martes, 31 de marzo de 2009

La Felicidad...

Me gustó este pensamiento de Tomás Carrasquilla, instalado en uno de los accesos a una estación del metro de Medellín. No la define. Todos la buscamos, casi siempre fuera de nosotros mismos. En forma de otra persona. O del dinero. O del placer. Y la espantamos. O no la vemos. O nos distraemos en otras sensaciones.
¿Dónde estás, Felicidad?

Paisaje Urbano de Medellín


Estoy hasta los mismísimos huev... de quienes me preguntan si traje de Medellín farlopa, coca, marihuana o cualquier otro tipo de droga. No. No la traje y no entro en discusiones bizantinas. Pero sí cargué el disco duro de mi cerebro y algunos megas de mi cámara con las bellas imágenes e impresiones de esa bella y pujante ciudad, de Mi Ciudad. La de la Eterna Primavera, La Tacita de Plata. La que está orgullosa de su metro, de sus calles y avenidas; de sus artistas y de su arquitectura; de sus barrios populares y de sus urbanizaciones de lujo; de su modo de ser y de estar; de sus parques y centros culturales y de ocio; de ser la sede de la 50ª Conferencia del Banco Interamericano de Desarrollo; de tener gente amable, simpática, acogedora y cortés... ¿Alguien quiere más?

Como decimos allí, ¡Medellín es la berraquera, hombre!

lunes, 30 de marzo de 2009

El Acuario del Parque Explora en Medellín



Esta es una pequeña muestra de lo que puede verse en Acuario del Parque Explora de Medellín. Un remanso antiestrés. Amplio, sereno, bien señalizado... Con excelentes muestras de habitantes de agua dulce y salada... ¡Una preciosidad!

domingo, 29 de marzo de 2009

Medellín es alegre y sorprendente

De las veces que he regresado a Medellín, desde que vivo en España, nunca me había sorprendido tanto y tan positivamente. A lo mejor la distancia y los tres años sin ir me habrán puesto una especie de amnesia, pero la verdad es que me encontré una ciudad más moderna, alegre, optimista, desarrollada y amable. Quizás también noté el inmenso contraste de su gente con la de España, una cuestión de idiosincrasia. La verdad es que ha sido la vez que mejor lo he pasado.


Hace muchos años una frase publicitaria del Hotel Nutibara decía: "Medellín es alegre y sorprendente". Y sí que lo es. La gente, a pesar de los problemas sociales, económicos y políticos, tiene una actitud positiva. Ha vuelto a creer en su ciudad, se rebusca la vida, siempre está con una sonrisa en la cara (qué dentaduras más cuidadas y bellas tienen l@s pais@s). Entrar a una tienda es un gusto, sólo por escuchar un amable "Buenos días, Bienvenido a..., en qué le puedo ayudar". En los sitios de marcha o rumba la gente está distendida, sin prevenciones con el vecino, sin ánimo de discusión o de pelea, compartiendo una buena noche, estrellada y fresca en la gigantesca terraza del Parque Lleras, con sus zonas emo, gótica, gay, pija... Todos los subgrupos en el mismo sitio, cada uno a su aire sin discrimaciones innecesarias.


Una ciudad llena de centros comerciales, con una amplia oferta de servicios, con el metro mejor cuidado del mundo (y no es regionalismo barato: se conserva -lo conservan- impecable como el primer día). La que era la ciudad industrial de Colombia se ha convertido en pocos años en una ciudad de servicios, de grandes hoteles, excelentes restaurantes, bares y discotecas. Con una red de transporte público en proceso de modernización. Con bibliotecas públicas en cada barrio, con colegios nuevos, con parques y zonas de ocio que todos sus habitantes recomiendan con orgullo.


¿Ya has ido al Parque de los Deseos? ¿Al de los Pies Descalzos? ¿A la Plaza Mayor? ¿Al Parque Explora con su Acuario y su Vivario? ¿A la remodelación del Jardín Botánico? ¿Ya subiste en el metrocable al barrio Santo Domingo Sabio y a la biblioteca de España?

¡Qué sitios más bellos! En el Acuario recordé el que hay en Zaragoza, el más grande de Europa de peces de agua dulce (eso dicen), pero yo me quedo con el de Medellín, amplio, impecable, bien señalizado, con azafatas muy bien entrenadas, guapas y amables.


Me sentí orgulloso caminando por la calle (carrera) Carabobo y el sector de "El Hueco", antes zona "donde las águilas se atreven" y ahora un hermoso y seguro paseo comercial con sus ventas populares, tiendas de rebajas, ropa de marca, ofertas gastronómicas de todo tipo y grandes espacios en antiguos edificios diseñados por un arquitecto francés de siglos pasados.


Cómo me divertí con dos entrañables amigos en el Parque Explora, aprendiendo, a estas alturas y de manera divertida y participativa, algunos secretos de las ciencias, tocando, moviéndome, sintiendo leyes naturales. Me cuestionaba si me hubieran enseñado ciencias así en el bachillerato, quizás me hubiese olvidado de las Letras.

Subir al barrio alto, antes estigmatizado por la violencia, es todo un plan. Enlace con el metro para ascender sobre los tejados de sus casas humildes, pero limpias y bien cuidadas. Hace unos años a nadie que no fuese vecino de allí se le hubiera ocurrido ir. Ahora sus habitantes lo atienden bien, le guían, la hacen sentir seguro, como en casa, con su cámara de turista al cuello sin ningún temor de atraco. El enorme edificio que alberga la Biblioteca de España es imponente. La vista de la ciudad a sus pies, lo es aún más. Y aun más como la gente se integra al progreso de su barrio y no olvida que el pasado hay que enterrarlo pero no olvidarlo (para no repetirlo).

Medellín es una ciudad cultural. Museos con visitas de cientos de personas cada día, teatros, conciertos. La plaza Botero con decenas de esculturas del maestro antioqueño al alcance de la vista y de la mano. Obras de arte en cada edificio público y privado, casi en cada calle. Una ciudad donde se han olvidado de demoler los "antiguos" edificios y los han restaurado para ludotecas infantiles o recuperar el comercio minorista. Bibliotecas de diseño arquitectónico zen-colonial (hay que verlo para creerlo: es posible).


Y, por supuesto, una ciudad con gente maravillosa. Gente, como decía arriba, amable, optimista, trabajadora, rebuscadora. Gente que no se esfuerza en atender al cliente porque le sale naturalmente. Gente que igual vende minutos de llamadas desde móvil, zapatos y gafas en el mismo local, frutas y camisetas de equipos de fútbol; dulces, galletas o imperdibles en los autobuses... sin perder la sonrisa ni la palabra amable, sin dejar de lado el nombre de Dios. (Todos llevan un "Dios lo bendiga" en la punta de la lengua).


También hay que decir que Medellín ha tenido la suerte de tener en los últimos años buenos alcaldes, dedicados a mejorar a la ciudad y no primordialmente sus arcas personales. Gobiernos que han consultado con las comunidades de cada zona las necesidades que sienten y han escuchado a sus habitantes. Por ello el ciudadano se siente parte de las obras, porque han contado con él y por eso mismo se preocupa por conservarlas, quererlas, cuidarlas y usarlas. Falta mucho por hacer, seguro. Pero principio tienen las cosas. Y parece que esa es la línea política.

Pero lo más importante es que mi ciudad natal está bellísima, divertida, amable y con gente hermosa.


Me robo la frase promocional de Jardín (Antioquia): "A Medellín no se va. ¡Se vuelve!".

jueves, 26 de marzo de 2009

Medellín, ¿Anaranjado y sin minutos?



Siempre pensé que Medellín era verde, por estar rodeado de montañas y por la incesante arborización que protege a sus habitantes de la contaminación encerrada en el Valle de Aburrá. O que era color marrón, el color de los ladrillos a la vista con que tradicionalmente se visten sus casas y edificios. Pero en este viaje cambié de opinión. Medellín es color naranja, del color de las antiguas bombonas de butano españolas.


Parece que se terminaron los colores de las telas para imprimir mensajes publicitarios. Todos, casi todos los "minuteros" llevan prendidos a su ropa este curioso "Minuto Celular a..." (rebuscando hay de 150 ó 300 pesos). Para quienes no lo saben (yo acabo de enterarme), los "minuteros" son las personas que alquilan o venden minutos de conexión por celular (léase móvil). Para nadie es un secreto que el mundo moderno nos ha sometido a la dictadura del teléfono, a estar localizables a toda hora. Pero no en todo el mundo se puede disponer del dichoso aparato. Así que en las tierras del rebusque se agudizan la recursividad y el ingenio. Casi en cualquier esquina, plaza, calle, avenida o barrio se encuentran los minuteros, con su cartel pegado al cuerpo e impreso redundantemente en el chaleco. De sus bolsillos sacan móviles atados a cadenas, que prestan a los viandantes a los precios pactados por minuto. Un móvil para cada operador. Comcel, Ola, Tigo... Así, aunque no te puedan localizar, al menos puedes comunicarte. Creo que las cabinas telefónicas desaparecerán. No sé qué pasará con los locutorios. ¿Tendrán los días contados? ¿O se limitarán a prestar el servicio de internet a solitarios oscuros y eróticomorbosos? (Esto es tema para otro post).

Ah, y otra curiosidad: En la Ciudad de la Eterna Primavera (que me tocó un mes nublada como en un eterno otoño), la gente habla corto por teléfono porque no tiene minutos, no porque no tenga saldo en la tarjeta... ¡Como si los minutos se pudiesen tener!

miércoles, 25 de marzo de 2009

Poemas de Pared (2)

POEMA 4



La real academia

de mi lengua

decidió,

como orden irrestricta,

cambiar la palabra

olvido,

por tu nombre.


Camila Avril

(Publicado en El Colombiano)

Poemas de Pared (1)

POEMA 3




Regálame tu nombre.

Deja que lo mire,

deja que lo cambie,

deja que lo plastifique.

Tu nombre para escribirlo,

una y tres veces,

tanto como tus orejas

puedan resistirlo.

Tu nombre para guardarlo aquí,

para dibujarlo aquí,

en el rojo.

Justo en el medio.

Tu nombre,

para hacerte brujería.

Camila Avril

(Publicado en El Colombiano)
 
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