teléfono. Se sentía flotando en un limbo sin atmósfera. Sin emociones descriptibles. Ni rabia, ni dolor, ni sorpresa. Algo tan intenso tiene que quemarse a la primera por generación espontánea. Como la metáfora de las cerillas de la novela Como Agua para Chocolate. Sólo atinó a copiar en una hoja de papel sus palabras de despedida dejadas en la fría línea de un contestador automático. Veinte años después las relee y vuelve un interrogante: ¿Por qué no pudo ser? 

martes, 21 de junio de 2011

Cuando el amor llega así de esta manera...

Un cincuentón, doblemente viudo y vanidoso, trata de apaciguar la tremenda pasión que siente por él su joven sobrina. La historia de amor entre dos  personas de diferente generación y además parientes, pudo haber sido uno más de los burdos dramas de las telenovelas latinoamericanas. Pero la telenovela colombiana Caballo Viejo (Caracol Televisión, 1988) arrasó hace décadas con los índices de audiencia, no solo por la ambientación tropical, el acento costeño de sus conocidos actores y por una extraña mezcla de filosofía, poesía y sabiduría popular. Un "culebrón" que rompía los esquemas de los dramas estilo Delia Fiallo y optó por los textos por encima del argumento, en recuperar el valor de la palabra.

De Caballo Viejo recuerdo uno de sus monólogos, que para mí no ha perdido emotividad con el paso de los años. Epifanio del Cristo Martínez se obsesionaba por el tema del amor. En este texto explica a su hermana Cena las razones que tuvo para enamorarse de su sobrina.

Uno viene a la vida por amor, Cena. La vida se la dan a uno porque dos personas se aman y quieren ver la cara de ese amor. Porque el amor no tiene cara, no. El amor tiene la cara del niño que nace. Y si uno viene a la vida por amor, la vida no se puede vivir sin amor. Y no basta con sentir ese amor; uno necesita sentir que también es amado. El amor de los demás: de los padres, de los hijos, de los hermanos, de los amigos, es mucho, bastante, pero no es suficiente. Un hombre necesita el amor de una mujer para sentirse vivo. El amor nos hace vivir. O el odio. También el odio te hace vivir. Yo no puedo odiar a nadie, entonces tengo que amar. Te amo a ti, con amor de hermano. Amo a Santiago, a Eustaquio, inclusive a Santiesteban, con amor de amigo. Y amo a Nora Márquez, con amor de hombre. No puedo evitarlo...
  
Cuando pienso en ella, respiro profundo y siento que el aire me llena los pulmones. Cuando pienso en ella, los pies caminan más rápido, saco el pecho al caminar y levanto la cara para mirar al cielo. Porque, cuando no se ama, uno camina agachado y mirando al piso porque no le importa para dónde va. Uno ama y el verde es más verde, el amarillo es más amarillo, el rojo más rojo. La música suena distinto y cada nota, cada palabra de una canción te hace vibrar algo que tienes por dentro que no sabes explicar qué es y nos abes por qué vibra. Mira tú, Cena. Mira toda esa gente que oye radionovelas. ¿Què cuentan ahí? Historias de amor. Y hay otra gente que dice: "¿Cómo puede haber tata gente que le guste eso?". La respuesta es muy fácil: porque en esas novelas, la gente ama y los que oyen, quisieran hablar más, quisieran amar igual o quisieran amar distinto. Pero, amar, vieja mía...

Te cuento una cosa que no sabes. El día que nuestro padre se murió, nuestra madre le tenía la mano agarrada. Ambos tenían... ochenta... ochenta y tantos años... ¿Te imaginas, Cena? Ochenta y tantos años. Él no podía hablar. Se limitaba a mirarla y a apretarle la mano. Con mucha fuerza, Cena. Con mucha fuerza. Diciéndole con los ojos que se estaba yendo y que lo único que le dolía de irse era ella. Y cuando finalmente los cerró y dejó de apretar, nuestra madre dijo: "Y ahora, ¿Què va a ser de mí?". Fíjate: nos tenía a ti, a mí, a Maritza. Sus hijos. Y no se le ocurrió pensar en nosotros. Dijo: "¿Què va a ser de mi?". No porque le faltara el amor de sus hijos sino su amor de hombre: un amor quieto, tranquilo. Y le iba a hacer falta a quién amar. Y tenía más de ochenta, Cena...

Yo sé que esto es pecado, que a lo mejor no funciona como yo quisiera, que a lo mejor no dura más de un año o un mes o un día, pero no me importa. No me importa, porque voy a caminar más duro, con la cabeza levantada, con el pecho abierto para respirar el aire, así dure un año, un mes, un día o un solo instante.

lunes, 20 de junio de 2011

Los amigos raros

En el momento que nacemos ya tenemos padres y abuelos, probablemente tíos y tías y algunos primos ya llegados o por venir. El tiempo solo existe cuando ha pasado, porque el tiempo que nos queda puede ser tan incierto como un segundo o como un siglo. Y en el tiempo pasado están los ancestros, el ejemplo, la honra o la deshonra, el origen, la primera tierra y las primeras palabras. En el pasado está la familia intensa, aquella que nos sirve para saber el valor de la regla y la satisfacción de la travesura.

Pero luego crecemos. Y en instinto nos lleva hacia nuevos horizontes humanos. A veces encontramos a personas que nos descubren el cuerpo y la pasión. Otras veces nos fundimos con gente que nos da la paz y no sabemos cómo. Con las primeras acabamos casándonos. Con los segundos nos limitamos a poner en sus manos todo aquello que jamás podremos decir en público. Ahí está el embrión de una nueva familia.

Hay un tiempo en el que el mundo está lleno de amigos. Cuando se habla de los muchos amigos que tenemos, señal de que no tenemos ninguno y que en realidad estamos buscándolo. Los amigos adultos son nuestra familia extensa. Un día se cruzaron en nuestro camino y ya no necesitamos palabras para reconocernos. Nos sabemos como los perros que menean el rabo o bien gruñen al paso de otro perro. Los amigos son la gran almohada planetaria que impide que se nos rompan los huesos cuando caemos de bruces sobre el acero de la vida. Sin amigos, las canciones quedan incompletas, las hazañas de amor son papel mojado y a veces hasta la navaja llega a cortar la vena. Sin amigos somos tiza que busca pizarra y risa que busca chiste.

Queremos tanto a nuestros amigos de verdad que nos gusta lucirlos. Es ése un ejercicio peligroso, porque el lucimiento implica a veces deslumbramiento. Y no se trata de mostrar joyas a las urracas. Los amigos, como en general las parejas, se lucen para que su brillo nos ilumine ante terceros. Los amigos son nuestros embajadores cuando no estamos presentes, pero también son nuestros albaceas cuando no conseguimos aquello que pretendemos.

Lo grave es cuando alguno de nuestros amigos no acaba de gustar a los otros. Administradores de nuestro serrallo de amistades,nos gustaría la armonía y la complementariedad de nuestros afectos. Pero siempre hay el patito feo, el díscolo, el excesivo, el que confunde lealtad con agresividad, el que se adelanta a nuestros deseos y acaba haciéndonos tropezar con nuestra propia alfombra. El amigo raro concita miradas de sorpresa y preguntas perplejas. ¿Cómo es posible que tú? ¿Pero qué le ves? Sois un huevo y una castaña. Y sin embargo, ahí estamos alargando un brazo entre la niebla y el otro agarrado al amigo extraño, dispuestos a levantarnos de las mesas si alguien habla mal de él, decididos a traicionar nuestro sentido común para darle aire a sus insensateces, conjurados en no pedirnos nada a cambio porque hasta llegamos a degustar el riesgo cuando no nos va en él más que la aventura y la desventura.

Los amigos raros hay que conservarlos como se conservan oficios antiguos. Así los maestros de gladiadores, los intérpretes de lenguas moribundas y las amas de llaves de todas las estancias de la vida. A veces nos confunden y pretenden mandar más de lo que su carné de amistad les permite. Pero son al mismo tiempo público y autor, locomotora y raíles. Y llegan antes que nosotros, si la vida les es indulgente, para ordenarnos el mundo a nuestro antojo. Y entonces lo extraño es normal, las palabras son sonidos y el sonido, el más fértil de los silencios.

Joan Barril

domingo, 19 de junio de 2011

¿Llevas protección?

Cuando se circula en bicicleta por las ciudades o por las carreteras,
no basta la protección solar.

Manifiesto Ciclonudista, Zaragoza, 2011

"DESNUDOS ANTE EL TRAFICO, JUSTICIA EN LAS CALLES"

Justicia en las calles, esto es lo que demandamos con firme convicción y muy en serio, pero a la vez con simpatía, pasando un buen rato. Los coches nos imponen su ley: velocidad, prepotencia, "malos humos" y violencia. Por eso al desplazarnos en bicicleta cada día por la ciudad convertimos nuestra movilidad en un acto de desobediencia cotidiano. Si además, nos manifestamos en bicicleta y desnudos convertimos la desobediencia en una protesta ejemplar.

Denunciamos que nuestras calles han sido secuestradas por el coche privado que colapsa las ciudades degenerándolas en lugares hostiles y peligrosos. El coche mata y su impunidad nos escandaliza. Demasiados intereses de multinacionales belicistas del petróleo y del automóvil están en juego si esto se cuestiona.

Proponemos un modelo de ciudad donde las personas recuperen su espacio, donde se reduzcan las necesidades de desplazamiento y se apueste por el peatón (que somos todos) y por los medios de transporte menos contaminantes y más eficaces.

¿Por qué en bicicleta? La bicicleta es un medio de transporte urbano solvente, saludable, ecológico y divertido. Es un icono, un símbolo de libertad y un instrumento práctico de transformación social. No paga tributos, no gasta petróleo, no colabora con el desarrollismo destructor ni con la guerra global.

¿Por qué desnudos? Porque nos sentimos desnudos ante el tráfico por la falta de respeto de los conductores y la desidia de los gobernantes. Con la desnudez hacemos visible la fragilidad de nuestras "carrocerías" (nuestro propio cuerpo). Además, mostramos nuestro cuerpo con naturalidad, rompiendo el pudor, desmontando tabúes respecto a nuestro físico impuestos por la moda y la avaricia de la industria transnacional textil. En definitiva, nos enfrentamos al tráfico urbano con el cuerpo desnudo sobre la bicicleta como la mejor forma de defender nuestra dignidad y de vivir la lucha social.

¡Libera tu mente y tu cuerpo!
¡Disfruta de un paseo único por el centro de tu ciudad!
¡Apúntate a la trasgresión, a la irreverencia y no pidas permiso!
¡Arriba los indios metropolitanos!
Abajo la ropa y arriba la bici!
¡Quema el coche!

sábado, 18 de junio de 2011

No permitas que te olviden

Hay muchas maneras de matar a una persona: se puede deslizar una seta venenosa entre un plato de inofensivos champiñones; con los ancianos y los niños es fácil fingir una confusión en los medicamentos. Se puede conseguir un carro y, tras atropellar a la víctima, darse a la fuga. Con el tiempo y la crueldad necesarios, es posible seducirla con engaños, asesinarla a bala o puñal en un lugar tranquilo, y deshacer luego el cadáver. Cuando no se quiere manchar las propias manos, no es sino salir a la calle y pedírselo a alguien con menos escrúpulos y menos dinero. Existen los químicos, brujería, envenenamientos progresivos, palizas por sorpresa o falsos atracos que terminan en tragedia.

Pero sin duda hay un método más fácil: el olvido. La memoria, que se vuelve frágil con la edad, ayuda a enterrar el pasado. Cierra las puertas para que no aparezcan antiguos fantasmas y los muertos no regresen de la muerte. Se olvida todos los días. Se olvida tantas veces, a tanta gente. Pasa el tiempo, continúa la vida y los lugares son ocupados por otras cosas, por otras personas.

Luis Fernando Afanador, en la revista Semana,
acerca de la novela de Espido Freire,
Melocotones Helados.

viernes, 17 de junio de 2011

Cartas extraviadas: A vos, sin identidad en Nueva York

¿Qué te identificará a vos, que caminás ahora por la Quinta Avenida, en esa ciudad novelada por Dos Passos y cantada alguna vez por García Lorca? ¿Sólo tu pasaporte verde, por el cual, además, te mirarán con ojos de inquisidor? Te verán como rata escapada de sus trampas de cincuenta pisos. O como contrabandista. Y vos que has sido un contrabandista de sueños, ¿què harás? ¿Llevás por algún azar en tu valija de nostalgias un equipaje diversos que te salve de tu carencia de identidad? Vos sabés que somos los vencidos. No hemos escrito nuestra historia. ¿Tenemos conciencia histórica? No. Por eso nos atacan. Y nos invaden. No solo con coca cola y marlboro, sino con productos más sutiles y perversos. Vos sabés que no lo digo porque hayás reemplazado los frijoles por una plástica hamburguesa o por un desabrido hot dog. Lo digo por tantas cosas. Vos sabés, ¿verdad?

Ahora que ya conocés el puente de Brooklyn (yo sólo conozco el de La Toma) y el Empire State y la estatua de la Libertad, en fin, te darás cuenta de tu falta de identidad, porque ¿què significa en otros ámbitos ser latinoamericano? ¿o colombiano? Nada. Te acordàs de ese cuento de Borges en el que un personaje dice que "ser colombiano es un acto de fe". Pues bien. Eres algo peor: un acto de mala fe. Como él y ellos y nosotros. Como todos los que habitamos este mapa monstruoso que tiene su cabeza de mongólico en la Guajira y su cola de pescado en el Amazonas.

Bueno, pero no es que quiera ofenderte con esta carta desesperada. Sólo quiero evocar algunas conversaciones de taberna, o de jardinera de Junín. Vos siempre hablabas, ahí, en Versalles, en La Arteria, de la identidad cultural (y, entre otras cosas ¿què vaina es esa?), y de que el país carecía de ella. ¿O vos creés -me interrogabas- que una cumbia, o un bambuquito llorò, o una cancioncita que habla de padres e hijos es la identidad? Y entonces, con tu sapiencia de intelectual de esquina, argüías que la identidad se basa en la historia, en la lengua, en la sicología del pueblo. Y claro, yo no te quitaba la razón, porque, por otra parte, o tenemos sentido de pertenencia, ni pensamiento propio, ni una estética diferenciadora ¿o sí? Ni siquiera el idioma nos identifica porque, sabés, en vez de cantar el feliz cumpleaños, desentonamos con un "happy brithday to you". Y vos agregabas,muy emocionado, que para algo tan elemental como es la celebración (o deploración) de un aniversario, no contábamos con nada oriundo de estas tierras y que los mexicanos nos habían tenido que prestar sus mañanitas (falso que las cantara el rey David) y sus noches tapatías.

Me parece (¿a vos también?) que no tenemos conciencia de nosotros mismos. No somos. No nos hemos descubierto. Padecemos de alguna manera del fernandogonzalezco complejo del hideputa. el desarraigo nos asedia y sufrimos toda suerte de desamparos. ¿Què es la cultura? Vos me decías, con tu apego formal a las definiciones, que eran todas las actividades creadoras de un pueblo, de una nación. Pero, según eso, creo que al pueblo le quedan cada vez menos espacios para la creación. Alcanza solamente para sobrevivir. Tengo la certeza de que apenas somos eso: sobrevivientes, lo que ya es bastante decir en un medio inhóspito, abandonado por la cursilería y la superficialidad, como es el nuestro.

Para tu consuelo en esas calles impersonales de Nueva York, te envío unos versos de un extraño poeta, Mohammed Al-Jawahiri. Espero que te digan algo: "Dormid, hambrientos del pueblo, y que os guarden los dioses nutricios,/ y si el verbo no os sacia, que sea el sueño./ Dormid sobre la nata de las promesas y el líquido de las palabras/ y que os halaguen en las tinieblas de los desposados/ con rodajas de pan brillante como la luna llena".

¿Dónde está nuestra conciencia histórica? Vos decías que ella era el bunker para resistir todas las formas de agresión externa e interna. ¿Dónde está? ¿La estamos construyendo? ¿O nos la enajenaron? No lo sé. Pero vos, que no sos de aquí ni sos de allá, como diría Facundo Cabral, no tenés cómo identificarte ante los rascacielos de ojos azules. No basta tu guitarra, que aún tiene muchas canciones por cantar. Bueno, creo que me he puesto muy trascendental y pesimista, cuando, en rigor, si tenemos un rasgo de identidad muy importante: la cédula de ciudadanía... Hasta siempre.

Reinaldo Spitaletta
Comunicador social-Periodista de la Universidad de Antioquia.

jueves, 16 de junio de 2011

A Usted, que se cree tan importante:

Leí por ahí una cita de Peter Drucker: "Cuántos ciudadanos saben cómo se llaman los directores ejecutivos de las 500 compañías más importantes del país? Durante los seis o siete años que dura en su cargo, el director de una gran compañía puede ser un gran personaje -con su avión privado, una bandada de secretarias, un batallón de funcionarios de relaciones públicas y un comedor privado-, pero 24 horas después de su retiro es un don nadie, que tiene que mostrar su tarjeta de identidad para que el portero lo deje entrar en su propia compañía".

En el mismo discurso, una frase de Anthony de Melo: "Es posible que hayas ganado el mundo con el aplauso, pero perdiste la vida. La vida es algo que pasa mientras estás ocupado haciendo cosas. No te diste nunca el placer de vivir y llegaste inconsciente hasta la muerte, sin ser nunca libre como el pájaro que planea majestuoso, viviendo y siendo".

miércoles, 15 de junio de 2011

Des-embriagado


El alcohol desembriaga.

Después de beber
unos sorbitos de coñac
ya no pienso en tí.

martes, 14 de junio de 2011

¡Urgente!

Tengo que hablar contigo. Es urgente... Adiós... bip.. bip...

Se levantó temprano. Se vistió.
Se ató la vida con cuidado al corazón.
Las preguntas las metió entre la guantera y arrancó.
El nudo que había hecho se soltó.

La vida se elevó hasta las estrellas
el sol se enamoró y se la llevó
se fue con ella...
Necesito oír su voz, quiero sentirla,
contarle que soñé que ella volvía,
que sus brazos me hacen falta cada noche,
que su vida me hace falta cada día.
Pero ella no está... ¿Dónde estás, María?

Me fui a vivir al sol. Quiero explicarte...
Porque nunca sentí que me querías;
tenías miedo de necesitarme
y no encontrarme.

Sus ojos, su sonrisa en un papel.
Su voz en el cassette....

Escuchado en la telenovela colombiana María, María

miércoles, 8 de junio de 2011

Ciao



martes, 7 de junio de 2011

Elogio a la Mujer Brava


Estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viejas, traumadas, solteronas, amargadas, marimachas, etc. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden. 

La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran “no más usted me avisa y yo le abro las piernas”, siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo y se quedan a medias). 


A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian mássaben más, tienen más disciplina, más iniciativa y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos. 

Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran hartas por la noche y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.

Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.

Los varones machistas, somos animalitos todavía y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza.  Esas mujeres nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.   

¡Vamos hombres, por esas mujeres bravas!  


¡Oro por que mis 2 hijas sean de éste maravilloso grupo y encuentren hombres que sepan apreciar a esta clase de nuevas mujeres !

lunes, 6 de junio de 2011

Doctor, ¿qué padezco?

domingo, 5 de junio de 2011

Mi pasaje del Evangelio

No anden preocupados por su vida: ¿Qué vamos a comer? Ni por su cuerpo: ¿Qué ropa nos pondremos? No vale más la vida que el alimento y el cuerpo más que la ropa? Miren cómo las aves del cielo no siembran ni cosechan ni guardan en bodegas, y  el Padre Celestial las alimenta. ¿No valen ustedes más que las aves?

¿Quién de ustedes, por más que se preocupe, puede alargar su vida? y ¿por qué preocuparse por la ropa? Miren cómo crecen las flores del campo, que no trabajan ni tejen. Yo les aseguro que ni Salomón en toda su gloria se vistió como una de esas flores. Y si Dios viste así a las flores del campo, que hoy florecen y ya  mañana se echan al fuego,  ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

Por eso, no vayan diciendo preocupados: ¿què vamos a comer o a beber? o ¿con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se preocupan por esas cosas. Pero el Padre de ustedes sabe que necesitan todo eso. Por lo tanto, busquen primero el Reino y todo lo bueno que éste supone, y todas esas cosas las recibirán como añadidas. No se preocupen por el día de mañana, pues el mañana se preocupará por sí mismo. Basta con las penas de cada día.

sábado, 4 de junio de 2011

Motivo Mudanza

Motivo mudanza venpermuto: un corazón roto en ciempiés, mis sueños de tal vez y mi tristeza de siempre, la última posibilidad de paz y la esperanza, un réquiem por los valores, la ilusión de un domingo por la tarde, las fotos de tu última sonrisa, el despecho, una comisión, la última muda, la oración fuerte al Espíritu Santo, mi colchón de lágrimas, la autonomía, la libertad de un secuestro, un cargo importante, los viáticos, la inquietud del reencuentro o cualquier bolero, la nacionalidad, el buen nombre y los colores de la bandera, el pasaporte, una posición política, el último grito y el beso que me quedaste debiendo, la culpa de todo. Brille para él la luz perpetua, la bufanda, los temas, los diálogos, la forma, el estilo, el testamento y el final, el todo y el para qué. Motivo mudanza en busca de otra andanza, vendo el pasado y el futuro pues el fin y al cabo el futuro es tan efímero como el presente.


Jaime Garzón (1960-1999)

viernes, 3 de junio de 2011

A veces llegan cartas (14). De Amor y Emancipaciones

Medellín, 16 de agosto de 2000

Hola mamá:

Sabes que me voy muy lejos y que no sé cuándo voy a regresar; te quiero dar las gracias por toda mi vida, porque gracias a tí soy una persona en el mundo.

TE AMO y sé que me amas a mí también; por esta razón te pido de todo corazón que aceptes mi situación. Sé que para una madre es muy difícil aceptar a un hijo así, pero tú no sabes cuánto he tenido que sufrir en silencio por tu forma de actuar conmigo. Tengo sentimientos, puedo amar y mucho. Mamá, he sufrido mucho el rechazo, los malos chistes, los insultos, he tenido que salir corriendo de lugares por temor a que me peguen por ser así, situación de la cual no me arrepiento y eso tú nunca lo has sabido.

Mamá, he sufrido por desamores, he tenido que tragarme mis sentimientos y mis lágrimas para fingir delante tuyo que nada pasa pero, mamá, por dentro me he sentido destruido y sin ganas de seguir adelante y no has estado junto a mí; la única vez que te pronunciaste un poco me dijiste: No llore por bobadas. Pero tú no entendías que en ese momento esa bobada era mi vida.

Pero no siempre he sufrido, también he tenido inmensas alegrías, he sentido ganas de gritar a los cuatro vientos lo feliz que soy, de contártelo, de que seas feliz conmigo, pero igual me toca guardármelo y eso también me ha dolido.

Mamá, una época en mi vida, por darle gusto a la familia, me encaminé en el amor heterosexual, pero no sabes cómo me sentía engañándoles a todos, engañándome a mí mismo, peleando con mi situación y siendo infeliz todos los días un poco más. Gracias a Dios, esa mujer, mi novia, me entendió y me apoyó. ¿Por qué no lo puedes hacer tú?

Mamá, yo sé que me quieres ver bien, maduro, realizado, en fin, como los padres quieres ver a sus hijos; pero, mamá, si me quedo a tu lado jamás lo voy  a lograr, siempre voy a estar ocultándolo, mientras tu aceptes mi situación y así de esa manera nunca lograría ser  feliz.

No me veas como un monstruo, que no lo soy, soy un hombre con todos mis sentidos bien puestos en su lugar, soy un hombre del común y corriente, con la capacidad de amar y querer como tú amas y quieres a mi papá; ya no soy un niño, estoy definido y seguro de lo que soy.

Mamá, me duele cuando me dices que te hago sufrir; es sin querer y perdóname si alguna vez lo hice.

Sé que para tí es muy duro que yo no me vaya solo a España, pero él me ha enseñado en muy poco tiempo a tener ideales, a respetar el lugar de los demás y a respetar el mío propio, me ha enseñado a ver la vida de manera diferente, de que no todo es rumba y licor, de que podemos pasar una tarde leyendo un libro o tomando café hablando de muchas cosas, hablando de él y de mí, me ha enseñado a crecer intelectualmente y personalmente y a ese hombre le he aprendido a querer y mucho. Mamá, con él no voy a estar mal; te lo aseguro. Me harías muy feliz si lo vieras con otros ojos, que te quites ese velo de encima, de que entiendas que él y yo somos seres humanos, como cualquiera, y que yo tengo que vivir mi vida como tú y mi papá lo hicieron.

Mamá, lo que soy no es un vicio que se puede quitar con terapia, es mi personalidad, no es culpa tuya, ni mía, ni de la sociedad, ni de nadie; nací simplemente así, como puede nacer un niño de ojos azules o de cabello negro; el Señor me hizo así. Esto te lo he querido decir, pero lo único que he logrado es hacerte enojar. Opté una vez por no decirte nada, pero esto no lo puedo ocultar. Soy tu hijo y por ser así no lo voy a dejar de ser.

Te repito que TE QUIERO, y te voy a pedir el favor más grande que a nadie le he pedido: Por favor, acéptame y sígueme queriendo igual, y aunque no lo hagas te sabré entender y te seguiré queriendo como siempre lo he hecho y lo haré.

Hasta pronto, mamá, y recuerda todo esto que te he dicho en esta carta, ya que personalmente no pude hacerlo. Quiero volver a verte muy pronto. Ojalá Dios quiera que sea muy pronto.

GRACIAS MAMÁ POR SER MI MAMÁ

Te quiero y amo muchìsimo...

Diego
 
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