lunes, 23 de noviembre de 2009

Me Declaro Vivo



¡Me declaro vivo!

Chamalú (Indio Quechua)

Saboreo cada acto.

Antes cuidaba que los demás no hablaran mal de mí, entonces me portaba como los demás querían y mi conciencia me censuraba.

Menos mal que a pesar de mi esforzada buena educación siempre había alguien difamándome. ¡Cuánto agradezco a esa gente que me enseñó que la vida no es un escenario! Desde entonces me atreví a ser como soy.

He viajado por todo el mundo, tengo amigos de todas las religiones; conozco gente extraña: católicos, religiosos pecando y asistiendo a misa puntualmente, pregonando lo que no son, personas que devoran al prójimo con su lengua e intolerancia, médicos que están peor que sus pacientes, gente millonaria pero infeliz, seres que se pasan el día quejándose, que se reunen con familia o amigos los domingos para quejarse por turnos, gente que ha hecho de la estupidez su manera de vivir.

El árbol anciano me enseñó que todos somos lo mismo.

La montaña es mi punto de referencia: ser invulnerable, que cada uno diga lo que quiera, yo sigo caminando indetenible.

Soy guerrero: mi espada es el amor, mi escudo el humor, mi hogar la coherencia, mi texto la libertad.

Si mi felicidad resulta insoportable, discúlpenme, no hice de la cordura mi opción. Prefiero la imaginación a lo indio, es decir inocencia incluida.

Quizás solamente teníamos que ser humanos.

El que tú no veas los átomos, no significa que no existan.

Por eso es muy importante que sea el Amor lo único que inspire tus actos.

Sin Amor nada tiene sentido, sin Amor estamos perdidos, sin Amor corremos el riesgo de estar de nuevo transitando de espaldas a la luz.

En realidad, sólo hablo para recordarte la importancia del silencio.

Anhelo que descubras el mensaje que se encuentra detrás de las palabras; no soy un sabio, sólo un enamorado de la vida.

El silencio es la clave, la simplicidad es la puerta que deja fuera a los imbéciles.

La gente feliz no es rentable, con lucidez no hay necesidades innecesarias.

No es suficiente querer despertar, sino despertar.

La mejor forma de despertar es hacerlo sin preocuparse porque nuestros actos incomoden a quienes duermen al lado.

Recuerda que el deseo de hacerlo bien será una interferencia. Es más importante amar lo que hacemos y disfrutar de todo el trayecto.

La meta no existe, el camino y la meta son lo mismo. No tenemos que correr hacia ninguna parte, sólo saber dar cada paso plenamente.

No, no te resistas, ríndete a la vida. Quien acepta lo que es y se habilita para hacer lo que puede, encarna las utopías y lo imposible se pone a disposición.

La mejor manera de ser feliz es: ser feliz. Reconstruye tu raíz y saborea la vida.

Somos como peces de mares profundos, si salimos a la superficie reventamos.

La frivolidad y la intrascendencia condenan la vida a la muerte.

Cuando somos más grandes que lo que hacemos, nada puede desequilibrarnos. Pero cuando permitimos que las cosas sean más grandes que nosotros, nuestro desequilibrio está garantizado.

El corazón está en emergencia por falta de amor. Hay que volver a conquistar la vida, enamorarnos otra vez de ella.

Nuestro potencial interior aflora espontáneamente cuando nos dejamos en paz.

Quizá sólo seamos agua fluyendo; el camino nos lo tenemos que hacer nosotros.

Más no permitas que el cauce esclavice al río, no sea que en vez de un camino tengas una cárcel.

La infelicidad no es un problema técnico, es el resultado de haber tomado el camino equivocado.

Amo mi locura que me vacuna contra la estupidez. Amo el amor que me inmuniza ante la infelicidad que pulula por doquier, infectando almas y atrofiando corazones.

El amor es, a nivel sutil, la esencia de nuestra instancia inmunológica.

La gente está tan acostumbrada a complicarse que rechaza de antemano la simplicidad.

La gente está tan acostumbrada a ser infeliz, que la sensación de felicidad les resulta sospechosa.

La gente está tan reprimida, que la espontánea ternura le incomoda y el amor le inspira desconfianza.

Hay cosas que son muy razonables, objetivas y... apestan.

Ya no podemos perder el tiempo en seguir aprendiendo técnicas espirituales cuando aún estamos vacíos de amor.

Quienes no están preparados para escuchar tienen la recompensa de no enterarse de nada.

Disfruta de lo que tienes, recibe lo que venga, crea e inventa lo que necesites, haz sólo lo que puedas, y fundamentalmente celebra lo que tengas.

La vida es un canto a la belleza, una convocatoria a la transparencia.

Cuando esto lo descubras desde la vivencia, el viento volverá a ser tu amigo, el árbol se tornará en maestro y el amanecer en ritual.

La noche se vestirá de colores, las estrellas hablarán el idioma del corazón y el espíritu de la tierra reposará otra vez tranquilo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

San Sebastián, icono gay


San Sebastián era un soldado romano. Se desconoce su fecha de nacimiento, pero se sabe que ingresó en el ejército el año 269 y fue ascendiendo en tiempo de los emperadores Diocleciano y Maximiano hasta que le confiaron el mando de la primera cohorte y fue agregado al cuarto militar del emperador.

Al ingresar en el ejército era ya cristiano; pero tal como iba ascendiendo tenía más libertad de movimiento, por lo que se empleó a fondo en ayudar a los cristianos que eran perseguidos y finalmente sufrían el martirio. Su valentía y generosidad le granjeó importantes conversiones, pero también la ira de Diocleciano, que lo hizo ejecutar atándolo a un árbol y haciéndolo asaetear por los arqueros de Mauritania. Hizo que dejasen allí su cadáver para que fuese pasto de hienas y buitres. Pero fue por la noche a recogerlo una piadosa viuda llamada Irene, para darle sepultura; y resultó que todavía estaba vivo, por lo que se lo llevó a su casa y le curó las heridas.

Una vez repuesto, se presentó Sebastián ante el emperador en la grada del templo de Heliogábalo. Éste, irritado, le hizo apalear hasta que expirase y mandó tirar su cuerpo a la cloaca Máxima. Santa Lucina, una piadosa matrona romana, recuperó el cuerpo en el Tíber y le dio sepultura en las catacumbas. Sus reliquias fueron tenidas en gran estima. La iconografía que lo representa es copiosísima, quizás porque era uno de los pocos temas religiosos que permitían a los artistas recrearse en un cuerpo desnudo. Su fiesta se celebra el 20 de enero.

La combinación de su físico imponente desnudo, el simbolismo de las flechas penetrando su cuerpo y la mirada de su cara de extasiado dolor ha intrigado a los artistas heterosexuales y homosexuales durante siglos, e inició el primer culto explícitamente gay en el siglo XIX. Richard A. Kaye escribió que "los hombres gays contemporáneos han visto inmediatamente en Sebastián un anuncio conmovedor del deseo homosexual (de hecho, un ideal homoerótico) y un retrato prototípico de un caso en el armario torturado."

¿Cómo es que de las entrañas del cristianismo, contradictor histórico y acérrimo del homosexualismo, proviene este mártir para constituirse en icono del amor entre hombres?

Entre los siglos VII y XIV, Europa fue asolada varias veces por la peste. Las creencias populares afirmaban que así como San Sebastián había resistido ante las flechas, los humanos que a él se encomendaran soportarían los dardos del mal (su imagen obraba como un talismán para espantar la enfermedad). Entonces, era usual encontrar cuadros que lo representaban “como un hombre viejo, con cabellos y barbas grasosas, medio vestido y con el cuerpo traspasado de tantas flechas que parecía un erizo ”.

A partir del Renacimiento, siglos XV y XVI, se advierte cierta liberalidad en las artes, lo que desata que en el siglo XVII, durante el Barroco, al mártir se le represente en actitudes demasiado sensuales.

Desde el Renacimiento, los artistas retrataron a San Sebastián como un joven, casi desnudo, atado a un árbol o columna, perforado por flechas, con su rostro sufriente o consumido en un éxtasis religioso. Según el historiador de arte Richard E. Spear, la leyenda de San Sebastián dio a los artistas una escasa oportunidad de pintar el cuerpo masculino en un momento en que el desnudo femenino predominaba en el mundo del arte .
La posteridad habría de olvidar cómo el Santo fue arrojado a una alcantarilla y enaltecería su acto de valor superviviente, para gusto de todos: “Tan buena fue la elección de la Iglesia que por su sola potencia la imagen elegida se les volvió en contra: llegó a cargarse de tal voluptuosidad que los líderes de la Contrarreforma, a comienzos del siglo XVI, decretaron que las pinturas de San Sebastián debían suavizarse para no agitar los deseos pecaminosos de las monjas” .

La fascinación pictórica hacia los mártires obedeció a la ambigüedad en que se confunden los gestos de dolor y placer, alguien que perecía violentamente por amor a Jesucristo entregaba el alma en un estado de éxtasis, unión mística con lo divino, ademán que en lo visual podía coincidir con lo sensual, facilitando su erotización.

La imagen de San Sebastián habría de asociarse para la posteridad con el homoerotismo; el primero en estudiar esa relación fue el crítico Georges Eekhond hacia 1909 .

¿Qué interpretación ha llevado a que de la representación de un santo tormento se extraiga al adalid de aquellos hombres que con hombres se aman? “El guiño erótico a las flechas que lo penetran, su cabeza echada hacia atrás, su boca entreabierta –mezcla de gemido de dolor y placer–, su mirada hacia el cielo, tentadora, como invitando a probar el hilito de sangre que desde la ingle recorre su pierna. Todo traduce la imagen de un hombre embriagado en el placer de su martirio” .

viernes, 13 de noviembre de 2009

Lágrimas de Eros.

Aproveché mi reciente visita a Madrid para disfrutar la exposición Lágrimas de Eros, en el Museo Thyssen, una muestra sobre el erotismo en el arte, que ha sido muy promocionada últimamente y que vale la pena ver. Autores clásicos, pintores, fotógrafos, escultores, videoartistas... Visiones de iconos de la inspiración erótica: San Sebastián, las tentaciones de San Antonio... esfinges, sirenas, Andrómedas...

Un verdadero placer -nunca mejor dicho- recorrer las salas del Museo y ver las distintas interpretaciones de San Sebastián (icono gay por excelencia), o las Andrómedas (la sexualidad seductora femenina), clásicos modelos de fotografías como Natasha Kinski o David Beckman... autores como Picasso, Dali, Magrite, Paul Cezanne o Gustave Courbet, Andy Warhol, Auguste Rodin. El voyeurismo y el exhibicionismo, el bondage y el sadomasoquismo, los diveros fetichismos, lo hetero y lo homo, la mirada masculina y la femenina, etc. a la vista de todos.

¡Fascinante, sencillamente fascinante!

lunes, 2 de noviembre de 2009

En vida, hermano, en vida.

Dice Alex en su blog En Mi Armario Empotrado:


Algo que nunca entendí fue esa obligación de ir a ver una tumba fría, llevarle flores y ponerse uno a llorar ahí en medio. Jamás he podido entender ese dolor que la gente se auto-inculpa para ese día, los lagrimones y las caras de pena que ponen.

Todos llevaban el mismo camino, todos iban cargados de flores al cementerio, y yo siempre me he preguntado lo mismo ¿pero si están ya muertos? ¿si solo es un cuerpo frío y descomponiéndose? ¿si su alma ya no está ahí? .

Los muertes, nuestros muertos, están en nuestra memoria, en lo que atesoramos en el corazón, y no hace falta ir a ver una lápida con nombres y fechas para sentirnos mejor.

Estoy con Alex. Siempre he estado en contra de la tradición de llevar flores al cementerio el Día de los Fieles Difuntos (no el de Todos los Santos, ojito). Me sabe falso, aunque sea una especie de terapia colectiva contra el dolor de la ausencia de los seres queridos o un lavado de la culpa por lo que no les dimos o por lo malo que les hayamos hecho. He visto a muchas personas dando golpes con los nudillos sobre las lápidas en el cementerio. Y me pregunto cómo reaccionarían si de repente alguien les contestara desde dentro: "¿Qué quiere?".

Todos los años, cada 1 de noviembre, la gente se prepara: las floristerías a aumentar sus precios y los demás a llevar flores al cementerio, dizque a visitar a sus muertos. Que yo sepa, los muertos no reciben visitas, precisamente porque están muertos. No salen a ver ni a oler las flores. No responden a llamados. Dentro de un ataúd, dentro de un nicho o bajo la tierra, hay un cadáver que se descompone. Y dentro de una urna funeraria sólo queda un par de puñados de cenizas de lo que pudo haber sido un cuerpo bonito.

Un sacerdote que muy a menudo tenía que celebrar funerales, decía en sus homilías que si pudiera, cambiaría los textos de todas las lápidas de los cementerios por otro, repetido sin cesar, tomado de la Sagrada Biblia: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?". O por otro que dijese: "Fulanito no está aquí: ¡Ha resucitado!".

Para mí, después de la muerte queda algo más valioso: Un Espíritu libre de ataduras, de corrupción, de sentimientos negativos, de dolor. Un Espíritu poseedor de la Verdad, sin falsas manipulaciones ni interpretaciones amañadas. Después de la muerte de un ser amado, me queda la certeza de cuánto le quise, de que siempre lo expresé de palabra y de hecho, de que le llevo en el corazón. Aunque durante mucho tiempo le eche de menos.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Buika. Canción de las simples cosas.

CANCIÓN DE LAS SIMPLES COSAS

Letra: Julio César Isella
Música: Armando Tejada Gómez

Uno se despide insensiblemente de pequeñas cosas,
lo mismo que un árbol que en tiempo de otoño se queda sin hojas.
Al fin la tristeza es la muerte lenta de las simples cosas,
esas cosas simples que quedan doliendo en el corazón.

Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.

Demórate aquí, en la luz mayor de este mediodía,
donde encontrarás con el pan al sol la mesa tendida.
Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,
que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo
.



Jueves pasado. Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. Concha Buika, mayorquina con ancestros guineanos rinde homenaje a Chavela Vargas en su más reciente disco. La sala no está llena de personas, pero sí de sentimientos. Buika llenó todo el espacio -acompañada de tres músicos excepcionales- con su timidez, su voz arenosa, sus manos, su sonrisa limpia. Supongo que todos los que estuvimos en ese recital sentíamos que ella nos cantaba a cada uno personalmente. A mi, por ejemplo, en estos días de duelo, me emocionó con su versión de la Canción de las Simples Cosas, que me sacó las lágrimas que me quedaban.

 
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