martes, 20 de noviembre de 2007

La sonrisa vertical y la "hombría" impecable

"¡Me gustaría morir contigo y matar contigo! ¡Me gustaría vivir en tu corazón, como el puñal mejor del guerrero! ¡Me gustaría curarte y herirte!". Eso dijimos, muchas veces sin voz. Sólo con aquellas intensísimas miradas: "¡Que nos muramos juntos, compañero!". Cuánta, cuánta hermosa locura!

(La bendita pureza. Luis Antonio de Villena. Premio La Sonrisa Vertical 1999).


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Rieron y bailaron y se metieron juntos en un camino que, al parecer, se entiende mal -o raro- lejos de la masculinidad más estricta.Los amigos se enganchan en las bromas, en el alcohol, en la camaradería y en una punzante -e incluso atrevida- conversación sobre el sexo femenino, y en medio de ese calor de vulvas, tetas y polvos, los amigos concluyen acostándose juntos (desde luego a ninguno se le ocurría proponerlo abiertamente) y entre el sueño y una pasión cegata, se pajean o se follan, se riegan de su mutuo deseo, y pueden (a la mañana siguiente, que en el caso presente sería tarde) levantarse limpios, pasada la resaca, con la hombría impecable.

(El mal mundo. Luis Antonio de Villena. Premio La Sonrisa Vertical 1999)


Este segundo párrafo que me llamó la atención en su momento, viene a corroborar lo que dice Milo Gasa en su blog Palacé con Colombia. De acuerdo con él. Y respeto la opinión, el sentir y el actuar de cada uno. Lo que no me gusta de las personas de las que habla Milo es la falta a la verdad consigo mismos y con los otros, llámense espos@, novi@, amante o lo que sea.

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