jueves, 28 de octubre de 2010

Más y Menos

Un mensaje de George Carlin:

La paradoja de nuestro tiempo es que tenemos edificios más altos y temperamentos más reducidos, carreteras más anchas y puntos de vista más estrechos. Gastamos más pero tenemos menos, compramos más pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes y familias más chicas, mayores comodidades y menos tiempo. Tenemos más grados académicos pero menos sentido común, mayor conocimiento pero menor capacidad de juicio, más expertos pero más problemas, mejor medicina pero menor bienestar.

Bebemos demasiado, fumamos demasiado, despilfarramos demasiado, reímos muy poco, conducimos muy rápido, nos enojamos demasiado, nos desvelamos demasiado, amanecemos cansados, leemos muy poco, vemos demasiado televisión y oramos muy rara vez.

Hemos multiplicado nuestras posesiones pero reducido nuestros valores. Hablamos demasiado, amamos demasiado poco y odiamos muy frecuentemente.

Hemos aprendido a ganarnos la vida, pero no a vivir. Añadimos años a nuestras vidas, no vida a nuestros años. Hemos logrado ir y volver de la luna, pero se nos dificulta cruzar la calle para conocer a un nuevo vecino. Conquistamos el espacio exterior, pero no el interior. Hemos hecho grandes cosas, pero no por ello mejores.

Hemos limpiado el aire, pero contaminamos nuestra alma . Conquistamos el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más pero aprendemos menos. Planeamos más pero logramos menos. Hemos aprendido a apresurarnos, pero no a esperar. Producimos computadoras que pueden procesar mayor información y difundirla, pero nos comunicamos cada vez menos y menos.

Estos son tiempos de comidas rápidas y digestión lenta, de hombres de gran talla y corta edad de carácter, de enormes ganancias económicas y relaciones humanas superficiales. Hoy en día hay dos ingresos pero más divorcios, casas más lujosas pero hogares rotos. Son tiempos de viajes rápidos, pañales desechables, moral descartable, acostones de una noche, cuerpos obesos, y armario y muy poco en la bodega. Acuérdate de pasar algún tiempo con tus seres queridos porque ellos no estarán aquí siempre.

Acuérdate de ser amable con quien ahora te admira, porque esa personita crecerá muy pronto y se alejará de ti.

Acuérdate de abrazar a quien tienes cerca porque ese es el único tesoro que puedes dar con el corazón, sin que te cueste ni un centavo.

Acuérdate de decir te amo a tu pareja y a tus seres queridos, pero sobre todo dilo sinceramente. Un beso y un abrazo pueden reparar una herida cuando se dan con toda el alma.

Acuérdate de tomarte de la mano con tu ser querido y atesorar ese momento, porque un día esa persona ya no estará contigo.

Date tiempo para amar y para conversar, y comparte tus más preciadas ideas.

Y siempre recuerda:

La vida no se mide por el número de veces que tomamos aliento, sino por los extraordinarios momentos que no los quitan.

miércoles, 27 de octubre de 2010

¡A que te gusta la ópera!

Actuación sorpresa del Coro "Premier Ensemble" de AGAO en el Café Iruña de Pamplona, España. 7 de mayo de 2010. Celebración del "Día Europeo de la Ópera". Organizado por la "Asociación Gayarre Amigos de la Ópera de Navarra" (AGAO) http://www.agao.es/

domingo, 24 de octubre de 2010

En el aniversario de tu ausencia, compañero.

Elegía a Ramón Sijé
Miguel Hernández
10 de enero de 1936
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracolas
y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado
que por doler me duele hasta el aliento.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.

Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte.

Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de las flores
pajareará tu alma colmenera

de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.

Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.

Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.

A las aladas almas de las rosas
del almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.

sábado, 23 de octubre de 2010

Mientras se lee esta columna

Por Paulo Coelho
(XL Semanal, 4 de octubre de 2010)


Me parece que esta columna mía se lee en aproximadamente tres minutos.

Pues bien: según las estadísticas, mientras transcurre este tiempo van a morir 300 personas y van a nacer 620.

Puede que yo le dedique media hora a su escritura: estoy concentrado en mi ordenador, con libros a mi lado, ideas en la cabeza, ruido de coches en la calle. Todo parece perfectamente normal a mi alrededor y, sin embargo, a lo largo de estos treinta minutos, 3.000 personas han muerto y 6.200 acaban de abrir los ojos, por primera vez, a la luz del mundo.

¿Dónde se encontrarán estos millares de familias que en los últimos minutos han comenzado a llorar una pérdida o a reír con la llegada de un hijo, un nieto o un hermano?

Me detengo a reflexionar un poco:
es posible que muchas de estas muertes pongan punto final a una larga y dolorosa enfermedad y que ciertas personas encuentren alivio en la visita del Ángel que ha venido a buscarlas.

Además, sin duda alguna, a centenares de estos niños que están naciendo los abandonarán al minuto siguiente y pasarán a engrosar las estadísticas de las muertes antes de que termine de escribir este texto.

Qué cosa. Una simple estadística, que vi por casualidad, y de repente me encuentro sintiendo todas estas pérdidas y estos encuentros, todas estas sonrisas y estas lágrimas.

¿Y cuántos están partiendo en soledad, en sus cuartos, sin que nadie sepa lo que les está ocurriendo?

¿Y cuántos nacerán a escondidas y serán abandonados a las puertas de orfanatos o conventos?

Sigo reflexionando: en su momento ya formé parte de la estadística de los nacimientos y un día también me incluirán en el número de los muertos.

Qué bien: soy plenamente consciente de que voy a morir. Desde que hice el Camino de Santiago, entiendo que, aunque la vida continúe y seamos todos eternos, esta existencia terminará acabando un día.

Aunque creamos en otras vidas,
lo que se nos ha concedido vivir es siempre el momento presente.

Las personas piensan muy poco en la muerte. Se pasan la vida preocupadas por cuestiones verdaderamente absurdas, dejando las cosas para más tarde, evitando toparse con los momentos importantes. No se arriesgan, porque consideran que es peligroso. Se quejan mucho, pero se acobardan a la hora de las resoluciones.

Quieren que todo cambie, pero ellas mismas se niegan a cambiar.

Si pensaran un poco más en la muerte, en ningún caso dejarían de hacer la llamada telefónica que les está faltando. Serían un poco más alocadas. No les daría miedo el final de esta encarnación, pues no se puede temer lo que es inevitable.

Los indios dicen: «Hoy es un día tan bueno como cualquier otro para dejar este mundo». Y un brujo comentó en cierta ocasión:
«Que la muerte permanezca siempre sentada a tu lado. De esta manera, cuando necesites hacer las cosas importantes, ella te dará la fuerza y el valor necesarios».

Espero que tú, lector, hayas llegado hasta aquí y seas consciente no sólo de lo que dicen las estadísticas, sino también de la misión que tienes en esta Tierra. Sí, es cierto que todos nosotros, más tarde o más temprano, vamos a morir.

Pero aceptarlo es la mejor manera de estar preparados para la vida.

(Nota: Subrayados de Merlín Púrpura).

viernes, 15 de octubre de 2010

Nairí Grigorian, café solo y dúo a dos pianos

Toma café solo, negro, con sacarina. Le gustan las ensaladas y el picante. Siempre está perfectamente vestida, elegante, glamurosa. Y siempre lleva un perfume delicioso. Es alta, se impone su presencia amable y su voz fuerte, con acento del este de Europa.
De origen armenio, la he oído hablar con claridad y firmeza de sus ideas sobre la cultura española. Un día me contó, con una pasión envidiable, que daba clases de piano, y nos conectamos a hablar de música y de sus conciertos por el mundo, sin más presunción que la que puede tener el sencillo agricultor.

Siempre quise verla y escucharla en una sala de conciertos. Y hace poco, sin más, me entregó en la barra del bar donde le sirvo el café o la comida a ella y su preciosa hija adolescente, entradas para uno de ellos. Me acerqué al Auditorio de Zaragoza a escuchar su dúo a dos pianos con Antonio Pérez Roy. Y descubrí mucho más de lo que esperaba.

Salió al escenario segura, sonriendo, firme. Durante el concierto no pude dejar de mirar su cara mientras escuchaba a Rachmaninov, Lutoslawski, Milhaud y Piazzola. Era todo un poema ver cómo comunicaba en el teclado y en su expresión corporal su pasión por la música, su personal interpretación de los sentimientos que los compositores crearon en unas partituras. Mi impresión era que ella estaba como en una celestial posesión de los espíritus de la pasión, la ternura, la melancolía o la nostalgia.

He re-descubierto una vez más que los seres humanos somos múltiples personas en un solo cuerpo, que nos ponemos frente a los demás y nos exponemos a que se queden con la primera impresión, con un mínimo concepto de nosotros, tan mínimo como el que nos mira quiera que sea. A esta mujer del café solo, negro, con sacarina, quizás muchos la puedan ver solamente como la "extranjera" que toca al piano. Yo sabía, hasta anoche, que era una buena mujer, afable, inteligente y buena conversadora. Y en su concierto comprobé que es más que una intérprete o ejecutante del piano. Es toda una artista. Es pasión. Es sensibilidad. Es vitalidad.

Ah, no he dicho que es Nairi Grigorian, de quien me siento orgulloso y honrado de servirle un café.

jueves, 14 de octubre de 2010

¡Y me vestí de baturro!

La RAE define baturro en la actualidad como rústico aragonés; pero hasta no hace mucho tiempo se podía leer: despectivo de «bato», «hombre tonto, rústico, poco inteligente»; para Borao, baturro «se dice de los jornaleros del campo y gente menos acomodada; pero es voz familiar»; y para Casares es adjetivo, «rústico aragonés»; finalmente, Rafael Andolz lo define como «natural de Aragón» o castizo, y afirma que «generalmente no tiene el sentido que le da la Academia». En realidad se ha perdido la acepción del adjetivo, como labriego o rústico, y ha cobrado el apelativo cariñoso del aragonés, aunque siga conservando el matiz peyorativo «baturrada». (Definición de la Gran Enciclopedia Aragonesa).

Casi a punto de cumplir diez años viviendo en Zaragoza, no había tenido la oportunidad o el arranque para vestirme de baturro y participar como otros miles de aragoneses en la Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar. El 12 de octubre, día de la Patrona de la Hispanidad, los fieles de esta tierra hacen largas horas de espera, bajo el sol o la lluvia, acompañados de sus fraternidades, cofradías, familias o peñas, rigurosamente vestidos con alguno de los trajes típicos de la zona, para formar con sus ramos de flores el manto de su amada Pilarica.

Desde la primera vez que la vi, con ojos de foráneo, me impresionó esa tradición de carácter religioso, acto central de una semana de conciertos, corridas de toros, ferias, jotas, bebidas y comidas... y todo el mundo en la calle. Y este año me dio por vestirme de baturro y llevar mis flores a la Virgen, como cuando niño las llevaba al altar del colegio. En esta tierra obtuve la nacionalidad española, en esta ciudad he vivido casi desde que llegué a Europa, aquí he soñado, reído, llorado y amado, así que me siento de aquí. Y esto responde a quienes me han preguntado por qué no me vestí con el traje típico colombiano (del cual sólo tengo el carriel que era de mi padre).



De verdad que es un toda una faena esto de la Ofrenda. Toca conseguir con anticipación el traje con todos sus accesorios: camisa, chaleco, fajín, pantalón corto, medias, calzones (calzoncillos largos -pero éstos no asoman por la cintura, sino que se ven por los bajos del pantalón-), el cachirulo (pañuelo atado a la cabeza), alpargatas (que al ser de suela de esparto (cabuya para los latinos) dejan pasar a los pies toda el agua que puede caer del cielo (como este año). No hablemos de lo que cuesta un traje a medida (un dineral), así que hay que alquilarlo. Hay que madrugar para encontrar a los "colegas" con quien se va a la Ofrenda. Hay que buscar por donde entrar al desfile... y caminar despacio, muy despacio, hasta llegar a la Plaza del Pilar y entregar el ramo a aquellos que se encargan de colocar las flores a los pies de la imagen de la Virgen, elevada sobre un gigantesco andamio que al final de la tarde tendrá un manto de varias toneladas de flores a sus pies.



Me emocionó llegar a la Plaza, elevar los ojos a la imagen y pedirle muchos favores. En realidad no hice un listado. Sólo mentalmente le dije a la "Pilarica" que ella sabía mis necesidades y que sabría cómo orientarme y que cuidara a mi familia y amigos.
Luego vendría el chocolate con churros, las fotos con el móvil, la visita a los amigos que no se creían ver a este paisa-baturro, la comida con una familia amiga... y la satisfacción de hacer parte de una nueva ciudad.

martes, 12 de octubre de 2010

Miguel Bosé: ¡Qué Cardio Tour!


Si tu no vuelves,

se secarán todos los mares

y esperaré sin ti,

tapiada al fondo de algún recuerdo.

Si tu no vuelves

mi voluntad se hará pequeña

me quedaré aquí junto a mi perro

espiando horizontes.

Si tu no vuelves

no quedarán más que desiertos

y esperaré por si algún latido le queda a esta tierra

que era tan serena cuando me querías

había un perfume fresco que yo respiraba

era tan bonita, era así de grande, y no tenía fin.

Y cada noche vendrá una estrella a hacerme compañía

que te cuente cómo estoy y sepa lo que hay

dime: amor, amor, amor, estoy aquí, ¿no ves?

si no vuelves no habrá vida, no sé lo que haré.

Si tú no vuelves

no habrá esperanza ni habrá nada

caminaré sin ti,

con mi tristeza bebiendo lluvia...

Anoche, como parte de la programación de las Fiestas del Pilar en Zaragoza, pude asistir al concierto de Miguel Bosé, dentro de su gira Cardio Tour, que comenzó el 7 de mayo en Medellín. No soy muy amigo de los conciertos en coliseos o polideportivos, porque me parece que no son sitios adecuados para la música, por cuestiones de acústica y comodidad, pero me sorprendió gratamente el Pabellón Príncipe Felipe a reventar de público, en graderías y en las pistas, adolescentes, de mediana edad y maduritos y maduritas que estaban a tope de adrenalina con este concierto.

Sobre el montaje, las coreografías, la iluminación, el sonido, el grupo de músicos no tengo queja alguna y los comentarios lo dejo a los expertos en estos temas. Pero sí tengo que hablar del arte que despliega este español, nacido en Panamá hace más de 50 años y honrado con la nacionalidad colombiana hace poco. Miguel Bosé llena un escenario, con su sonrisa, con su voz, con sus manos, con su baile... Es sencillo y simpático; rockero, romántico, hip hop y pop; gracioso y profundo; sereno y erótico, capaz de encandilar por igual a hombres y mujeres.

Me esperaba encontrar un auditorio lleno de gente de más edad, pero un artista como Bosé es capaz de mantenerse vigente durante más de treinta años gustando a los que eran jovencitos en los 70´s y a los que lo son en esta década del siglo XXI. Claro que estaban sus nuevas canciones -para eso se hace una gira mundial-, pero nadie se movió de su lugar hasta que nos regaló su Amante Bandido, Si tú no vuelves, Sevilla o Te Amaré, que ya son clásicos obligados en sus presentaciones.

Y me encontré también con que me volvió a remover lágrimas que llevo guardadas en el alma, por quien se fue hace poco menos de un año y aún no puedo ni quiero olvidar.

Te amaré, te amaré,

aunque ya no estés presente...

lunes, 4 de octubre de 2010

Día de San Francisco de Asís


¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz!
Que allí donde quiera que haya odio, siembre yo amor;
donde haya injuria, perdón;
donde haya discordia, unión;
donde haya error, verdad;
donde haya duda, fe;
donde haya desesperación, esperanza;
donde haya tinieblas, luz;
donde haya tristeza, alegría.

¡Oh, Divino Maestro!, que no busque yo tanto
ser consolado como consolar;
ser comprendido, como comprender;
ser amado, como amar.

Porque dando es como se recibe;
olvidando, como se encuentra;
perdonando, como es como Tú me perdonas;
y muriendo en Tí, nazco a la vida eterna.


Todos los días recuerdo y recito esta oración que aprendí en mi niñez en la parroquia de San Benito de Palermo, en mi Medellín natal. Quizás San Francisco de Asís es uno de los mayores santos de la Iglesia Católica. El Pobrecillo de Asís, el Cristo de la Edad Media, Patrono de la Paz, de la Ecología y de los Veterinarios. Al pie de los franciscanos supe de su vida sencilla y humilde, del primer pesebre que hizo en vivo en una fría noche de un 24 de diciembre y el que durante 22 años diseñé día a día durante la novena de Navidad con la invaluable compañía de mi amigo David. Supe de sus estigmas, del Hermano Sol y la Hermana Luna, de su Cántico de las Criaturas, de sus Hermanas Clarisas... Vestí su hábito marrón con su cordón de tres nudos cuando fui acólito...
Pero lo más importante es que no olvido esa oración, la de todos los días camino al trabajo, la que me concede la gracia de consolar, la que me ayuda a dar luz, esperanza y alegría.
El Señor te bendiga y te guarde;
te muestre su faz y tenga misericordia de ti.
Vuelva a ti su rostro y te conceda la paz.
El Señor te bendiga, hermano.
 
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